julio cesar ch jr Haciendo un exquisito uso del refrán español “Donde dije digo, digo Diego”, el púgil mexicano Julio César Chavéz Jr. y su padre han dado marcha atrás a las declaraciones previas y ahora anuncian a los cuatro vientos que estarán de nuevo juntos para el combate ante Brian Vera, el 7 de septiembre, en el Staples Center, de Los Ángeles, California.

Por supuesto que al Junior lo asiste el derecho de elegir a quien considere para que lo ayude en la preparación y durante el combate. Más aún si se trata de su padre, una leyenda viviente del boxeo y para muchos el mejor boxeador en la historia con sangre mexicana.

Esa es una arista que no se puede cuestionar. Pero lo que resulta contraproducente y hasta poco serio (algunos pensaron que se trataba de una broma), es que pocos días antes padre e hijo declararon, que existían sólidos obstáculos para alcanzar una relación consecuente desde el punto de vista profesional.

“Mi padre ya no seguirá más en mi esquina”, dijo recientemente Chávez Jr. al diario mexicano “El Universal”. “Hemos llegado a un acuerdo para vernos solo una vez por semana, porque es muy difícil llevar esa relación familiar y profesional al mismo tiempo”.

Resultó comprensivo el acuerdo. Tras el revés del Junior frente al argentino Sergio “Maravilla” Martínez el 15 de septiembre, que le costó el cetro mediano del Consejo Mundial (CMB), La Leyenda y su primogénito se lanzaron críticas de todo tipo.

Para colmo de males, Chavéz Jr. dio positivo a marihuana, fue sancionado durante nueve meses de los escenarios competitivos y además tuvo que pagar una multa de la bolsa obtenida en el combate.

Por aquellos días el padre rechazó la forma y los horarios de entrenamiento de su hijo, en tanto el mayor de los hijos refutó “la intromisión” del experimentado guerrero en su campamento.

“Nunca dejará de ser mi padre y nos tenemos cariño”, añadió. “Pero es algo que sentimos nos hará bien para progresar en mi carrera. Tengo muchas ganas de madurar y crecer y esto nos va a ayudar a ambos”.

Por su parte, Chávez padre, quien cumplió 51 años el 12 de julio, también anunció de la separación a través de las redes sociales.

“Les informo, la relación (con Chávez Jr) está mejor que nunca”, aseguró en su cuenta de Twitter el ganador de cinco títulos mundiales y considerado el mejor boxeador en la historia del boxeo mexicano. “(El anuncio de la separación) se refiere a lo profesional. Consejos como padre, siempre se los puedo dar. Confío en él”.

Pero en un cambio de actitud, La Leyenda señaló en las últimas horas que “le puedo aportar mucho más desde abajo (del ring). Él ha dicho que lo presiono y tiene razón, pero le puedo aportar con mi experiencia, debo prepararme mentalmente, pues es mi hijo”.

Y la unión de los Chávez recibió el beneplácito de José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial (CMB), quien cuando se trata del Junior Chávez todo lo ve a través de un prisma positivo.

“Es una buena decisión que su padre se quede como el más cercano consejero del hijo”, dijo Sulaimán. “No puede tener mejor consejero que su padre”.

Pero a continuación el veterano directivo del CMB reconoció que “a veces las relaciones padre-hijo fallan en el boxeo y en el deporte en general porque es imposible apartar los afectos y el cariño”.

“No es la mejor fórmula que los padres estén en la esquina de los hijos”, afirmó Sulaimán, aunque estimó que en el caso de los Chávez podría darse la excepción de la regla”.

El tema en cuestión no es solamente si la dupla de los Chávez funciona desde el punto de vista deportivo. Más allá de eso está lo superficial de las decisiones que toman, pues un día pregonan la separación y casi de inmediato deciden unirse. Temas de esa índole debían ser analizados y discutidos en profundidad antes de darlos a conocer públicamente. Es lo medular del asunto.

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