A escasos seis meses de los Juegos Olímpicos de Londres’2012, viene a la memoria quien fuera tal vez una de las más fugaces estrellas en el firmamento del boxeo, tanto amateur como profesional: el ya retirado estadounidense David Reid, campeón de los 71 kilogramos en Atlanta'96.

La carrera de Reid fue corta. Tal vez extremadamente. Pero brillante. En el amateurismo representó a Estados Unidos en los Panamericanos de Mar del Plata, Argentina, en 1995, y en los Olímpicos de Atlanta, en 1996. En ambas ocasiones se apoderó de la medalla de oro. En la justa continental, entre pesos welter (67 kilogramos), y en el contexto olímpico, en la división ligera-mediana (71 kilos).

Convertido en profesional en 1997, encontró la senda triunfal en el deporte rentado mucho antes de haber transcurrido un año de su conquista olímpica. El 21 de marzo de ese año derrotó por decisión unánime en cuatro asaltos a Sam Calderón, en Atlantic City, Nueva Jersey, y con apenas 10 peleas disputadas en el profesionalismo se convirtió en campeón del mundo de peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Ocurrió el 6 de marzo de 1999, también en Atlantic City, cuando destronó al vigente monarca de la categoría ligero-mediana, versión AMB, Laurent Boudouani, cuando los jueces otorgaron a Reid un fallo total, en una pelea de campeonato mundial pactada a 12 asaltos.

Su vida deportiva, fue como toda su existencia. Demasiado veloz. Se dice que David Reid, quien nació el 17 de septiembre de 1973, articulaba palabras mucho antes que la media y que no había cumplido nueve meses de vida cuando conseguía sostenerse sin caer sobre sus piernitas de infante precoz. También se afirma que envejeció demasiado rápido. Al menos, para el deporte.

Hay dos hechos bien relevantes en su fugaz carrera como boxeador. En los Juegos Olímpicos de Atlanta’96, en la final, tuvo que enfrentar al experimentado cubano Alfredo Duvergel, a quien llaman “El Pulpo”, por sus brazos sumamente extensos.

Duvergel, con mucho más ring, y sus largas extremidades, había dominado fácilmente a Reid durante los dos primeros asaltos, y sólo debía mantenerse a distancia para preservar su ventaja en el tercero y último. Al estadounidense sólo le salvaba de la derrota un golpe certero.

Y sea porque el cubano equivocó su táctica, o porque David Reid encontró la brecha oportunamente (aún muchos comentan aquella pelea), lo cierto es que el representante de Estados Unidos conectó un potente derechazo a la mandíbula de su rival y trocó en triunfo por nocaut lo que parecía una clara derrota por puntos. Faltaban apenas escasos segundos para que finalizara el combate y Reid transformó una segura derrota en la valiosa medalla de oro.

El otro momento memorable, ya como profesional, sucedió cuando perdió en una cerrada pelea con el puertorriqueño Félix “Tito” Trinidad, el 3 de marzo de 2000, en Las Vegas, Nevada. Ese día no pudo concretar la ventaja acumulada en los seis primeros rounds y terminó perdiendo por veredicto unánime en un combate de 12 rondas.

La decisión de los jueces desencadenó polémica, pero sobre todo generó una notable discusión la determinación de los conductores de Reid de enfrentarlo, con tal sólo 15 presentaciones entre los encordados, a un hombre de la experiencia y la calidad indiscutible del boricua Trinidad, que en esa noche de marzo arrebató al estadounidense su faja mundial AMB de peso ligero-mediano.

Pero no hay que asombrarse demasiado. No podía ser de otra manera para esta estrella fugaz del boxeo que se nombra David Reid.

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