chaves pikset8Promocionado como ¿La Pelea del Siglo?, el enfrentamiento entre Junior Chávez y “Maravilla” Martínez del 15 de septiembre en Las Vegas tiene aristas fuera del ring que lo igualan a peleas callejeras, de bajo mundo, donde prevalecen ofensas, insultos y obscenidades.

No hay dudas que se trata de un recurso que lejos de iluminar el entorno del Arte de Fistiana, le otorga vulgaridad, ramplonería, pero que lamentablemente crea una aureola de interés en el público, atrae a los patrocinadores y desemboca en grandes bolsas de la que se nutren los cercanos al “acto circense”, mal llamado cartelera de boxeo.

Marcado con el estigma de que solo enfrenta a bultos y es protegido por la aureola de su padre, el Junior Chávez (46-0-1, 32 KOs) expondrá por cuarta ocasión su título mediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), aunque es la primera vez que lo hace ante un rival de la alcurnia del sudamericano.

Durante semanas los futuros contendientes se han acribillado con frases hirientes, irrespetuosas y del más bajo talante. Un verdadero bochinche, carente de educación y ética, que se ha vuelto cotidiano en el pugilismo por encima de la rivalidad.

Para enrarecer aún más el ambiente, también Julio César Chávez padre, conocido como La Leyenda mexicana, se ha sumado al carrusel de ofensas, lógicamente contra “Maravilla” Martínez y en apoyo a su ya ilustre vástago.

“Le vamos a patear el trasero”, dijo con total desenfado Chávez. “Mi hijo es más fuerte, más joven y su contrario no tiene pantalones. Todo el mundo sabe que sus peleas nadie las ve y (Antonio) Margarito le partió la madr…”.

La Leyenda afirmó que “Julito va perfecto de peso y tratando de corregir errores”. Precisó que su hijo está en el mejor momento de su carrera y tiene mucha motivación para el combate, aunque reconoció que “es una pelea difícil, bastante complicada”.

Como prueba del interés que envuelve al pleito, los organizadores aseguran que más de un millón y medio de espectadores respaldarán el llamado “pago-por-evento”, en tanto unos 15.000 espectadores abonarán su entrada en el Thomas & Mack Center, de La Ciudad del Pecado.

Más allá del puritanismo de este redactor, no hay dudas que el brete vende. ¿O no?

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