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(Por Mayor J, King)

Joe Frazier está contra las cuerdas. Con la guardia baja se tambalea, mientras su inescrupuloso rival intenta destrozarle el hígado. Es víctima del ensañamiento en ese desigual combate. El inevitable fin parece cerca … muy cerca. El símil puede resultar morboso, pero lamentablemente es parte de un hecho real. El legendario Joe Frazier, con 67 años, padece un cáncer de hígado que fue diagnosticado en octubre y aunque los médicos no le han dicho por cuánto por cuanto tiempo podrá prolongar su lucha, las perspectivas de vencer son pocas.

Leslie Wolff, asesor personal de Frazier desde hace siete años, lo resumió con tristeza: “Los médicos están analizando todas las alternativas posibles, pero hay muy pocas esperanzas. Vamos a cruzar los dedos y esperar un milagro, aunque Joe es un boxeador que no se rinde”. Frazier (32-4-1, 27) fue el primer púgil que envió a la lona y después derrotó a los puntos en 15 sangrientos asaltos al legendario Mohammed Alí, en en Madison Square Garden, de Nueva York, en 1971, en la denominada “Pelea del Siglo”. Había conquistado la corona profesional tres años antes, por la negativa de Alí de enrolarse en el ejército estadounidense ante la posibilidad de ser enviado a combatir a Vietnam. “Smokin” ganó la faja al propinarle nocaut en 11 asaltos a Buster Mathis en el Madison Square Garden en 1968.

Pero aunque la Comisión de Boxeo de Nueva York le concedió el título, internacionalmente no fue reconocido hasta tres años después cuando derrotó por nocaut en el noveno asalto a Jimmy Ellis en Australia. Otras dos veces enfrentó en épicos combates a Alí, pero en ambas salió derrotado. En Nueva York en 1974, Alí venció por decisión y al siguiente año en Filipinas retuvo el cinturón por abandono de Frazier después que el entrenador Eddie Futch tirara la toalla en el round 14. Frazier había perdido la corona frente a George Foreman por nocaut en el segundo asalto en Kingston, Jamaica en 1973. Se retiró tres años después tras caer nuevamente ante Foreman.

Su vida, que parece un guión para llevar al cine casi termina como empezó: pobre y sin recursos. Joven y fuerte tuvo que trabajar desde los seis años en una plantación con su padre por ser el séptimo de trece hermanos. Pero desde esa época dejó entrever su pasión por el boxeo. Llegaba a su casa extenuado y de inmediato se mantenía horas golpeando un saco confeccionados por sus propias manos. Bajo la pupila de Yank Durham, su primer entrenador, conoció algunos de los trucos del arte del golpeo y la esquiva. Fue Durham quien lo bautizó como “Smoking”, aunque no se sabe a cierta porqué lo hizo.

A los 19 años se presentó a las eliminatorias para los Juegos Olímpicos de Tokio, pero su primer sueño se esfumó momentáneamente porque lo derrotó Buster Mathis, el mismo que más tarde Frazier le arrebató el cinturón profesional. La suerte, sin embargo, estaba del lado de Frazier, pues Mathis se lesionó un dedo poco antes de la gira, lo que dio la oportunidad al sustituto de convertirse en campeón olímpico al doblegar en la final al germano Hans Huber. Un año después saltó al profesionalismo, ganó la corona en 1968 y después realizó seis defensas del título, manteniéndolas en todos los casos, antes del revés ante Foreman.

Por designios del destino, estos últimos años Frazier los ha vivido en una pequeña habitación encima de un gimnasio en Philadelphia, donde boxeadores de poco nivel han sido sus alumnos y ha tenido una vida muy precaria.

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