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Por Raúl Arce

Ni es una broma, ni el filipino se apareció por el archipiélago caribeño en un vuelo de la aerolínea Cubana de Aviación atraído por el sabor de los mojitos. Es que de Manny Pacquiao se habla en la capital de la Isla como se hablaría de cualquier hijo de vecino.

Recién mudado yo a la habanera calle de Aramburu en el 2005, y poco antes de otra mudanza más extensa, ésta a la Florida, un anciano vecino me abordó con que “¿es verdad que usted trabaja con la prensa deportiva? Porque yo soy fanático del boxeo, de Pacquiao en particular, y me interesaría cualquier información que usted me dé”. La conversación parecería inocua para cualquiera que viva fuera de Cuba, pero he aquí una verdad, la de que mi vecino conocía al filipino y se actualizaba a contracorriente, porque en Cuba el boxeo profesional, como todas las formas de deporte remunerado con dinero, están prohibidos desde hace medio siglo. Y por la misma razón, la Televisión Cubana –estatal y única—no ha trasmitido una pelea profesional en 50 años, por lo que el fanático en cuestión me dijo que alimentaba su pasión por las 12 cuerdas alquilando casettes de los VCR en el mercado negro. Imagino por estos días a aquel hombre a la caza de cualquier noticia sobre el inminente duelo del filipino y el mexicano Márquez, y alardeando de sus conocimientos en las charlas de esquina, ante los demás jubilados del barrio. ¿Y cómo paga ese infeliz el alquiler de los casettes?, tal vez se pregunte usted, con un dejo de lástima, si es que está al tanto de la abismal diferencia entronizada en Cuba entre los salarios y el precio de los alimentos, elevada a la categoría de abismo brutal si de artículos suntuarios se trata.

Pues nada, a los pocos días de verlo calle arriba y calle abajo, con libreta y lápiz bajo el brazo, mirando a menudo por encima del hombro, me enteré de que el admirador de Pacquiao es uno de los corredores ilegales de Lotería que pululan en Cuba, allí donde los juegos de azar también están prohibidos. Burlando a la policía, la gente apuesta al Cash-3 y al Play-4, (allá se conocen como el premio “fijo” y el “corrido”, respectivamente) y los resultados de los sorteos se conocen cada noche gracias a las antenas de televisión –¡también prohibidas!– ocultas en las azoteas y balcones. ¿Y quién paga los premios? Pues los mismos corredores, como el hombre de mi historia, de quien no dudo que haya puesto ya en riesgo todos sus ahorros, apostando a favor de Pacquiao frente a Márquez.

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