monzonBuenos Aires.- Una carrera vertiginosa y pletórica de triunfos como la del mejor púgil argentino de todos los tiempos, el mediano Carlos “Escopeta” Monzón, tiene que estar necesariamente cargada de hitos.

Por eso quienes todavía hoy -casi 17 años después de su trágico deceso en un accidente automovilístico el 8 de enero de 1995- veneran la temible mano derecha de este feroz y demoledor peleador, también recuerdan que el último mes del año marcó para el hijo pródigo de “La Flecha” dos momentos cruciales.

El 13 de diciembre de 1975, Monzón defendió con éxito y por duodécima ocasión el título que cinco años antes le había arrebatado con un estrepitoso nocaut al favorito italiano Nino Benvenuti, en la que muchos consideran la más recordada de todas sus peleas.

La de hace 36 años en el hipódromo de París enfrentó a un “Escopeta” Monzón consagrado, contundente y calculador, con Gratiel Tonna, un peleador de 26 años de edad nacido en Túnez y que no pudo soportar más allá del quinto asalto, antes de caer fulminado por la derecha del suramericano.

Un poco más atrás en el tiempo, el 12 de diciembre de 1962 y con apenas 19 años de edad, Monzón disputaba su último combate amateur y salía airoso frente a Bienvenido Cejas, derrotándolo por puntos en cinco asaltos.

Culminaba así la primera etapa de una carrera iniciada el 2 de octubre de 1959 en el Club Cochabamba, de su natal Santa Fe, y en el transcurso de la cual disputó 87 peleas con balance de 78 victorias, ocho reveses y seis empates.

Su irrupción en el profesionalismo se produjo en febrero de 1963 de la mano de Amílcar Brusa, el entrenador, maestro y amigo que encontró en el espigado fajador la materia prima necesaria para tallar un verdadero campeón mundial.

Ya para 1966, Monzón dominaba el peso mediano en su provincia y entonces fue por más: el 3 de septiembre de ese mismo año destronó por puntos al entonces campeón argentino, Jorge Fernández, el apodado “Toro de Pompeya”.

No satisfecho aún, al año siguiente volvió a vencer a Fernández, esta vez para privarlo del título sudamericano y comenzar a labrar el camino a la gloria, que lo llevó el 7 de noviembre de 1970 hasta el Palazzo Dello Sport de Roma para enfrentar al hasta entonces imbatible Nino Benvenuti.

“Cuando le clavé la mirada estaba pensando: Esta noche te voy a matar”, rememora en su sitio web el Consejo Mundial de Boxeo al citar palabras del propio Monzón refiriéndose al crucial desafío. Y así fue. Según relató años después el propio Brusa, le había aconsejado a su pupilo “Que lo lleve, que no se apure”, y eso hizo.

Fue demostrando lo que ratificó en las otras peleas, es decir, ir demoliendo a los rivales round a round. Pero confieso algo: fue la mejor pelea que le vi a Monzón, aseveró el preparador.

Después llegaron 14 defensas del título, para dejar establecido el reinado más largo de la historia en su categoría: seis años y 10 meses trascurridos entre el 8 de mayo de 1971, cuando volvió a apabullar a Benvenuti, esta vez en tres rounds y en Montecarlo; y el 30 de julio de 1977, cuando venció por puntos en 15 asaltos al colombiano Rodrigo Valdés en un difícil combate en el que sólo su fortaleza anímica le permitió remontar una caída en el segundo round.

Así, con 87 victorias (59 de éstas por KO), tres derrotas, nueve empates y una pelea sin decisión, Carlos “Escopeta” Monzón decidió poner fin a su carrera deportiva para seguir una vida que no estuvo exenta de violencia y que tuvo en la muerte de su esposa Alicia uno de los capítulos más dramáticos.

Monzón fue culpado por el deceso, ocurrido en Mar del Plata el 14 de febrero de 1988, y condenado a 11 años de cárcel. Cuando cumplía el último tramo de la condena y gozaba del beneficio de la libertad restringida, lo que le permitía salir del penal, murió en un accidente automovilístico el domingo 8 de enero de 1995.

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