Aparenta ser tan fugaz como un rayo en el firmamento, pero treinta años es mucho tiempo. Y exactamente es el que le ha dedicado al boxeo profesional el entrenador mexicano Rómulo Quiriarte González, que puede presumir de ser un maestro de generaciones y haber forjado a varios campeones mundiales, que hoy en día le reverencian porque de él aprendieron muchas de las habilidades que luego les llevó al estrellato.

Su idilio con el magisterio y el arte de Fistiana viene de más atrás, pues durante casi cuatro décadas (39 años) ha permanecido al mando del gimnasio boxístico de la Unidad Deportiva CREA. Allí ha recibido a personas de todos los estratos sociales y los ha transformado en hombres disciplinados, además que algunos han alcanzado la fama sobre el ring.

No es secreto que ha moldeado diamantes tan luminosos como los de los monarcas universales Julio César Chávez Sr., Raúl “Jíbaro” Pérez, Jorge “Maromero” Páez, Juan José “Dinamita” Estrada, por solo citar algunos.

Pero esa fama que se ha ganado el “Hacedor de Campeones”, como se le conoce al tapatío, no le ha hecho desvincularse del trabajo con los niños, por los cuales siente un apego especial y precisamente ellos, son los principales asistentes a su gratuito y espacioso gimnasio.

“No hay niños buenos y niños malos, sólo buenos y otros desorientados, vale la pena ayudarlos. Me cuesta mucho más trabajo sacar a un niño de la calle, de la drogadicción, que hacer un campeón del mundo”, explicó el profesor que nació el 10 de febrero de 1946.

“Aunque tengamos muchos niños, la atención es completamente personalizada, a todos los saludamos de mano, sabemos quién viene al gimnasio. No se les cataloga ni se les señala por la apariencia, tatuados, cholos entre comillas, ve uno la apariencia y vamos platicando con ellos, aplicamos las reglas del gimnasio”, comentó don Rómulo a Vanguardia.com<http://vanguardia.com/.

En su “hogar” los reglamentos son claros y precisos: “ganas y disciplina, cinco días de trabajo a la semana. El atleta solo debe hacer lo que se le ordene y cooperar con un trapeador o un artículo de limpieza para el mantenimiento del gimnasio. No hay cuota de inscripción ni mensualidad por entrenar. Y se le brinda un estímulo de 10 pesos por cada diez de calificación en la boleta escolar”.

Luego confesó que “no es enseñar boxeo y ya. Para ser un buen peleador, se le tiene ayudar a quitar problemas de encima para que vengan a disfrutar y no a canalizar sus frustraciones fuera del gimnasio. El 99 por ciento de los casos nos da buenos resultados. Muchos no son boxeadores y no me importa eso, me importa formar personas, tienen que estar preparados para el resto de sus vidas.”

“El reto de un entrenador es enseñar al difícil, nosotros enseñamos Boxeo, no a pelear. Se debe tener disciplina, viveza y la disponibilidad de trabajar. Muchos se van porque creen que vamos a subirlos rápido a tirar golpes y no. Primero los enseñamos a caminar y eso puede durar dos o tres meses. No llevamos prisa; muchos no aguantan y se van a otros gimnasios para pelear en torneos, pero así como se van, desaparecen”, indicó.

“He querido dejar el boxeo, pero no he podido. Van a tener que aguantarme otro rato. Llegan niños chiquitos y comienza de nuevo, me gusta esa responsabilidad, enseñar valores, respeto; tenemos que ayudar a los padres de familia a formar a esos niños en su etapa más difícil”, concluyó.

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