chaveZ pikEstá invicto, apenas tiene 25 años de edad, acaba de ganar de forma convincente (eso sí, en un combate sin brillo), a su compatriota Marco Antonio “Veneno” Rubio y, a pesar de todo eso, el mexicano Julio César Chávez Jr. sigue en el ojo del huracán, porque aunque goza de relativa tranquilidad y de su corona muldial de peso mediano, versión CMB, fuertes ráfagas de viento soplan a su alrededor.

Y es que el hijo de la leyenda, Julio César Chávez, sigue sin convencer, y demasiados factores “fortuitos” siguen favoreciendo su ascendente carrera que, a muchos, entre los que me incluyo, se le antoja inflada como un globo.

Chávez Jr. (45-0-1, 31 KO”s) no es culpable de todo el engranaje que le favorece, y del cual resulta un elemento fundamental su célebre padre, primero con su nombre, que atrae a multitudes, y después, con sus influencias, visibles en cada maniobra promocional o puramente competitiva cada vez que su hijo está listo para entrar en acción.

La más reciente polvareda levantada por las ráfagas del huracán en cuyo ojo se mueve por ahora el muchacho mexicano la originó la ausencia de controles antidopaje después de su pelea con el “Veneno” Rubio, quien dejó entrever que su adversario le había vencido con el beneficio de alguna sustancia prohibida, pues su vitalidad extrema, a pesar del esfuerzo realizado para hacer el peso requerido (160 libras), “resulta muy sospechosa”.

Pero ya eso es historia. El nuevo revuelo es el anuncio del probable rival inmediato del Junior Chávez: el mexicano Antonio Margarito.

Muchos preveían la retirada de los encordados del valiente Margarito, quien tras ser sometido a una compleja cirugía ocular después de la paliza que le propinara el filipino Manny Pacquiao, perdió por nocaut técnico ante el puertorriqueño Miguel Cotto que, ni corto ni perezoso, fustigó durante 10 asaltos el lesionado ojo derecho del mexicano.

Con semejante dificultad visual, que es irreversible aunque Margarito recibió un implante cristalino para garantizar su visibilidad, resulta evidente que le están “sirviendo en bandeja de plata” la posibilidad de otro triunfo al Junior Chávez, en esta ocasión ante un rival de indiscutible categoría, con un prestigio bien ganado, pero que ya no tiene nada que hacer sobre un cuadrilátero.

Es risible. Parece un nueva burla. Y no se habla más y más sobre el asunto porque se tenga nada contra el hijo de la leyenda,.

El malestar está dirigido contra quienes mueven los hilos de su carrera, que continúan con sus burdas maniobras que, si bien inflan el historial del joven púgil, por otra parte reducen a cenizas su credibilidad como buen boxeador, al ponerlo siempre al frente de mediocres que no resultan un exámen real para su talento.

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