cottoEl boxeo tiene ese encanto peculiar de que sus amantes no se aburren de ver día tras día las peleas que sean, y si se trata de esas batallas de primer nivel en discusión de títulos en cualquier peso, el interés se hace más notable. Apenas hace unos días tuvimos el gusto de ver en acción a dos de los mejores pesos welter del mundo Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez y ya en unos 15 días subirán al ring los superwelters Miguel Cotto y Antonio Margarito, en un pleito revancha que promete acción desde el mismo comienzo y donde estará en juego la corona del peso.

Aunque continúa la efervescencia por la reciente pelea entre el Pacman y Dinamita la noche del sábado en el GMG de Las Vegas, ahora es preciso virar la página y mirar hacia otro lado, porque este que se avecina también figura entre los grandes combates del año, y por dos bien conocidos de los fanáticos: Miguel Cotto (36-2,29 nocauts) y Antonio Margarito (38-7, 27 KO’s), quienes tienen una deuda pendiente desde hace más de tres años, y el próximo día 3 de diciembre en el Madison Square Garden de Manhattan van a dilucidar de una vez.

Cotto quiere demostrar que en su pelea hubo trampas, que con toda seguridad Margarito hizo uso indebido con su vendaje –como hizo en el combate con Mosley- y se ha preparado con esmero para sobre el ring demostrar la calidad de boxeador que es. Por su parte el fuerte pegador mexicano ya dice estar más que listo para volverle a ganar al puertorriqueño, en fin la batallas verbal no cesa y habrá que esperar al día de las acciones. Y como ya es habitual, ZONA DE BOXEO seguirá de cerca lo más mínimos detalles entre estos dos poderosos fajadores.

Quiero significar que al margen de la batalla Cotto-Margarito, todavía hoy los más importantes medios de comunicación del mundo siguen especulando sobre el encuentro entre el campeón mundial de los pesos welter Manny Pacquiao (54-3-2,38 nocauts) y su retador Juan Manuel Márquez (53-6-1,39 KOs), quienes a mí modo de ver dejaron un insospechado aliento de frustración porque, a decir verdad, todos esperábamos más o, por lo menos, un combate similar a cualquiera de los dos anteriores, cuando se dieron con ganas, sin cuidarse tanto y dando el máximo en cada round que pelearon. Eso es lo que le gusta a la gente, es lo que quiere ver el fanático y por ello es que la velada del sábado en el GMG Grand de Las Vegas tuvo tamaña expectativa.

Sin embargo, Juan Manuel Márquez sabía que esta pelea en la discusión de los welter no podía ser igual a las dos anteriores, no porque no quisiera, sino porque no debía. Si hacía lo mismo del año 2004 o incluso del 2008 –cuando perdió también– el resultado se podía repetir, pero si cambiaba la estrategia, como lo hizo, el resultado podía ser diferente. Esa era la buena idea.

Por esa razón fue que estableció un pleito desde atrás, siempre esperando el ataque de su rival sin dejar de lanzar sus manos y, por otra parte, atacando y rápidamente retirándose, para tratar de librarse de la rapidez de manos y piernas del poderoso rival que, por lo menos en los primeros seis asaltos, no pudo descifrar debidamente a su contrario.

Tampoco se ayudó el propio campeón, quien no se veía como de costumbre. Fuera de alcance, con un ritmo rápido pero desde donde los golpes no duelen tanto, y tirando demasiado sin dar en el blanco como él nos tiene acostumbrado. Su mismo rostro lo delataba: estaba inconforme consigo mismo y, al propio tiempo, marcado con una herida en el labio inferior y sangrando también por el arco superciliar derecho, frutos ambos de un cabezazo y de los golpes del mexicano.

A mi juicio se trató de una pelea estratégica más que todo, esta vez mejor pensada por el entrenador mexicano Nacho Beristaín, Salón de la Fama con 23 campeones mundiales en su currículo, quien estableció la estrategia para su pupilo sin entrar en su acostumbrado combate de tú a tú. El plan desarrollado consistió en golpear con el gancho el cuerpo del asiático, en tanto que combinó con directos de derecha y swines de izquierda al rostro. Junto a ello se desplazó hacia los laterales en ocasiones evitando la potente izquierda de Pacquiao y en otras en sentido contrario.

Sin dudas la pelea fue cerrada, muy estrecha, pero el azteca desde mi óptica mayoreó las acciones en casi todos los asaltos. El propio Freddie Roach le llegó a decir a Manny Pacquiao en su esquina que estaba en desventaja. El rostro del filipino lo decía todo: estaba confundido y molesto con él porque no descifraba a su rival, y no encajaba en aquella quizás inesperada táctica empleada por el boxeador de Jalisco. “Dinamita” subió al ring esta vez sin la pólvora acostumbrada, pero lo hizo más como si fuese un espadachín, clavando de vez en vez su espada donde más dolía y marcando una buena cantidad de estocadas que al final no tuvieron el reconocimiento de los jueces.

De cualquier manera Juan Manuel Márquez no está acabado, todavía puede escalar el ring con cualquier oponente, incluso hasta enfrentarse de nuevo al campeón en un pleito que quizá sería hasta más atractivo que el que acabamos de ver.

El duelo Pacquiao-Márquez ya es historia y ahora se trata de no perdernos una buena cantidad de peleas que se avecinan, porque en el boxeo siempre habrá una próxima y la del 3 de diciembre en Nueva York debe estar entre las grandes peleas del año 2011.

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