Poco a poco y quizás sin darse cuenta, Miami se ha convertido nuevamente en una poderosa plaza del boxeo. Escenario propicio para grandes veladas en una ciudad amante de este deporte que otrora fuera sede de grandes carteleras, y de incluso importantes combates por títulos mundiales. Puede decirse que llegó a ser uno de los sitios predilectos para celebrar relevantes peleas, como aquella en la que Cassius Clay se coronó campeón mundial de los pesos completos, cuando derrotó en el séptimo round a Sony Liston, en el Convention Hall de Miami Beach el 25 de febrero del año 1964. Aquí comenzó la brillante y ascendente carrera del monarca que se hizo respetar durante años en la división reina del boxeo, entonces ya como Muhammad Alí.

Hoy día existen más condiciones que antes para escenificar las más importantes peleas por título mundial que se realizan en la actualidad, fundamentalmente en los casinos de Las Vegas y en el mítico Madison Square Garden de Manhattan, en Nueva York. De hecho en el coliseo de la American Airlines se han celebrado combates de primer nivel, como el realizado entre el peso completo cubano Odlanier “La Sombra” Solís” (18-1, 12 KO) y el estadounidense Ray Austin (28-6-4, 18 K0) a quien venció por K0 en el décimo asalto en diciembre del 2010. A este cartel asistieron más de seis mil fanáticos. Ese es un buen lugar porque reúne las condiciones necesarias para albergar a unos cuantos miles de espectadores con excelente visibilidad desde cualquier ángulo de la instalación. También cuenta con condiciones para los competidores y la prensa especializada, en especial las televisoras que transmiten las veladas, como HBO, ESPN, Showtime, o Telemundo, entre otras.

Algunas de las peleas más importantes en Miami se remontan incluso a los años 1930, justamente al primero de marzo de 1934, cuando el campeón mundial de los pesados, el gigante Primo Carnera, derrotó por decisión a Tommy Loughran. Un año ante el italiano se había coronado campeón del mundo de los pesos máximos, tras liquidar por nocaut en el sexto asalto a Jack Sharkey.

Mientras, los cubanos, en la década del 50´, fueron protagonistas de muchos combates de primer nivel, incluso por títulos mundiales, como el conseguido por el welter Gerardo “Kid Gavilán” González, quien el 4 de febrero de 1952 derrotó al estadounidense Bobby Dykes en el Miami Stadium. También en Miami Beach, el primero de abril de 1961, pelearon el cubano Benny “Kid” Paret y el norteamericano Emile Griffith, ocasión en que este último superó al isleño por nocaut en el asalto 13. No fueron los únicos, en la Ciudad del Sol pelearon otros muchos cubanos, entre ellos Florentino González, Luis Manuel Rodríguez, “Mantequilla” Nápoles…

Hubo otras muchas peleas de prestigio traídas a Miami, como aquellas memorables y recordadas por los fanáticos en el año 1982 entre el nicaragüense peso ligero welter Alexis Arguello y el norteamericano Aaron Pryor, ganada por el último en el asalto 14 y, en esa misma velada, el panameño Roberto Durán venció por decisión unánime a Jimmy Batten en los pesos medianos.

Grandes combates sobran para destacar, porque durante muchos años Miami se vistió de lujo en una disciplina que ganó adeptos y convirtió a la ciudad turística en obligado escenario de los más importantes combates en discusión de títulos mundiales. Irónicamente en estos tiempos en que la importante ciudad tiene un ascendente crecimiento de visitantes de todo el mundo, y el mapa geográfico ha ido ganando con importantes instalaciones de primera calidad, la celebración de carteleras boxísticas de gran nivel apenas se celebran aquí. Claro que esto se maneja de muchas maneras, porque indiscutiblemente se trata de un gran negocio con muchos intereses que debe requerir quizá de un presupuesto millonario cuando menos. Dinero que por supuesto se multiplicaría. Se habla en estos tiempos incluso de grandes proyectos de casinos de juego al estilo de Las Vegas, que bien pueden servir de escenario posteriormente.

Y es también paradójico, porque precisamente en estos años que corren existe un notable crecimiento de figuras de primer nivel con títulos mundiales incluso, y otros que están apostando por conquistar cinturones. Ahí están Yuriorkis Gamboa, Erislandi Lara y Guillermo Rigondeaux, por sólo mencionar a tres de los boxeadores cubanos más notables en estos tiempos que deben conquistar importantes victorias este propio año 2012. No son los únicos, existe un contingente de muchachos talentosos de distintos países afincados en Miami que están dando muestras de calidad para escalar a los primeros planos del pugilismo. El boxeo está teniendo en la ciudad un vertiginoso desarrollo, apreciado también en la cantidad de instituciones creadas que vienen organizando veladas.

Sobra calidad pugilística en Miami para organizar verdaderas peleas de lujo que serían una verdadera atracción para acudir a presenciarla o incluso un seguro éxito en las transmisiones de televisión. Miami debe tener luz larga para luchar por esta posibilidad. Hay algunos nombres de boxeadores que atraen seguidores y que pueden formar parte de importantes veladas. Un cartel donde aparezca uno de sus hijos pródigos, como lo es el peso welter Andre Berto, quien ahora mismo se prepara para su pelea revancha con el mexicoamericano Víctor Ortiz el 11 de febrero sería más que llamativa. O en las que estén Gamboa, Lara y Rigondeaux, que bien pueden llenar cualquier plaza. Aunque, quede claro, no se trata incluso de los púgiles locales, se trata de la ciudad que necesita de espectáculos como éstos para ofrecer a su público otra opción de entretenimiento, en tanto que para seguir creciendo, como lo vienen haciendo los Marlins de Miami, en béisbol o los HEAT, en la NBA.

Realmente sería muy bueno apostar porque la ciudad organice combates en discusión de títulos mundiales, o de primer nivel, porque esas peleas atraen a fanáticos del resto del país e incluso de todo el mundo que se pasan días consumiendo, comprando u hospedados en hoteles de la ciudad. El acontecimiento sería fuente indiscutible de empleos y ganancias económicas, amén de una notable exposición más allá de nuestras fronteras, válidas para no sólo exhibir las peleas, sino mostrar el rostro de un Miami que poco a poco ha ido cambiando su fisonomía y creciendo de manera consistente en el deporte, y muy particularmente en el boxeo. Miami lo merece y los fanáticos del boxeo también.

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