Omar HenryOmar Henry soñó como cualquier boxeador. Quizo ser campeón. No pudo. Aspiró a lo más sencillo, llegar hasta los 26 años, cuando todavía hay un largo trecho de ambiciones y deseos. Tampoco pudo. La muerte lo sorprendió antes de cumplir los más elementales sueños.

Henry falleció el 1 de febrero, siete días antes de su 26 cumpleaños, después de una larga batalla contra un injusto cáncer que se alojó en la vesícula y lo devoró en poco más de tres meses.

Tenía previsto un combate en noviembre y días antes se sintió mal. Como correspondía, hizo la visita al médico y el resultado de los exámenes dejó estupefacto a todos: cáncer en la vesícula biliar. El resto de su corta existencia, hasta su deceso, lo pasó en el Centro Médico de la Universidad de Chicago.

Pero si sorprendente fue la inesperada y fulminante enfermedad, tanto o más impactante resultó la fortaleza emocional de Henry, quien estuvo firme y sereno hasta el final de sus días.

“Tengo exactamente menos de un mes hasta mi 26 cumpleaños el próximo 8 de febrero”, dijo en en su página de Facebook. “Espero poder vivir para verlo. He estado recibiendo mucho apoyo de todo el mundo en esta batalla contra el cáncer. Muchas gracias. Voy a seguir luchando por todos nosotros”.

A pesar de toda su entereza moral y espiritual, Henry no pudo ganarle la lucha al cáncer. Toda pérdida humana, es dolorosa. Más aún cuando se trata de un joven, fuerte, hasta entonces saludable y con una prometedora carrera en el boxeo por delante.

En el campo amateur Henry conquistó 60 triunfos con cinco derrotas. Debutó como profesional el 18 de julio de 2008 con un nocaut en el primer asalto a Terence Anderson en la Reliant Arena de Houston, Texas.

Hasta su fallecimiento, ganó los 12 combates que efectuó y diez finalizaron por la vía del cloroformo. Sin saberlo se despidió de los encordados con un triunfo unánime ante Tyrone Selders el 26 de junio del pasado año.

Tan impresionante resultó su paso por los escenarios boxísticos que varias publicaciones lo reconocieron como el prospecto número uno del pugilismo de los últimos tiempos. La impotencia nos corroe a todos con muertes como la de Henry.

Descanse en paz..

Comenta sobre este articulo