Lyle posterizedLa vida del peso completo Ron Lyle (43-7-1, 31 KOs ) se apagó hace pocas horas como consecuencia de una complicación estomacal, cuando le faltaban menos de tres meses para cumplir 71 años. Es, sin dudas, otra sensible y dolorosa pérdida para el boxeo mundial.

Su existencia no fue una panacea, pero a base de una mortífera pegada se convirtió en uno de los púgiles más sobresalientes de la década de los 70, lo que le permitió enfrentarse sobre el ring a George Foreman y Mohammed Alí, aunque ambos combates los perdió.

Lyle nació en Dayton, Ohio, el 12 de febrero de 1941 y cuando solo tenía 16 años fue a la cárcel acusado de asesinato en segundo grado. Tras dos años en presidio le otorgaron la libertad y entonces inició su carrera en el pugilismo. Frente a Alí se mantenía al frente a los puntos, pero cayó por nocaut en 11 asaltos discutiendo los títulos de la división completa del CMB y de AMB el 16 de mayo de 1975 en Las Vegas, Nevada.

Ocho meses después, el 24 de enero de 1976, efectuó una pelea feroz frente a Foreman, a quien envió dos veces a la lona. Sin embargo, “Big George” también lo derribó en el cuarto y quinto round, en este para la cuenta definitiva. Tan brillante fue el choque que estuvo entre las mejores del año. En ese momento acumulaba victorias ante reconocidos púgiles de la división como Scott Leroux, Buster Mathis, Earnie Shavers, Jimmy Ellis y Oscar Bonavena, entre otros.

Cuatro años más tarde decidió abandonar los cuadriláteros al sufrir una dolorosa derrota ante el invicto Gerry Cooney por nocaut en el primer round en Nueva York. Ya retirado comenzó a trabajar como guardia de seguridad en Las Vegas y nuevamente se vio envuelto en otra muerte, cuando un hombre falleció en su apartamento. Sin embargo, a Lyle no lo encontraron culpable del hecho.

Con 54 años regresó a los trajines del boxeo y venció a cuatro rivales: Dave Slaughter, Ed Strickland, Tim Polland y Bruce Johnson, lo que abrió sus esperanzas de un nuevo pleito ante Foreman, que nunca ocurrió. Poco después dejó los encordados para siempre.

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