Tenía 38 años de edad. Ya no se veía tan fuerte y rápido como siempre. Venía de una aplastante derrota ante Larry Holmes por nocaut en el décimo asalto. Pero no era la única señal que le presionaba para el retiro. Había perdido el título ante Leo “Búfalo” Spinks. Pero todavía no le bastaba. Tenía que volver a subir al ring, probar que seguía siendo el campeón y era verdad aunque perdiera no sé cuántas veces más. Se calzó los guantes, ajustó a sus pies aquellas zapatillas que le hacían parecer en ocasiones más un bailarín que un boxeador y se ajustó la bata sobre sus más de 1.93 de estatura y sus 107 kilos de peso entonces para con paso firme caminar por última vez hacia el escenario de sus mejores danzas y fieros combates en tantos años. Al ring de sus amores. Al ring que lo despidió como un gran campeón pese a la nueva derrota, ahora ante un tal Trevor Berbick el 11 de diciembre de 1981. Aquel boxeador era y seguirá siendo siempre el más emblemático de todos: Mohammad Alí.

Si, por estos días, justamente el 11 de diciembre, se cumplen 30 años del último combate del más grande boxeador de los pesos completos en todos los tiempos. Entonces no escuchó a nadie, creía que podía de nuevo, le hacía falta más dinero o qué se yo. Esta vez el lugar escogido fue Nassau, la capital de Bahamas y el púgil Trevor Berbick, un joven de 27 años de edad nacido en Jamaica, y que se hizo campeón de los pesos completos en Canadá.

Atrás habían quedado dos impresionantes décadas imponiendo una soberbia clase de gran boxeador, peleando contra los mejores de entonces. Era una época donde los mejores del mundo estaban en su división, en las que celebró 56 combates de los que perdió 5 y puso fuera de combate a 38. Aquella última noche con brisa caribeña el jamaiquino fue hasta la esquina del Campeón y le dijo: “haz lo mejor que puedas, porque no quiero lastimarte”.

El campeón caminó los diez asaltos, pero ya no era el mismo. Estaba gordo, muy pasado de peso, de hecho lento, sin el brillo que regaló en cada una de sus más importantes peleas, y más allá se apreciaba con la mirada perdida a saber dónde. ¡Qué más da! La leyenda estaba escrita aunque perdiera.Y, en verdad, sólo hubo un momento aquel 11 de diciembre donde el estadounidense rememoró sus grandes tiempos. Fue en el octavo asalto, cuando volvió a jugar con sus piernas, como tantas veces había hecho, y lo hizo con el estilo del gran bailarín que sincronizaba piernas y manos para en un fantástico momento ilusionar a todos. Luego no pasó más nada. Llegó al décimo y la decisión de los jueces fue unánime para el campeón canadiense, que luego le dijo: “Fuiste mi inspiración desde que era un niño…Te quiero”.

Roma 1960, con su único título olímpico en los semipesados, estaba bien lejos. Más todavía el día que con 12 años de edad fue llorando a buscar un policía porque le habían robado la bicicleta que le regalaron sus padres. Y resultó que aquel policía irlandés, llamado Joe Martín, lo sedujo para que aprendiera a boxear, y que se defendiera de los rateros. Así se hizo boxeador.

Lo demás es historia de la buena. A los 16 años ganó el campeonato Guantes de Oro de Louisville, Kentucky -donde nació el 17 de enero de 1942 con el nombre de Cassius Marcellus Clay Junior- y llegó a los cuartos de final del torneo regional de Chicago. Después apareció Angelo Dundee, quien lo convirtió en el gran boxeador que fue. Logró imponer un récord de 13 victorias consecutivas, diez de ellas por la vía rápida. El 29 de octubre de 1960 ganó su primera pelea profesional a seis rounds contra Tunner Hunsaker, por decisión de los jueces y cobró 10 mil dólares.

El “bravucón” dispuso el 15 de noviembre de 1962 del excampeón mundial Archie Moore, de 49 años de edad, por KO en el cuarto round, y a Sony Liston, en 1964, lo liquidó en siete asaltos por abandono para coronarse campeón mundial. Otros muchos nombres de rivales sirvieron para escribir la historia. Allí están los de Joe Frazier, su eterno rival, su vencedor; George Foreman a quien noqueó en Zaire en el octavo asalto y volvió a titularse Campeón de Peso completo de la Asociación Mundial de Boxeo. Por cuatro años tuvo la faja y la defendió con éxito en otras diez ocasiones.

Son estos otros tiempos. No existe el mismo brillo de aquel boxeo en la división mayor cuando un Alí volaba como una mariposa y encajaba sus certeros puños en el rostro de sus rivales. Han pasado 30 años desde que colgó los guantes definitivamente, y todavía su recuerdo vive entre millones y millones de fanáticos de todo el mundo.

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