Anoten estos nombres: Jerry Roth y Glen Trowbridge. Son dos jueces residentes en Las Vegas que otorgaron la victoria a Brandon “Bam Bam” Ríos sobre el cubano Richard “El Tigre” Abril el 14 de abril en el Mandalay Bay Events Center de Las Vegas.

Votaron en forma bochornosa para favorecer al indiscutible perdedor del pleito. Solamente porque era favorito. Roth lo hizo 116-112 y Trowbridge 115-113. Por suerte para el prestigio del boxeo había una dama entre los oficiales con más sentido común y honestidad: Adalaide Byrd, quien selló su boleta 117-111 por el caribeño. Esa puntuación se ajusta a la realidad de lo acontecido sobre el cuadrilátero.

Carezco de pruebas para acusar a Roth y Trowbridge de mafiosos o de estar “comprados” para favorecer a Ríos. Pero no tengo ninguna duda que la decisión fue un despojo en toda la extensión de la palabra. Un vulgar robo como se dice en el argot deportivo.

Es bochornoso y degradante para cualquier juez emitir una decisión similar. El abucheo del público fue la mayor prueba del injusto fallo. Más aún cuando Ríos es estadounidense igual que la casi totalidad de los fanáticos presentes en la instalación, aunque muchos insistan en considerar a “Bam Bam” mexicano de pura cepa.

Realmente el combate no tuvo nada de interesante. Fue de principio a fin de constantes agarres, poca técnica y necesarias intervenciones del árbitro Vic Drakulich, quien por cierto insistió en llamarle la atención al cubano Abril y lo hizo en contadas oportunidades a Ríos por entrar con la cabeza en forma peligrosa.

Un solo golpe limpio dio Ríos (30-0-1, 22 KOs) y lo hizo en el primer asalto. Nada más. Buscó desesperadamente al cubano durante los otros 11 asaltos y no pudo conectar porque carece de técnica boxística, defensa y recursos para limitar el desplazamiento de su oponente. Eso sí, es un tren que no se detiene, siempre va hacia delante, pero recibío cuanto golpe desembarcaron los puños de su contrario.

Abril (17-3-1, 8 KOs) había reclamado su derecho al disputar la faja vacante de la división ligera (135 libras) de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Lo hizo cuando su compatriota Yuriorkis Gamboa no se presentó a una rueda de prensa en Miami.

Repitió una y otra vez que era la oportunidad de su vida y no la iba a desaprovechar. Y cumplió. Pegó la casi totalidad de los golpes a partir del segundo round. Se desplazó con cierta elegancia en ocasiones, aunque igualmente entró en los agarres que no le convenían.

Roth y Trowbridge le añaden una mancha a la labor de impartir justicia. Quizás la Comisión de Boxeo de Nevada y las autoridades de la AMB permitan que quede impune el injusto fallo y Ríos continúe invicto en los libros de récord, en tanto Abril tendrá otra raya negativa.

Pero a los ojos de los que vieron el combate, Abril fue el único y verdadero ganador. Ríos recibió un regalo inmerecido y los dos jueces el completo repudio de los amantes del boxeo.

Una lástima que sigan ocurriendo fallos de este tipo que lastran la credibilidad del pugilismo profesional y echan por la borda los sueños de los boxeadores. Un brazo levantado que nunca debió ocurrir.

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