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Una gran parte de la prensa especializada de Latinoamérica, la hispana en los Estados Unidos y en particular la de México repite con frenesí que la victoria que los jueces otorgaron al filipino Manny Pacquiao ante el mexicano Juan Manuel Márquez este 12 de noviembre es un burdo e inexplicable robo.Personalmente respeto esas opiniones, pero discrepo por lo que v'i en el MGM de Las Vegas. Más bien aplaudo la sangre fría, el temple del filipino, quien tuvo que enfrentar la nefasta influencia que sobre los oficiales suelen ejercer las expresiones de júbilo de miles de fanáticos enloquecidos por la valentía y el buen quehacer de su paisano que, sin dudas, brindó un peleón… pero nunca al extremo de considerarlo un robo.

Pacquiao ha demostrado que es el mejor del mundo. Ahora no quedan dudas. Por tercera vez tuvo que enfrentar a un guerrero azteca de la talla de Juan Manuel Márquez prácticamente en su propio feudo. Era como pelear en México. Era como estar en el Circo Romano, asediado por miles que piden tu cabeza.Y el filipino pasó la prueba con gallardía. Supo defender su liderazgo con lo justo, sin avasallar como hizo en otras ocasiones, porque el oponente es de altura, un gran peleador que, según el prisma con el cual miré yo el combate, a lo sumo estuvo cerca de un empate.

Eso es vital en el boxeo. Cada quien mira con su perspectiva las peleas y ve en tercera dimensión los golpes de su favorito, mientras que ignora los de su contendiente.Yo no me excluyo. No obstante, ratifico que el fallo otorgado a Pacquiao es justo y me atrevo a asegurar que si hubieran levantado el brazo a Márquez igualmente habría sido un adecuado premio, pues los dos brindaron su mejor talento sobre el cuadrilátero.Lo que no entiendo es ese afán por descalificar el veredicto, por tildarlo de ultraje.

Nada más lejos de la verdad. Y no existe manipulación más macabra, e injusta, de ciertos colegas, que la de llamar ladrones a unos oficiales que, todo por el contrarrio, demostraron estar concentrados en el cuadrilátero y lejos de la influencia de la ensordecedora algarabía deuna mayoría de parciales mexicanos.Y con eso de ninguna manera niego el derecho a ofrecer una opinion.Sólo que en este caso, según mi punto de vista, el término ROBO me parece bien desproporcionado.

Por eso, sin rubor, horas después de la tercera épica batalla entre estos dos magníficos boxeadores, aplaudo al campeón Manny Pacquiao, quien supo convercer con lo justo, sin amedrentarse y se hizo merecedor del voto de los jueces en el MGM Grand de Las Vegas.

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