Si bien es responsabilidad del promotor el que un peleador procedente del extranjero brinde una lamentable actuación, en ocasiones no está en sus manos que este tipo de conductas antideportivas manchen los performances o incluso las carreras de sus opositores.

Han sucedido casos en los que la cobardía y la inferioridad manifiesta de algunos pugilistas extranjeros termina por ser la comidilla en la comunidad boxística, sobre todo cuando los combates en donde se ven envueltos son los que encabezan programas con transmisión en televisión.

El pasado 14 de enero en Guadalajara, Jalisco, presenciamos dos peleas de campeonato mundial en las que las mexicanas Jessica “Kika” Chávez e Irma “Güerita” Sánchez arrollaron a sus rivales tailandesas de forma tan fácil, que me hizo pensar que no había necesidad de buscar fuera de México boxeadoras a modo que garantizaran las victorias de las campeonas de HG Boxing.

Se tiene la creencia de que el conseguir peleadores extranjeros para que enfrenten a las luminarias de una empresa promotora crearán un interés mayor que si fueran ante connacionales y eso es un grave error que se está llevando de la práctica a la costumbre.

No es obra de la casualidad que a través de la historia hayan ocurrido 111 peleas de campeonato mundial entre mexicanos. Tampoco es obra de la casualidad que las peleas más recordadas en los últimos veinte años tengan como protagonistas a mexicanos.

Pienso que de mantenerse esa práctica por encima del choque entre mexicanos, al menos deberían de crear mecanismos para protegerse de los peleadores extranjeros de dudosa calidad. Así ya no estarán recetándonos sábado a sábado transmisiones en las que los boxeadores foráneos resultan ser corredores, clavadistas.

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