Donaire vs RigondeauxSolo bastó una noche para que el cubano Guillermo Rigondeaux ascendiera a la cúspide del boxeo mundial. Treinta y seis minutos en los que disertó con sus habilidades ante el filipino Nonito Donaire, hasta entonces catalogado como el quinto mejor libra por libra del pugilismo actual.

Pocos reconocían la trayectoria amateur del “Chacal” cubano. Subestimaban sus resultados de doble monarca olímpico y también con par de coronas mundiales en el campo aficionado. Quizás olvidaban que Mohammed Alí y Oscar de La Hoya ascendieron al trono en los Juegos Olímpicos de Roma-60 y Barcelona-92 y después reinaron en el profesionalismo.

Nonito (31-2-0, 20 KOs) también cayó en el error de minimizar con sus palabras al caribeño, aunque no faltan quienes aseguran que lo evadió durante meses porque había observado los videos del “Chacal”.

En ocasiones lo tildó de exhibir un boxeo monótono, carente de brillo. También que estaba lejos de su nivel y más reciente que la posibilidades de triunfo de su contrincante eran limitadas porque el mundo profesional es diferente al amateur.

Es cierto que la casi totalidad de las variables favorecían al astro tagalo: estatura, alcance, experiencia, peleas por título mundial, resultados, e incluso la edad, pues es dos años más joven que el zurdo cubano.

Pero cuando hay calidad, entrega y dedicación, el boxeo es uno solo. Rigondeaux también lo demostró el 13 de abril en el histórico Radio City Music Hall, de Nueva York, donde unificó su faja de la Asociación Mundial (AMB) con la de Donaire de la Organización Mundial.

Ahora Rigondeaux, con 32 años, y solo ¡12 ¡ peleas en el boxeo de paga, es el supercampeón de las 122 libras. Los tres jueces lo vieron ganador, aunque uno de ellos, John Stewart, dio un fallo de 114-113 que no se ajusta a lo acontecido sobre el ring, apoyándose solamente en que Donaire era amplio favorito.

Con rápidos movimientos de piernas y torso, velocidad de manos y exquisito contragolpeo, Rigondeaux disertó en técnica boxística. Parecía que Nonito boxeaba contra una sombra que se movía a sus anchas y no podía ser tocada con golpes fuertes.

La célebre frase de Alí tomó fuerza y se instaló en el cuadrilátero: “moverse como mariposa y picar como una abeja”. Ese fue Rigondeaux a lo largo de los 12 rounds. Un artífice del contragolpe. Un guerrero con respeto incondicional a las exigencias del entrenamiento, de la táctica y de su estilo.

Solo un golpe sólido pudo conectar Donaire, que hizo caer a Rigondeaux a la lona en el décimo asalto. Pero lejos de amilanarse, el “Chacal” vino con más ímpetu y ganó los dos episodios finales. Más aún los mejores impactos los propinó en el capítulo de cierre, cuando el ojo derecho de Nonito quedó en malas condiciones.

El boxeo es arte. Su esencia es pegar y evitar ser golpeado. En eso Rigondeaux demostró que es un maestro. Y ahora por derecho propio tendrá que ser ubicado entre los mejores libra por libra del mundo.

“Pienso que hay que buscarme un huequito al lado de (Floyd) Mayweather”, dijo sonriente Rigondeaux al concluir el combate. Ciertamente, el cubano ganó en Nueva York el derecho de ser incluido entre los más sobresalientes púgiles de la actualidad.

Porque ganarle en forma inobjetable a Donaire, un peleador de grandes virtudes que acumulaba 30 victorias y no conocía del revés en los últimos 12 años es una hazaña que merece el mayor de los reconocimientos.

Con su exquisita pelea ante el “Flash filipino”, el zurdo Rigondeaux rompió mitos y se ganó un puesto en la cima del llamado Arte de Fistiana. Ahora dejó poco espacio a las dudas.

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