rigondeauxfarina b08a6La noche del 12 de abril de 1997 al destronar al campeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) Pernell “Sweet Pea” Whitaker, en pelea celebrado en el Thomas & Mack Center de Las Vegas, EEUU, el mexicoamericano Oscar “Golden Boy” De la Hoya se convirtió en el mejor boxeador del planeta, en el “Rey Libra por Libra” del pugilismo rentado.

El combate fue monótono, trabado y de poca acción, no hubo grandes emociones y quizás los jugueteos y las burlas de Pernell Whitaker sean lo que más recuerdan los que han llegado a verlo. Y si bien tanto aficionados como críticos coincidieron en que fue muy cerrado, esa noche todos estaban de acuerdo en que no valía la pena que pactaran un desquite.

Bob Arum de Top Rank, promotor de Oscar De la Hoya, se mostraba preocupado porque a pesar de que esa noche su muchacho conquistó la cima del boxeo, dejó muy claro que ya no era un peleador espectacular.

Con mucho colmillo, Arum echó toda la culpa a Whitaker, asegurando que no habría revancha porque nadie querría ver a Oscar peleando de nuevo contra un payaso y que en adelante buscaría rivales que le permitieran brindar actuaciones emocionantes.

“Mi opinión es que la pelea fue aburrida, una pelea apestosa. No quiero volver a verla, quiero que la gente del boxeo vea a Oscar pelear, por amor de Dios. Siempre he odiado las peleas de Whitaker, ni siquiera puede vender a un salón de baile de 1,200 asientos en Atlantic City, no voy a perder mi dinero en una revancha,” dijo muy molesto al final de la lucha.

Lo cierto es que desde que le impuso como entrenador a Jesús “Cholain” Rivero, previo al pleito del 6 de mayo de 1995 contra Rafael Ruelas, el “Golden Boy” comenzó a cambiar su estilo a uno más técnico y defensivo.

Hasta ese momento, quien se encargaba de preparar a Oscar era Roberto Alcazar, pero la desastrosa actuación que tuvo ante el puertorriqueño John John Molina, motivó a Bob Arum a cambiar de aires y por recomendación de Rafael “La Cobra” Mendoza contrató a “Choalin” Rivero para que le enseñara defensa.

Cuando Rivero vio el video de la pelea con Molina, señaló que si lo entrenaba habría mucho trabajo por hacer, ya que “es un muchacho alto y no sabe aprovechar su distancia, además no finta, no mueve la cintura, se va a las cuerdas y ahí se queda, no da pasos laterales, no sabe dar paso atrás.”

Con él en la ecuación, Oscar consiguió siete victorias, entre las que destacó la que ocurrió un año después de que tomara el timón y que se desarrolló en el mítico Caesars Palace de Las Vegas ante “el gran campeón mexicano” Julio Cesar Chávez.

“He aprendido más en un año que en los dieciocho años de mi carrera […] Descubrí que me falta mucho por aprender, años para ser un peleador completo. 'Cholaín' me despertó, me abrió los ojos, yo pensaba que no tenía nada que aprender y no,” reveló De la Hoya al periodista Alejandro Toledo antes de su triunfo sobre Chávez.

La nueva problemática alentó a Bob Arum a despedir a Rivero y a contratar a Emanuel Steward, a quien le encargó la empresa de convertir al “Golden Boy” en un peleador agresivo y de choque.

“No estamos tan preocupados por la defensa, estamos tratando de volver al poder, en volver a conseguir respeto,” dijo Oscar contento con el cambio, ya que había recibido fuertes críticas por su falta de agresividad en sus combates ante Pernell Whitaker y Miguel Ángel González.

Los resultados con Steward fueron inmediatos, aunque lamentablemente la sociedad solo duró un par de peleas, en las que les dio verdaderas golpizas al keniano David Kamau y al puertorriqueño Héctor “Macho” Camacho. Pero ese despertar marcó una tendencia que llevó a la alza su carrera.

En pocos meses volvió a ganarse el respeto del público y produjo tanto dinero para la industria del boxeo que hoy en día que existen un antes y un después de Oscar De la Hoya en este negocio/deporte.

Por el bien del espectáculo y del negocio le cambiaron el estilo y gracias a eso pudimos verlo metido en peleas de antología como la que sostuvo contra Ike “Bazooka” Quartey y aquella inolvidable revancha con “J.C.” Chávez.

En el presente, el esteta del ring Guillermo “El Chacal” Rigondeaux se encuentra metido en una situación similar a la de Oscar, ya que tanto medios de comunicación, como el público y su propio promotor Bob Arum, tratan de obligarlo a que cambie el estilo que le ha dado tan buenos resultados por uno más agresivo.

Los ejecutivos de la cadena que transmitió sus últimos combates, Home Box Office (HBO), manifiestan que le falta más voluntad y que sus peleas son tan opacas que no les interesa seguirlo programando. Y si no cambia su estilo, HBO le cerrará las puertas de forma definitiva y no podrá pelear más, ya que es la única empresa televisiva que puede pagar los sueldos que actualmente percibe.

Ante tanto desprecio y desprestigio, su manejador Gary Hyde y sus colaboradores más cercanos piden respeto, pero lamentablemente en el boxeo el respeto se gana dándole al público lo que quiere ver.

Crédito Fotos: Getty Images | Top Rank

Comenta sobre este articulo