Angelo Mirena, conocido como Angelo Dundee en el mundo del boxeo, se fue al cielo. Y lo hizo a los 90 años, sin estridencias y con similar naturalidad a como condujo a Mohammed Alí a ser “el más grande todos los tiempos” en los pesos completos.

“Ha muerto rodeado de su familia y en un momento muy feliz, ya que hace poco habíamos celebrado el 70 cumpleaños de Alí”, explicó la familia en un comunicado al dar a conocer la dolorosa noticia, consecuencia de un paro cardíaco en la ciudad de Tampa, donde residía. “Dejó una vida extraordinaria y llena de éxitos”.

Pero no quiso abandonar este mundo sin despedirse de su mejor pupilo, del gran Alí al que condujo con sabiduría y carácter hacia la inmortalidad, la misma que acoge a Dundee después de seis décadas impartiendo conocimientos, que se resume en 15 campeones mundiales, entre ellos George Foreman, Ray “Sugar” Leonard, Carmen Basilio y “Mantequilla” Nápoles.

“Alí es y seguirá siendo el más grande”, dijo durante el festejo que le ofrecieron a Alí sin conocer que era la despedida para siempre entre la dupla más imponente y respetada en la historia del pugilismo moderno.

Estratega de exquisito olfato, minucioso y exigente, enseñó a Alí a “picar como una abeja y volar como una mariposa”. Aunque no le fue fácil, no permitió que su irreverente discípulo hiciera cosas a su manera.

Por sus méritos fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo en 1994 tras una carrera caracterizada también por la humildad y la sencillez, en la que colocaba en segundo plano sus esfuerzos personales y resultados.

“No hay que confundirse, son los boxeadores los verdaderos protagonistas de toda esta historia”, explicaba cuando lo enzalzaban por sus indiscutibles méritos. “Son ellos los principales protagonistas de las historias”.

El clímax de sus conocimientos ocurrió con las victorias de Alí ante George Foreman en el “Rumble in the Jungle” en Kinshasa, Congo, en 1974 y frente al recién fallecido Joe Frazier, en Manila un año después.

El olfato boxístico de Dundee y su espíritu observador se pusieron de manifiesto en el sangriento decimocuarto round del pleito con Frazier, cuando los dos púgiles estaban exhaustos.

“Te voy a pedir un favor: ponte de pie, solo eso, quiero que te pares cuando suene la campana, por favor”, dijo Dundee, quien se había percatado que Frazier estaba en malas condiciones en la otra esquina del cuadrilátero.

Totalmente extenuado y repitiendo “no puedo más, no puedo más”, Alí se puso de pie, pero y no fue necesario que sonara la campana porque Eddie Futch, el entrenador de Frazier, arrojó la toalla dando por concluido el combate.

“Fue lo más cerca que estuve de la muerte”, reconoció Alí la dura batalla que aconteció frente a Frazier sobre el ring.

El promotor Bob Arum, quien estaba organizando una gala benéfica en la que estarían Dundee y Alí en las Vegas el 18 de febrero, rindió merecido reconocimiento al avezado entrenador al conocer su deceso.

“Fue el más grande a la hora de motivar a los peleadores, el mejor de todos los tiempo”, señaló Arum. “No importa cuán mal estuviesen las cosas, Angelo le daba un giro positivo. Eso era lo que Alí más amaba de él”.

A pesar de todos sus logros, no pudo Dundee cumplir un deseo, que expresó a sus allegados en épocas recientes: “Sueño con encontrar un peso pesado que derrote a los hermanos Klitschko para que la categoría mayor recupere la atención de años pasados”.

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