Fue gran esperanza para el boxeo de Argentina, cuando saltó del amateurismo al profesionalismo, avalado por un potencial que puso en evidencia dentro de las fronteras de su país natal o cuando lo representó, y viene al recuerdo su participación en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, República Dominicana, en 2003. Así ha sido siempre: porque Lucas Matthysse (29-2, 27 KOs), la eterna promesa, jamás ha alcanzado el estrellato.

A los 29 años de edad, son pocos lo que creen que Matthysse pueda reivindicarse ante sus partidarios y alcanzar alguna corona más allá del nivel Latino o Continental que alguna vez ostentó entre los ligero-welters, cuando en el papel de gran talento argentino se convirtió en símbolo enarbolado por miles de seguidores en esa república del cono sur..

Pero la gran noticia es que Matthysse reaparece en casa el 20 de enero en el Nuevo Palacio Aurinegro de Puerto Madryn, Chubat, frente al mexicano Silverio Ortíz (23-13, 11 KO’s). Allí estarán en juego dos cetros vacantes de rango menor para la categoría ligero-welter: el Latino del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y el Intercontinental de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB)..

No pocas expectativas ha creado el regreso de Matthysse entre sus compatriotas, que aún tienen la esperanza de ver a su ídolo escalar posiciones en el mundo del boxeo, aunque antes debe vencer a Silverio, y con el aval de las fajas antes mencionadas llamar la atención de los promotores para obtener peleas de mayor envergadura, incluida quizás, alguna por un título mundial..

Los más comedidos consideran que será más de lo mismo. Que Matthysse continuará venciendo a mediocres (por no decir a alguno que otro realmente malo), por bolsas insignificantes y por títulos sin mayor peso, porque si recibe alguna oportunidad fracasará, como ya lo hizo previamente..

Otros afirman que la “mafia” del boxeo nunca tuvo ningún interés en el argentino, y que le brindaron pocas oportunidades, con desventajas de todo tipo y siempre fuera de Argentina, con jueces parcializados en favor de su rival como sucedió, según esos puntos de vista, el 25 de junio del 2011, cuando Matthysse perdió por decisión ante el estadounidense Devon Alexander en una importante pelea eliminatoria ligero-welter disputada en la Family Arena, en San Luis, Missouri, Estados Unidos..

Lo real es que Lucas Matthysse nunca ha podido ganar la pelea que no se debe perder. Siempre ha fallado en el momento crucial, por una u otra razones, y a las puertas de su regreso el fantasma de la mediocridad le persigue, aunque todavía existan por ahí muchos, tal vez muchísimos, que creen ciegamente en su talento. .

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