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Giorbis Barthelemy intenta rehacer su vida. Cinco años tras las rejas cambiaron su filosofía. Y ahora al púgil cubano, de 39 años, se le presenta una nueva oportunidad el viernes 18 de noviembre en un combate frente a Charles Whittaker (37-12-2, 23 KOs) por la segunda plaza de la división superwelter en Miami.

Barthelemy (25-8-2, 10 KOs ) se lanzó en picada hacia el bajo mundo. No respetaba nada, ni siquiera sus condiciones físicas. Era uno más de espaldas a la ley. Aferrado a lo ilegal, cayó en prisión. Allá dentro tuvo dificultades para adaptarse a las normas carcelarias, a las que imponen los “jefes” de galeras y hasta contra su propia psiquis que no deseaba cambiar. Hacerse respetar era imprescindible, vital. “Fue una experiencia bien dura para mí´”, dijo el guantanamero, que noqueó en el segundo round a Derek Ennis, décimo del ranking, en marzo pasado, su segundo triunfo después de obtener la libertad. “Cometí un error, pagué por ello y con la ayuda de Dios cambié mi vida

“Adentro siempre hay problemas, pero me di a respetar desde el principio”, añadió Barthelemy, quien está convencido de su vocación por el boxeo y que puede imitar los pasos de Bernard “El Verdugo” Hopkins, un delincuente de Filadelfia, que también estuvo en la cárcel por cinco años y más tarde ganó la faja mundial mediana de la FIB.

“El también estuvo preso y después se hizo campeón mundial”, asegura Barthelemy en el Young Tigers Gym, de Miami. “Frankie Randall también estuvo en la cárcel y luego le ganó a Julio César Chávez. Pienso que yo también puedo hacerlo y ser monarca mundial”.

Barthelemy reconoce que en su juventud le prestaba poca atención al gimnasio y a la preparación sistemática. El boxeo le servía para mostrar su fortaleza, pero estaba muy lejos de volcarse a él con pasión. “Estoy enfocado, entrenando más que nunca y espero el año próximo buscar una pelea contra “Canelo” Alvarez en las 154 libras”, argumentó. “Y si no, la buscaremos frente a Juan Manuel Márquez en las 147 libras.

“Lo importante es que ya no soy el de antes y aprovecho esta segunda oportunidad”.

La vida de Barthelemy ha dado un cambio radical. Ojalá haya comprendido que la cárcel no es para los hombres como algunos afirman, sino para los estúpidos que malgastan su existencia entre rejas.

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