arum pikenero252013El promotor Bob Arum tiene mucho de qué abochornarse. Por “lenguasuelta”, “metepatas” y falta de ética hacia el cubano Guillermo Rigondeaux, quien durante su vida, repito, toda su vida, ha hecho diferencia con la gran mayoría de los púgiles por su forma respetuosa de dirigirse a rivales, técnicos y dirigentes.

Desde que “Rigo” debutó con 16 años representando a su natal provincia de Santiago de Cuba en el campeonato de mayores de la isla, no recuerdo una sola frase hiriente, burlona o irrespetuosa hacia los vinculados a su entorno boxístico.

“El Chacal” Rigondeaux ha fomentado su carrera a base de sacrificio, voluntad y perseverancia, que con sus virtudes personales para el pugilismo le permitieron ascender hasta la cima del mundo amateur con títulos olímpicos y mundiales.

Zurdo de excelente esquiva, rapidez de movimientos y demoledora pegada en ambas manos, Rigondeaux (11-0-0, 8 KOs) también conquistó la faja profesional en la división supergallo de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Necesitó pocos combates para escalar al primer plano del deporte rentado y día con día pide enfrentarse al filipino Nonito Donaire y al mexicano Abner Mares, dos extraclases, para dilucidar quién es el mejor boxeador de las 122 libras.

Pero al señor Bob Arum, empresario y dueño de la promotora Top Rank se le soltó la lengua intentando hacer un chiste de mal gusto, en una entrevista del colega Nestor Gibbs del sitio “Thaboxingvoice.com”.

“¿Qué tendría que hacer Guillermo Rigondeaux para ser famoso?”, preguntó Gibbs.

Y sin el menor pudor por el pequeño gladiador cubano, que nunca le ha dirigido una frase hiriente, respondió: “Rigondeaux solo sería famoso si Fidel Castro viene a este país y co-promociona su carrera”.

¡Tamaña estupidez no debía salir de la boca de un alto dirigente como Arum!

Si Rigondeaux es tan insignificante como alega Arum y que también el “Flash” Donaire ha calificado de aburrido y de poco nivel, la solución es sencilla: derrótenlo sobre el ring y se acabaron las especulaciones.

No solo es Rigondeaux el que exige unificar las coronas. También lo hacen muchos cronistas, entrenadores y medios vinculados al boxeo. Es sobre el cuadrilátero donde los guerreros demuestran su valía. No con palabras, sino con los guantes.

Cualquiera (y me incluyo) le hubiera respondido en forma enérgica al penoso comentario de Arum. Sus palabras son un insulto de muy mal gusto.

Pero Rigondeaux apegándose más a la ética que el señor Arum se limitó a decir: “No es la primera vez que hace un chiste de ese tipo. Él dice eso para sacarme de paso y desconcentrarme, pero no lo va a lograr”.

Una persona de honor se retractaría y ofrecería disculpas públicas a un púgil que solo intenta demostrar su dominio en el Arte de Fistiana.

¿Se disculpará Arum? Tendrá suficiente pundonor para reconocerlo Lo dudo. El dinero hace perder la humildad y el respeto hacia los menos favorecidos.

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