El término “guerra fría” remonta de inmediato a la política internacional. Al extenso período de postguerra (la II Guerra Mundial finalizó en 1945), en que coexistieron el denominado mundo libre capitalista y el campo socialista, desaparecido en la década del 90 del pasado siglo. Sin dudas, aquel fenómeno desapareció en el ámbito político, pero paradójicamente hoy existe una “guerra fría” en el boxeo profesional.

Dos visible bloques protagonizan este curioso fenómeno, motivado por la competencia en pos de las mayores ganancias como consecuencia del liderazgo promocional de las peleas más taquilleras y con mayor imán para poderosos patrocinadores. Nos referimos a las firmas promotoras Golden Boy y Top Rank.

Al frente de Golden Boy Promotions se encuentra el estadounidense-mexicano Oscar de la Hoya, mítico pugilista, multicampeón del mundo, titular olímpico en Barcelona-92 (donde representó a Estados Unidos) y también exitoso hombre de negocios que promocionó memorables peleas multimillonarias (algunas protagonizadas por él mismo).

Del otro lado está Top Rank , emporio liderado por el habilidoso empresario Bob Arum, quien evidentemente compite en la actualidad de igual a igual con su rival por el control del mercado pugilístico, y tiene ya bajo su supervisión financiera a sobresalientes boxeadores como el mexicano Julio César Chávez Jr., el puertorriqueño Miguel Cotto, y el todavía número uno del mundo libra por libra, el filipino Manny Pacquiao.

Muchos pudieran pensar que esta rivalidad favorece al boxeo profesional. Suele decirse que la competencia genera desarrollo. Pero en este caso la “guerra fría” que sostienen Golden Boy y Top Rank es la principal causante de que por el momento no se haya concretado la esperada pelea entre Pacquiao y el estadounidense Floy Mayweather, invicto y altanero púgil considerado el número dos del planeta.

Mientras Golden Boy hace reiterados intentos por concretar el esperado duelo, Top Rank esquiva la confrontación, en busca de un momento que le sea más propicio a los intereses de su avezado líder, Bob Arum, y en medio de este tira y encoge las culpas recaen sobre el propio Mayweather, de quien se dice teme exponer su invicto ante el Pacman de Filipinas.

Para reirse. Si la bolsa es abundante (y de seguro lo será si se baten los dos colosos), ni Mayweather, ni Pacquiao se opondrían jamás. En la sombra se mueven los intereses de las firmas promotoras.

Lo mismo sucede con el anunciado enfrentamiento entre el campeón mundial superwelter de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA), el puertorriqueño Miguel Cotto, y el titular mediano del Consejo Mundial de Boxeo (WBC), el mexicano Julio César Chávez Jr.

Bob Arum no perdió tiempo por anticipar que el ganador el 3 de diciembre entre Cotto y el mexicano Antonio Margarito, en el neoyorquino Madison Square Garden, se batiría con Chávez Jr. Cotto venció por nocaut técnico en el décimo round.

Arum y su firma Top Rank tienen el control de ambos pugilistas, y juegan sus cartas, en tanto que De La Hoya y Golden Boy se han lanzado en pos de lo que, por ahora, parece un imposible: la bronca Pacquiao-Mayweather, pues su contrincante en la promoción de peleas maneja al filipino y no va a soltar prenda hasta estar convencido de obtener la mayor tajada si el neogocio se concreta.

Lo mismo sucede con el monarca superwelter del WBC, el invicto mexicano Saúl “El Canelo” Alvarez, quien de momento dejará frustradas las esperanzas de millones de compatriotas de disfrutar un duelo suyo con Chávez Jr.

Porque a “El Canelo” lo controla el grupo de De La Hoya, en tanto que Top Rank maneja al hijo de la leyenda, Julio César Chávez, y ambas organizaciones promotoras quieren llevarse la mayor parte del premio… y en esa disputa, nada toma cuerpo, y los amantes del boxeo tienen que conformarse con desahogar su frustración con otras peleas.

Muchos más ejemplos podrían ilustrar esta ”guerra fría” vigente en el boxeo porfesional. No es nada nuevo. Siempre hubo, hay y habrá confrontación de intereses. En negocios nadie quiere bailar con la más fea. Ocurrió, incluso, en la época en que Don King promovía las más lucrativas disputas y representaba a los mejores pesos completos, entre ellos al mítico Mohammad Alí.

Sólo el dinero, y en abundantes cantidades, puede paliar de alguna manera esta “guerra fría” en el mundo de las narices chatas. Porque únicamente cuando Golden Boy y Top Rank consideran que tienen entre manos un jugoso negocio, se ponen de acuerdo para satisfacer el sano interés de quienes disfrutan del boxeo como deporte. Pobres ilusos. En el deporte de las 12 cuerdas también mandan los billetes, porque es la lógica de la vida. Al menos, la que nos ha tocado vivir.

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