hanna2 pikEl público que llenó el pasado sábado el Palacio de los Deportes de Heredia (al norte de San José) tuvo más de una razón para estar feliz con la pugilista Hanna Gabriels. Primero, porque la “consentida” de los aficionados costarricenses defendió en gran forma su cinturón de campeona mundial de las 154 libras de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) ante la aguerrida norteamericana Dakota Stone y, además, porque hizo gala de una mejora considerable en su desempeño sobre el cuadrilátero.

Luego de 8 intensos asaltos fue imposible no recordar lo que la pugilista comentó ante los medios de prensa en diciembre pasado en medio de su campamento de preparación: “ahora solo tengo mente y cuerpo para entrenarme, porque tengo que mejorar y mejorar con miras a la tercera defensa de mi título”.

Y de verdad que lo logró, porque desde que sonó la campanada inicial, vimos una GabrielS diferente a la de otras ocasiones; se trataba de una Hanna más rápida, más agresiva, con más juego de piernas y una mira más puntual y selectiva a la hora de soltar la manos.

Así, conforme se fueron dando los rounds de una pelea pactada a 10, la tica supo llevar de una forma prudente y estratégica el ritmo del combate, aspectos que hay que resaltar, especialmente cuando se tiene enfrente a una contrincante como Stone quien —a pesar de estar siempre acechada por la campeona súper welter—nunca se le escondió o echó para atrás, si no que daba la impresión de estar esperando el momento idóneo para hacer un contrataque de esos que cambian la historia de un combate en segundos.

PIEDRA DESMORONADA

A la altura del quinto, la promesa de la norteamericana de noquear a la actual campeona, cada vez se veía más lejana, no solo por la sangre que manaba de su nariz, gracias al constante jab de la tica quien, además, para esta pelea, optó por “trabajar” a su rival con combos al cuerpo y dejar aquella idea de tratar de acabar la pelea de un solo volado a la cabeza.

También, el orgullo de Costa Rica, esta vez supo hacer las emociones de lado para hacer una pelea más estratégica y pensada que le ayudara con una contrincante con muchas “horas ring”, brazos más largos, barbilla dura y una capacidad de asimilación de golpes que tienen pocas damas sobre el cuadrilátero.

De igual forma, se notó como la mano de Ezequiel Obando (entrenado de Gabriels) se metió de lleno no solo en el departamento de ataque, si no, esta vez también le prestó especial atención a la defensa. En comparación a otras ocasiones (como por ejemplo las peleas ante Melisenda Pérez) vimos una Hanna más armada y con la guardia bien puesta; aquella peligrosa práctica de bajar los brazos constantemente o tratar de defenderse a puro movimiento de cabeza o cintura quedó en el pasado para, también, bajar los riesgos de toparse de frente con la fuerte derecha de Stone.

NO LO PIDEN, LO EXIGEN

A la postre, con el octavo round, no solo llegó el triunfo para la costarricense, si no, también, una pista del futuro inmediato de la actual monarca. Al réferi Genaro Rodríguez le pareció que lo más prudente para guardar la integridad física de Stone era detener la pelea a estas alturas (incluso sin hacer cuenta de protección) y con esto llegó el descontento de parte de todos los involucrados en la velada. Stone, por su parte, consideraba estaba en condiciones de seguir, Gabriels, por su lado, sabía que solo un milagro podía salvar en los próximos dos asaltos a su contrincante e, incluso, el mismo público costarricense, intervino porque quería ver a su campeona terminar con el choque pactado.

“Quiero una revancha con Dakota para lo antes posible. Se la merece, es la contrincante más exigente que tenido y creo que merecíamos terminar con la pelea; ¡quiero la revancha!”, sentenció Gabriel levantando su voz.

Mientras, por su parte, Stone comentó enérgicamente: “quiero la revancha aquí mismo, en ningún momento se debió suspender la pelea, fue una mala decisión del réferi”.

Así las cosas, 8 rounds no fueron suficientes para estas guerreras quienes, de seguir sus deseos, estarán por verse las caras nuevamente y así, terminar con un compromiso que consideran quedó inconcluso.

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