El estadounidense Chad “El Malo” Dawson venció por decisión mayoritaria al veterano Bernard “El Verdugo” Hopkins para arrebatarle el título semipesado del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) el 28 de abril en el Boardwalk Hall de Atlantic City, New Jersey.

Lamentablemente sobre el ring hubo grandes dosis de todo, menos boxeo. Empujones, cabezazos, payasadas de Hopkins sacando la lengua. Y hasta caídas de los dos en agarres propios de lucha libre. Un pobre espectáculo boxístico en un promocionado y mediático pleito.

Dos jueces Steve Weisfeld y Richard Flaherty vieron ganador a Dawson 117-111, pero el otro, Luis Rivera, votó un absurdo 114-114, quizás mostrando su descontento por lo que sucedió sobre el encordado.

Tampoco estuvo bien el réferi Eddie Cotton. Sudó a no más poder durante los 12 asaltos separando a los dos contendientes, pero obvió las peligrosas arremetidas con la cabeza de Hopkins, que pusieron en peligro la anatomía de su rival.

En el cuarto asalto, Hopkins bajó la cabeza y embistió como un toro a Dawson, lo que provocó una larga y profunda herida al lado del ojo izquierdo del más joven contendiente.

Una y otra vez repitió la dosis, sin que fuera amonestado y mucho menos que su proceder fuera sancionado con un punto. El boxeo necesita cambiar. En innumerables combates ya no es el arte de “volar como mariposa y picar como una abeja”.

La cabeza se ha vuelto un arma efectiva. Más efectiva incluso que los puños. Y eso no debe continuar. Los árbitros tienen que imponer su autoridad para que el verdadero boxeo salga a flote. Que las bajezas y los golpes sucios no se impongan como hasta ahora.

“Hopkins es un maestro de los viejos trucos”, dijo John Scully, entrenador de Dawson. “Es casi imposible noquearlo. Pero cuando Chad puso presión, él sabía que lo iba a vencer”.

Ese “maestro de los viejos trucos” se convirtió el 21 de mayo del 2011 en el peleador más viejo en la historia en ganar un título mundial, al imponerse por decisión unánime al canadiense Jean Pascal, en Quebec, Canadá. Con su triunfo sobrepasó a George Foreman, hasta entonces el más añejo en alcanzar una corona en el pugilismo.

Durante 10 años Hopkins se mantuvo como rey del peso mediano, que incluyó 20 defensas del título y victorias sobre Antonio Tarver, Kelly Pavlik, Roy Jones Jr. y Winky Wright, entre otros.

“Dawson puede decir lo que quiera”, había dicho Hopkins. “Pero voy a demostrarle a todos que puedo vencerlo a pesar de que es casi dos décadas más joven que yo, y estoy seguro que así será el 28 de abril”.

“El Malo” Dawson (31-1-0, 17 KOs), fue monarca de la categoría del Consejo Mundial (CMB) y de la Federación Internacional (FIB). Entre sus víctimas aparecen Tarver, Tomasz Adamek y Glen Johnson en par de ocasiones.

Oriundo de New Haven y con 29 años, el único revés de Dawson ocurrió ante el propio Pascal en 2010, pero después derrotó al rumano Adrian “El tiburón” Diaconu por decisión unánime el 21 de mayo de 2011.

Para Dawson significó una victoria y un título pálidos. Para Hopkins, seguro Salón de la Fama, el revés le anunció que ya es la hora del inevitable retiro. Sus ardides y viejos trucos ya no le sirven, aunque los árbitros se hagan de la vista gorda

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