canelo chavez-apoyan-margaritoEs fin de semana en New York “wikén”, como le llaman los gringos, y también los latinos de larga data en la ciudad de los rascacielos y a falta de baloncesto, porque la NBA ha visto retrasado su campeonato, el mítico Madison Square Garden hace su agosto vendiendo entradas para un programa de boxeo.

Cotto vs. Margarito, gritan los carteles en los pósters multicolores y hasta en el neón de los escaparates. Reporteros, diarios y televisoras consumen espacios promocionando otro duelo en el encordado, mientras diciembre irrumpe en el calendario y anuncia que el año está a un paso de ser noqueado.

Lejos de allí, y todavía jadeantes al cabo de sus últimas victorias –pero tal vez con tequilita y CDs de música grupera a mano, que una vez al año no hace daño— los mexicanos Julio César Chávez Jr. y Saúl “Canelo” Álvarez estarán listos para hacer porras, este sábado, por su compatriota, Antonio Margarito.

Pero más que oír de porras, pensará “El tornado de Tijuana”, le sería muy padre aporrear este sábado, por segunda vez en su carrera, al puertorriqueño Miguel Cotto.

Mucho ha llovido, sin embargo, desde aquel 2008 hasta la fecha. El hombre de Caguas, a quien vi pelear por primera vez en el fabuloso ring de los Juegos Olímpicos Sydney 2000 (nunca yo había presenciado un escenario para aficionados con una luz única sobre el cuadrilátero, con referees vestidos de negro para no distraer las miradas de los aficionados de la acción de los peleadores) defiende ahora su corona superwelter de la AMB, y en Nueva York se siente como pez en el agua.

Margarito, en cambio, debió esperar por una autorización de la Comisión Médica, porque convalecía de la operación de un ojo a que lo arrojó su combate previo con el fenómeno Manny Pacquiao.

¿Qué hilos secretos tejen los pensamientos del mexicano? ¿Hambre de fama o necesidad imperiosa de acrecentar su bolsa?

“No estoy loco, si mi vista corriera peligro le diría adiós al boxeo”, ha repetido el chamaco hasta la saciedad. Pero en un deporte de bravucones, esta podría ser una fanfarronada de Margarito, ansioso por colocar una señal de stop en la confianza de Cotto.

Ciego por la ambición, y a muchos miles de kilómetros de su fanaticada y de su ciudad natal, Margarito podría poner en peligro el más preciado de los sentidos del hombre, el de la vista.

Mientras tanto, y por esta vez a salvo del peligro, Chávez Jr. y el “Canelo” brindarán a la salud de su compatriota. Quiera la virgen, musitarán, que a Margarito no le vaya mal. Al menos no tan mal como para que alguna banda termine componiéndole un corrido de lamentación.

Comenta sobre este articulo