Quisiera escribir que 2011 ha sido un gran año para los principales boxeadores cubanos afincados en los Estados Unidos, pero esa no es la realidad de lo ocurrido. Creo que ha sido el peor en buen tiempo. Las mejores figuras salidas del archipiélago cubano apenas han celebrado algunos combates, y tres de ellos en sus únicas peleas del año cayeron vencidos. Razones de sobra para preocuparse, y preguntarse también qué está pasando.

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Pareciera que quienes están manejando sus carreras boxísticas, en su afán de encontrar peleas importantes que reporten mayores ganancias en dólares, han descuidado la necesidad de mantener a estos peleadores activos en el ring, primero porque es una necesidad, ese es su trabajo y el único que le puede rendir verdaderos frutos si se quiere llegar lejos, y la otra es que si no pelean nadie hablará de ellos. Hay un viejo refrán que dice que “barco parado no gana flete”, y a los púgiles antillanos les viene muy bien ese axioma.

Después de la única pelea en el año del peso mediano Erislandi Lara (15-1-1 10 nocauts), frente al experimentado excampeón mundial Paul William (40-2,27 KO) en Boardwalk Hall de Atlantic City, era de suponer que iba a venir más de una reyerta de alto nivel para él dada su magnífica actuación, que si bien perdió por decisión de los jueces en el veredicto más injusto del 2011, dejó una grata impresión no sólo en la prensa especializada, sino para los millones de fanáticos que esa noche del 10 de julio vieron el combate. Desde entonces, hace ya más de cinco meses no ha vuelto a subir al ring. Hasta ahora no se ha dado a conocer quién será su próximo rival y dónde. Calidad de sobra tiene el zurdo para escalar a lo más alto de la división, ya lo demostró, pero habrá que seguirle buscando rivales para mantenerlo en competencia hasta que esté en condiciones de discutir una faja mundial.

Otro que apenas se vio en el ring fue el campeón olímpico de 2004 en Atenas, Guillermo “El Chacal” Rigondeaux, (8-0, 6 KO) quien únicamente escaló al cuadrilátero en el mes de marzo ante el irlandés Willie Casey, y lo derrotó por nocaut en el mismo primer round. No tuvo más acción y ahora se prepara para enfrentar a Rico “Suavecito” Ramos (20-0,11 KO) a finales del mes de enero y por el título de la Asociación Mundial de Boxeo en las 122 libras. Ojalá para entonces esté bien preparado y haya soltado todo el óxido de tanto tiempo sin subir al ring. Rigo necesita de más peleas a cualquier nivel. Talento tiene, pero sólo presenta récord de 8 pleitos profesionales y ya se está pensando en un combate con el mejor de la división, el filipino Nonito Donaire (27-1, 17 nocauts), quien por cierto está por decidir si asciende al peso inmediato.

Peor suerte desde el punto de vista competitivo tuvo el peso completo Odlanier “La Sombra” Solís (17-1, 12 KO), quien sucumbió en el mismo primer asalto en su pelea con el ucraniano Vitali Klitschko (42-2,39 KO) en Lanxess Arena, de Colonia, Alemania. Todo fue muy rápido, a poco de iniciada la pelea, en la que el cubano tenía garantizado un millón de dólares. No está muy claro si el campeón mundial llegó a conectarle con su mano derecha al rostro, pero sí fue a parar a la lona y en menos de tres minutos todo se acabó. Después de la pelea ha tenido que someterse a tres intervenciones quirúrgicas en su rodilla derecha. Iba a pelear en diciembre en Turquía, pero debido a un “problema”, al parecer de carácter doméstico, no pudo salir de Estados Unidos y tuvo que presentarse en Corte en la ciudad de Miami. En fin, que fue un año pésimo para el peso completo que, como aficionado, fue triple campeón mundial y titular olímpico de Atenas en el 2004. Veremos si es capaz de recuperarse de la fatal derrota, y logra nuevamente ascender en la división para buscar una pelea de título mundial.

Si estos cubanos no tuvieron un año muy bueno, sobre todo por las derrotas y la sequía de peleas, todavía le fue peor al veterano campeón olímpico de Barcelona 1992, Joel Casamayor (38-6-1, 22 KO), quien en su segundo combate del año cayó por nocaut técnico en el octavo asalto ante el norteamericano invicto Timothy Bradley (28-0-12 nocauts). Resultó una pelea deslucida, pésima, en la que el dos veces campeón mundial no hizo ni un ápice por la victoria. Estaba derrotado, sin convicción de triunfo. Para colmo dio positivo al consumo de marihuana tras concluir esa pelea con el campeón mundial del peso welter junior de la organización Mundial de Boxeo. Una noche del boxeador cubano para no recordar. De cualquier modo le sirvió para llevarse 100 mil dólares en sus bolsillos, fruto de la “pelea”. Sin duda es hora de que el excampeón mundial de los pesos ligero cuelgue los guantes. Su última actuación resultó un doble nocaut.

De ese grupo de pugilistas de renombre que viene siendo la élite del boxeo cubano en los Estados Unidos, quizá desde el punto de vista de competencia a quien le haya ido mejor es al excampeón mundial peso pluma Yuriorkis Gamboa (21-0, 16 KOs), quien en sus dos únicos combates del año se impuso primero a Jorge Solís (40-2-2, 29 KO), en el mes de marzo y a Daniel Ponce de León (41-4, 34 KO) en septiembre. Pudo haber celebrado seguramente algún otro combate, que falta le hace seguramente, pero no fue así. También logró adquirir los servicios del afamado entrenador estadounidense Emanuel Steward, quien ya está trabajando con él y seguramente muy pronto podrán verse los resultados. Lo peor para él fueron dos hechos: la pérdida de sus dos fajas de campeón mundial en la división pluma, por no acudir a un segundo pesaje y por no ser entonces un campeón unificado. Y en un caso más sensible los problemas con la mamá de su hija en el que se le acusó por violencia doméstica, y pasó una noche detenido en una cárcel de Miami. Su próximo rival será el mexicano-estadounidense Rocky Juárez (28-9-1, 20 KOs) en el Staples Center de Los Angeles. Sin lugar a dudas Gamboa es una de las mayores esperanzas entre el contingente de boxeadores cubanos.

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No dudo que este año que se avecina se convierta en el mejor de todos para los peleadores cubanos, porque calidad tienen para ceñirse más de un cinturón, pero deben de alcanzar un mayor número de combates. En todo esto –que es un gran negocio para muchos- las diferentes organizaciones boxísticas y algunas televisoras tienen mucho que ver a la hora de decidir cuáles peleas programar, pero más allá de ese ejercicio quienes tienen la responsabilidad directa de dirigir la carrera de los cubanos, tendrán que arreglárselas para encontrar la mejor manera de resolver ese asunto tan medular en este deporte. Sencillamente hay que pelear más. El boxeo lo exige, los fanáticos cubanos también, y los campeones lo saben.

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