Demoró, pero ocurrió lo previsible. Marco Antonio “Veneno” Rubio (53-6-1, 46 KOs) se plantó bonito y presentó una protesta formal ante el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), reclamando incumplimiento y violación de las reglas de la entidad, antes, durante y después de la pelea por el cinturón mundial peso medio (160 libras) que disputó el pasado 4 de febrero y perdió contra su compatriota Julio César Chávez Jr. (45-0-1, 31 KOs).

Razones de sobra tenía para hacerlo porque tantas “coincidencias fortuitas” hacen dudar hasta al más crédulo de los mortales. Ausencia del pesaje de seguridad, irregularidades dentro del ring y olvido de las pruebas antidoping no parecen ser obra de la casualidad.

Rubio exigió en la misiva la anulación de la pelea de Campeonato Mundial. Cuestionó que su adversario llegara con el peso reglamentario al combate porque dos semanas antes había sido arrestado en Los Ángeles y el informe policial reportaba que pesaba 15 libras más que las estipuladas para los medianos (160).

Sin embargo, el 3 de febrero el “Hijo de la Leyenda” (Julio César Chávez Sr.) marcó 159.5 libras. Apenas 24 horas, cuando subió al cuadrilátero, estaba en 181 libras. ¿Error de la báscula angelina o metabolismo lento?

El Veneno agregó que el CMB y la Comisión Atlética de Texas se rehusaron incomprensiblemente a realizar las pruebas antidoping de rigor para una pelea titular, obviando que Chávez Jr. dio positivo dos años atrás después de enfrentar a Troy Rowland. Entonces fue suspendido seis meses por la comisión Atlética del estado de Nevada, que añadió una multa de 10.000 dólares.

“No estoy conforme con que no hubo antidoping. Tampoco acepto que Chávez peleó con tanta energía y nunca se cansó. Hubo rounds en los que ni siquiera se sentó en su banquillo. Me asesoré con los doctores Escalona y Lorenzo Soberanes, y ellos me dijeron que sí debió realizarse el citado examen, y que si un boxeador ingiere algo prohibido, tarda días en eliminarlo”, había declarado días atrás el Veneno.

Por último el púgil duranguense señaló que los acontecimientos no hacen más que empañar la imagen del boxeo y poner en duda la integridad de los programas antidoping del CMB y de los comisionados de Texas.

Según el reglamento del CMB la protesta de Rubio sería valorada por el mexicano José Sulaimán, rector del CMB, y en el caso de que las partes no lleguen a un acuerdo, la polémica será seguida por una mediación y tendría el derecho de tener una audiencia imparcial ante la Corte de Arbitraje Deportivo.

A juzgar por las declaraciones de Sulaimán en fechas recientes, Rubio y sus abogados tendrán que laborar muchísimo para obtener un veredicto favorable. Y es que el mandamás del organismo deportivo se limpió olímpicamente las manos asegurando que “es responsabilidad de la comisión local recoger las pruebas de antidoping, en este caso la comisión de Texas, y como no llegó el laboratorio, es caso cerrado en el combate de Chávez Jr. y Rubio.”

Y luego, con total desfachatez -como diría un colega-, aseguró que “tendremos más cuidados en próximas peleas”. ¡Le zumba el merequetén!

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