Cuadras vs Mepranum Pelea c00a7

Dominio absoluto de inicio a fin. Con una aseveración así de concisa puede resumirse con certeza lo ocurrido la noche del sábado en el Centro de Usos Múltiples de Los Mochis, Sinaloa, en la pelea entre el ídolo local y campeón del planeta supermosca (115 libras), el mexicano Carlos “El Príncipe” Cuadras, y el retador filipino Richie “Magnum” Mepranum.

Con vítores de “¡México, México!” y “¡Guamúchil, Guamúchil!”, la vecina ciudad sinaloense de donde es oriundo el portador del cinturón de las 115 libras avalado por el Consejo Mundial (CMB), la afición presente festejó de lo lindo contemplando a su favorito propinarle un metódico castigo al púgil tagalo.

La rivalidad entre ambas naciones en el deporte de los puños tiene un largo historial que incluye encarnizadas batallas, con astros de la talla de Manny Pacquiao, Juan Manuel Márquez, Érik Morales o Nonito Donaire entre los protagonistas, pero esta última reyerta definitivamente no pasará a los libros como uno de los clásicos.

Si algo confirmó el zurdo Magnum Mepranum en el cuadrilátero azteca fueron los pronósticos que presagiaban un descalabro por la vía del cloroformo en su tercera intentona a la caza de un título de monarca del mundo. No hubo más que un soberano en el ensogado durante la trifulca sabatina y ese fue El Príncipe Cuadras, que reafirmó por sexta ocasión su reinado en la división supermosca dentro de los dominios del CMB.

Carlos, de 27 años (uno menos que Richie), golpeó a su antojo con combinaciones de ganchos y volados a la cabeza para las que el peleador de Sarangani tuvo poca o ninguna defensa. El mexicano dominó con comodidad el round de apertura apoyándose en su mayor velocidad de manos y desplazamientos por el ring, y consiguió lastimar a su contrario por primera vez en los últimos compases del segundo, con un derechazo al rostro que sacudió hasta a Filipinas.

En la tercera fracción, los mejores impactos en el repertorio del sinaloense fueron un potente gancho al hígado y otro a la cara que terminaron por minar la poca confianza que le quedaba a Magnum. El plan del anfitrión, consistente en atacar el cuerpo para luego aterrizar sus puños con solidez en los planos superiores del asiático, funcionaba a la perfección.

Concluidos cuatro asaltos, el anuncio de la votación parcial de los tres jueces se realizó por puro formalismo: la idéntica puntuación de 40-36 en el trío de boletas era una verdad consabida, como también lo debía ser el convencimiento de la hinchada de que no les quedaba mucho pleito por disfrutar.

En el segundo tercio de contienda prosiguió la disertación de Cuadras ante un filipino incapaz de realizar los ajustes necesarios para revertir la situación por falta de recursos o de voluntad. En el sexto capítulo, El Príncipe acorraló al visitante en una esquina y lo ametralló a golpes. Por momentos daba la impresión de que el tercer hombre en el encordado, el referí estadounidense Tom Taylor, saldría al rescate del retador.

Aunque el filipino se resistió a caer en la lona frente a la amplia superioridad física y técnica del campeón, finalizado el octavo round era visible su falta de motivación para buscar el triunfo en el resto de la refriega con un golpe milagroso, para ese entonces, la única vía que le hubiese permitido remontar la abrumadora diferencia en las tarjetas de los jueces.

Richie Mepranum (31-5-1, 8 KOs) decidió entonces sacar bandera blanca y no salió a boxear cuando sonó la campana que anunciaba el inicio de la novena fracción. Su rendición (RTD-8) representó para Carlos Cuadras (35-0-1, 27 KOs) la quinta reválida inobjetable de su trono (la primera de sus seis defensas quedó en tablas por una cortada que sufrió), una presentación que puede ser calificada como la más dominante desde que se agenciara el título supermosca del CMB, en mayo de 2014, de manos del tailandés Srisaket Sor Rungvisai.

Precisamente Rungvisai (39-4-1, 36 KOs), que sucumbió en aquella ocasión por decisión técnica al detenerse el choque por una profunda herida sobre el ojo izquierdo de Cuadras tras un cabezazo accidental, debe ser el próximo contendiente que desafíe al mexicano amparado en su actual condición de retador obligatorio. Las negociaciones entre los representantes del de Tailandia y los del azteca para una revancha a inicios de este calendario no llegaron a consumarse, pero según lo estipulado por el CMB, que permitió a Carlos efectuar esta defensa opcional frente a Mepranum, deben reanudarse en una fecha próxima.

Aunque El Príncipe está consciente de esta realidad, embebido en la euforia de su éxito en Los Mochis aseguró que se encuentra listo para rivalizar con su coterráneo y doble titular del orbe en el peso mosca (112 libras), Juan Francisco “El Gallo” Estrada (33-2, 24 KOs), y hasta con el actual número uno en el escalafón libra por libra, el nicaragüense Román “Chocolatito” González (45-0, 38 KOs). El astro de Managua coincidentemente vio acción el sábado con una victoria por fallo unánime ante el puertorriqueño McWilliams Arroyo en la ciudad californiana de Inglewood.

Un duelo de invictos entre El Príncipe y Chocolatito, este último caudillo en la categoría inmediata inferior (112 libras) también con la licencia del CMB, dejaría complacida a la mayoría de los aficionados que se inclina por las peleas electrizantes, pero, difícilmente, a los seguidores del mexicano, quienes serían testigos de la primera derrota en la carrera profesional de su ídolo ante un pinolero que hoy en día luce poco menos que invencible.

Comenta sobre este articulo