Chocolatito González necesita terminar de aclimatarse en las 115 libras -Pocas veces ocurre que un boxeador profesional invicto en 46 peleas, con 38 de esas victorias conseguidas por la vía del nocaut, necesite probarle algo a aficionados, medios especializados y a sí mismo. Más grande es todavía la paradoja si ese púgil es además considerado por opinión global casi unánime el número uno del mítico ránking universal libra por libra.

El próximo sábado, en el neoyorquino Madison Square Garden, el nicaragüense Román “Chocolatito” González (46-0, 38 KOs) estará defendiendo por primera vez su primacía en las 115 libras frente al tailandés Srisaket Sor Rungvisai (41-4-1, 38 KOs), un veterano de 30 años –1 más que el campeón– que lleva varios calendarios contendiendo en esta división de la que ya fue monarca en 2013.

Por tratarse del hombre con mayor jerarquía en el pugilismo profesional con independencia del peso, un triunfo no bastará para considerar la noche de González exitosa. El centroamericano deberá imponerse de forma categórica y, en el proceso, responder a ciertas incógnitas que dejaron sus dos duelos previos, sobre todo el más reciente.

Sucede que Chocolatito ha acostumbrado a sus seguidores a verlo noquear a cada oponente de turno o, en el mejor de los casos para el rival –si cabe así decirlo–, propinarle un castigo inmisericorde hasta el último campanazo. A lo largo de la ya ilustre carrera del nicaragüense, casi invariablemente sus contrarios han concluido las trifulcas con un mapa de hematomas, chichones y heridas en la cara.

No fue así la velada del pasado 10 de septiembre, en el cuadrilátero del coliseo The Forum, enclavado en la californiana ciudad de Inglewood. Román ganó ese día su combate como bien lo apreciaron los jueces, por votación unánime (117-111, 116-112 y 115-113), e hizo historia al convertirse en el primer campeón del mundo en cuatro divisiones nacido en Nicaragua, rompiendo un empate que mantenía con su ídolo y antiguo preparador, el fallecido Alexis Argüello.

El mexicano Carlos “El Príncipe” Cuadras (35-1-1, 27 KOs), a quien arruinó su condición de imbatido y arrebató el máximo cinturón que concede el Consejo Mundial (CMB) en la categoría supermosca no lo vio así; tampoco sus más fervientes simpatizantes, quienes todavía afirman que el sinaloense mereció terminar con el brazo en alto.

Y uno de los argumentos de mayor peso que han esgrimido no está falto de razón: concluida la –literalmente– bestial batalla que ambos escenificaron en el ring, mientras El Príncipe exhibía moretones muy leves, el semblante del oriundo de Managua, con unos ojos achinados por la colosal inflamación de ambos pómulos, era el vivo retrato de una victoria pírrica.

Durante la conferencia de prensa posterior a la contienda, la actitud todavía desafiante del azteca, sediento de venganza, sumada a la expresión afable de un héroe magullado que no escatimaba elogios para su contrincante reforzaban la duda de quién realmente acababa de ser proclamado vencedor y quién, vencido.

El duelo González-Cuadras respondió con creces a las grandes expectativas que creo, no en balde se incluyó en el debate para la elección de la Pelea del Año 2016 en varias publicaciones. Ambos –nunca mejor dicho– se acribillaron a golpes y el cómputo total de ganchos, rectos y volados lanzados con la peor de las intenciones ascendió a la friolera de 1822, una cifra que no precisa comentarios extras.

Pero en evidencia quedó, primero, la incapacidad del pinolero para evadir los ataques de su contrario, porque, aunque llevó casi siempre la mejor parte en los intercambios de metralla, recibió tal vez más castigo que en sus 45 reyertas previas juntas. ¿El cambio de categoría le habrá restado movilidad o fue la efectividad del mexicano en la implementación de su estrategia lo que propició que Chocolatito mostrase su versión más descafeinada?

Esta misma cuestión del ascenso en la báscula de quien reinara en las 105, 108 y 112 libras empuja a pensar que la dinamita que carga en sus puños ya no es la misma. En más de una ocasión impactó con solidez en la cabeza, el rostro y la zona hepática del boxeador de Sinaloa, de la manera en que otras tantas veces llevó a la lona a oponentes anteriores. Sin embargo, El Príncipe asimiló en pie cada bombazo. ¿Conserva todavía en sus nudillos aquel poder adormecedor que cautivaba a la hinchada?

El hombre que encabeza el actual escalafón del planeta sin distinción de peso tendrá que demostrar contra Rungvisai, además de la fortaleza física y las habilidades técnicas acostumbradas, una preparación psicológica que en esta oportunidad ha debido ser especial. El pasado mes de octubre murió su entrenador Arnulfo Obando, y aunque Wilmer Hernández igualmente mantiene una estrecha relación con Román, habrá que ver cómo se desarrolla este nuevo capítulo en la carrera del nicaragüense sin los consejos de su querido tutor y amigo.

De la presentación sabatina y la inminente revancha que debe traer convoyada con Cuadras (pelea en la misma cartelera del Garden en el turno previo, frente a su compatriota David Carmona) saldrán las respuestas de varias incógnitas que dejó Chocolatito en Inglewood y también, por qué no, el propio pinolero y su equipo tendrán más elementos para sopesar si puede continuar escalando divisiones y poniendo más distancia de por medio entre su legado y el que esculpiera en acero el legendario Alexis Argüello.