nonitoarce pikdic172012Todo tiempo pasado fue mejor. De ser cierto seguiríamos aferrados a la hoja de parra. Pero nada en la vida es absoluto y en el boxeo, esa máxima de la sapiencia popular, tiene total e indiscutible vigencia. Aunque ahora corran millones y el alcance de los medios permita que en el más recóndito lugar se conozca a los “héroes” modernos del Arte de Fistiana.

En el pasado no era así. No es secreto que la potencia de los medios de comunicación era limitada en comparación con el presente y tampoco las bolsas en los combates alcanzaban las cifras astronómicas de hoy. Pero entonces habían posturas que engrandecieron al deporte y que hoy apenas existen: respeto por la afición y valentía a toda prueba.

No es mera retórica; ¿se imaginan a Joe Fraizer, indiscutible campeón mundial en los pesos pesados entre 1970 y 1973, rehuyéndole pleito a Muhammad Ali o George Foreman? 'No esos chicos no venden. Prefiero a cualquiera, pero a ellos no', pudo haber dicho.

¿Cómo hubieran titulado los medios de la época?

Sin embargo, como campeón que era, Frazier aceptó el reto de esos dos monstruos en ascenso.

Hoy es común ver a un supuesto campeón mundial rehuir pelea y escoger rivales. Sin dar muchas vueltas, su nombre es Nonito Donaire (31-1-0, 20 KOs) y es filipino. Los medios especializados, y recientemente el peleador mexicano Jorge “El Travieso” Arce, lo venden como el mejor supergallo del mundo.

¡Pamplinas! Un verdadero campeón no le teme a nada ni a nadie. En otras circunstancias no se cuestionaría su jerarquía. Pero le tocó coincidir en tiempo y espacio con el cubano Guillermo Rigondeaux (11-0-0, 8 KOs), doble campeón olímpico. Y la duda siempre estará latente hasta que se aclare en el único lugar posible: el ring.

Nonito teme. No existe otro argumento deportivo para justificar que, tras noquear el pasado sábado a Arce en el Toyota Center de la texana ciudad de Houston, haya escogido -ante la insistencia de los reporteros que le preguntaban sobre si su siguiente pelea sería contra Rigondeaux o Mares- al mexicano Abner Mares (21-0-1, 13 KOs), monarca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

Esa selección era de esperarse. ¿Quién es Abner Mares? Un buen peleador que es campeón mundial y tuvo un pasado amateur discreto. Su mejor virtud es ser mexicano y por consiguiente, el posible encuentro tiene garantizado enormes niveles de audiencia. No es secreto que los principales consumidores y seguidores de esta disciplina tienen raíces aztecas.

¿Y quién es Rigondeaux? Dice el entrenador Freddie Roach, que guia desde la esquina al mejor boxeador filipino de la historia: Manny Pacquiao, y preparó a la leyenda mexicana del pugilismo: Julio César Chávez, que Rigondeaux es el púgil más talentoso que ha conocido en su carrera.

Lo dice Roach, miembro del Salón de la Fama. No lo dice un cubano. El Chacal, nombre de guerra en el profesionalismo, se dio a conocer en los Juegos Olímpicos de Sydney. Entonces, con 19 años, se convirtió en rey de la división de 54 kilogramos. Solo fue el comienzo. A partir de ahí ganó todos los títulos posibles de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA).

Por cierto, y a modo de incidental, ese organismo le coloca a la misma altura de los tres más grandes boxeadores amateurs de todos los tiempos: el húngaro Lazlo Papp y los cubanos Teófilo Stevenson y Félix Savón. Su récord entre aficionados fue de 243 victorias y cuatro derrotas.

En el boxeo de paga tampoco sus logros se han hecho esperar. En su séptimo combate se convirtió en monarca interino de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Y en el siguiente ya era titular absoluto, condición que ha defendido con éxito en dos oportunidades.

Ante las credenciales de Mares y Rigondeaux. ¿A quién debería escoger el filipino Nonito Donaire para demostrar verdaderamente que es el número uno? Yo lo tengo claro.

¿Y usted?

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