roman simakov pikSu nombre era Roman Simakov. Tenía 27 años de edad y era campeón semipesado de Rusia. Jamás lo habían vencido por KO. Tenía en su récord 22 peleas celebradas. De ellas 19 victorias, 9 por nocauts, un empate y un fracaso por puntos. Su último combate por la vida fue el 8 de diciembre, cuando cayó fulminado por daños cerebrales irreversibles en el hospital de Ekaterimburgo. Llegó allí dos días antes tras recibir una paliza por los puños de su compatriota Sergei Kovalek.

Había sido una pelea del Consejo Mundial de Boxeo por el título asiático en la división. Casi todo el tiempo los rivales se mantuvieron en el centro del ring intercambiando golpes desde afuera. Desde el mismo primer asalto el ganador aventajaba a su contrario con combinaciones más efectivas y algún que otro directo de derecha a la cabeza.

En el sexto round Kovalek lo tiró a la lona con golpes demoledores, pero Simakov se paró y dijo estar bien para continuar la batalla por el preciado título puesto en disputa. En el séptimo round los puños del nuevo campeón rompieron la guardia de su oponente que no pudo mantenerse en pie y cayó desplomado para no levantarse jamás.

Hasta ese momento el joven pugilista lleno de sueños que quería ser campeón mundial de boxeo parecía estar bien. Nadie en su esquina apreció que estuviera mal. Todavía podía aspirar al triunfo, hasta él mismo lo entendía así. Porque es raro que un boxeador de clase que sabe a lo que se expone diga “no quiero seguir peleando” o “ya está bueno”. Les juro que ellos prefieren morirse antes que rendirse, son gladiadores de vocación, hombres que suben al ring a buscar una victoria, que jamás piensan en la derrota y mucho menos en la muerte.

Saben, eso sí, que están expuesto a la muerte, porque los boxeadores se preparan física y mentalmente para ofrecer una cruenta batalla. Sobran ejemplos de rostros llenos de sangre y heridas al final de un combate que hablan a las claras del dolor, y poco de las consecuencias que aquellos golpes pueden tener.

Aunque se han aplicado muchas medidas en el boxeo, sobre todo en la protección de los púgiles cuando son víctimas de fuertes golpes, y no están bien, no siempre los árbitros tienen una buena apreciación de lo que está pasando o, sencillamente, creen que el pleito debe continuar en aras del espectáculo. O el médico examina y también dicta que la batalla puede continuar.

Hasta hace unos 40 años atrás el promedio de muerte de boxeadores era entre 20 y 25 anuales. Hoy día siguen ocurriendo, pero la diferencia es abismal. Este año en los Estados Unidos no se ha lamentado ninguna.

Lo cierto es que el boxeo está luto. El KO se vistió de muerte.

Comenta sobre este articulo