ayub pikMás allá de estilos, idiosincracia o características asociadas a países o zonas geográficas, el boxeo ha demostrado que es una disciplina imperecedera y que a pesar de sus contradicciones internas se mantendrá a través del tiempo.

La universalidad de los estadounidenses. El elegante proceder de los cubanos, que buscan dar mucho y recibir poco. La valentía de los mexicanos, que tintos en sangre van en pos del rival, sin temer a un aluvión de trompadas. O la fortaleza de los europeos, sobre todo los rusos, que si llegan vivos al round final, tras aguantarlo todo, pueden ganar por desgaste… ni siquiera por la fuerza de los golpes. El rival se agota de golpear, y muere en su propia salsa. Es como para reirse.

Quizás sean mitos. O quizás una apreciación correcta el vínculo mitológico. Disquisiciones filosóficas o conceptuales aparte, en el boxeo triunfan los mejores, con independencia del país del cual proceden y por ello se mencionan diferentes escuelas o de rutas a seguir en este deporte tan antiguo, conocido como el Arte de Fistiana o simplemente el de “pegar y esquivar” los puños ajenos.

No en balde, cuando un estadounidense escala el cuadrilátero se menciona su descendencia. Los afronorteamericanos son ingeniosos. Hábiles en la defensa, casi perfectos en el golpeo desde la media y larga distancias, y ellos resumen las características de hombres similares de raza negra de otros países latinoamericanos como Venezuela, Colombia, Puerto Rico, Panamá, República Dominicana, o Cuba, por mencionar los casos más típicos.

Si la descendencia es europea, entonces salen a relucir la fortaleza (y no significa que los de raíces africanas no sean fuertes), la asimilación al golpeo rival, y la capacidad para imponerse a través del desgaste. De la zona americana, los argentinos son los más afines a esta forma de boxeo, aunque también suelen tener atributos procedentes de la parte indo-africana natural de ese espacio de la geografía mundial.

Cuando se trata de un guerrero con sangre mexicana, entonces prima la voluntad de ir hacia adelante sin reparar en riesgos, sin temor a exponer el físico a cambio de demoler al rival, cuando flaquea estupefacto ante la voluntad de victoria del hombre con sangre azteca.

No faltan tampoco las características del luchador asiático. Por lo general predominan en los pesos pequeños, y a lo sumo, llegan a las categorías medianas, por las premisas anatómicas de los hombres y mujeres de esa zona geográfica. Son rápidos. Voluntariosos, disciplinados y si, para colmo, pueden pegar fuerte, entonces son un ejemplo excepcional al estilo del filipino Manny Pacquiao.

De Africa suele decirse que no hay técnica. Es el golpe bruto y la dureza del ébano. Pero en estos tiempos de globalización todos estos paradigmas pueden ser engañosos, aunque nunca descartables.

En 1974, en el denominado Primer Campeonato Mundial de Boxeo Amateur, disputado en La Habana, Cuba, el ugandés Ayub Kalule se proclamó campeón en los 63.5 kilogramos poniendo a prueba todos estos atributos, sin exhibir una técnica depurada. En sentido contrario el boricua Wilfredo Gómez acabó sus cinco combates antes del límite de tiempo frente a rivales de calidad en los 54 kilos, aunque al final del certamen inexplicablemente la distinción de Más Técnico se la concedieron a Vasili Solomin por aquello de ser ruso.

Cuando se mira este panorama resulta evidente que, por su universalidad, los estadounidenses de alguna manera resumen todos los estilos.

Pero se habla de la escuela cubana (un aval que otorgan los numerosos triunfos en competiciones amateurs, con destaque para los Juegos Olímpicos), una característica extendible a todo el Caribe (incluidas Venezuela y Colombia) en la cual priman la habilidad técnica, le velocidad y el golpeo preciso, o se menciona también el denominado estilo de los guerreros aztecas mexicanos, en el cual no importa cuanto golpe se reciba, la cuestión es ganar iendo hacia adelante, sin reparar en el castigo.

A mi modo de ver esas dos maneras de concebir el pugilismo son las que predominan. O se trata de un estilista, que esquiva y golpea, o ahí tenemos a un fajador al más genuino proceder mexicano, pues las raras excepciones del aguante casi increíble europeo, o la pura fortaleza del ébano africano son eso: puras excepciones. Y la velocidad asiática es un atributo de los más consumados estilistas.

De veras es controvertido esto de los estilos y los países. Pero vale la pena identificar, de alguna manera, la manera de concebir este deporte inmortal que se llama boxeo. ¿ No lo cree usted también?

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