Eliecer CastilloCasi ningún cubano desea enfrentar a otro compatriota. Pero como no hay regla sin excepción los pesos pesado Eliecer Castillo y Sullivan Barrera chocarán el 14 de diciembre en el hotel Four Ambassadors, de Brickell, en Miami.

Púgil ya en el ocaso de su carrera y con innumerables traspiés en la vida personal, el “balsero” Castillo, de 43 años, pondrá a prueba su experiencia ante el invicto Barrera, de 31, pero con solo nueve pleitos en las filas rentadas, seis finalizados antes del límite.

“Los cubanos no quieren enfrentarse entre ellos”, dijo Iván Feris, presidente de la compañía Pintoso Box, quien organiza el cartel en Miami, donde participarán cinco cubanos, frente a adversarios de otras nacionalidades, salvo el Castillo-Barrera.

Castillo (31-7-2, 17 KOs) es ajeno a la premisa de sus coterráneos de evitar enfrentarse sobre el cuadrilátero. Como prueba de ello, recientemente lanzó encendido reto al campeón olímpico Odlanier “La Sombra” Solís.

“Quiero pelear con Odlanier Solís, que para mí no es ningún peleador”, expresó Castillo blandiendo el hacha de la guerra. “Él apenas es un amateur con un récord inflado y no tiene nada”.

Después de abandonar Cuba en una balsa en 1994, Castillo debutó en las filas rentadas con victoria por nocaut técnico en el primer asalto ante el estadounidense Kerrys Parks, el 20 de febrero de 1996, en Miami Beach. A partir de ahí logró una racha de 13 triunfos consecutivos.

Pero el estadounidense Chris “Rapìd Fire” Byrd, le hizo conocer el mal sabor de la derrota, al derrotarlo por unanimidad el 30 de mayo de 1998 en Atlantic City, Nueva Jersey.

En los siguientes cuatro años, alcanzó 10 victorias y dos empates. Nuevamente mordió el polvo del revés por fallo unánime ante el estadounidense Charles Shufford, el 13 de octubre de 2002, en Choctaw, Mississippi, donde disputaron el título pesado de la Asociación Internacional (AIB) de América.

Con posterioridad, los éxitos se dieron la mano con los fracasos. Quien parecía un púgil llamado a empeños mayores, enrumbó un camino descendente, plagado de problemas, tanto personales como con sus allegados del boxeo.

“Mi carrera se apagó por problemas que tuve con contratos, mánagers que no hicieron nada por mí. Mi carrera al principio era brillante, pero luego todo se complicó”, expresó Castillo al diario “El Nuevo Herald”. “Recuerdo que ganaba peleas eliminatorias para ir por un título, pero el chance real nunca llegaba. Me decepcioné y me tomé un tiempo”.

El experimentado peleador reconoció que dio tumbos por la vida, debido a las amistades y a su actitud desafiante a las exigencias del entrenamiento. Igualmente afrontó problemas con su pareja…

“Cometí errores al elegir a la gente a mi alrededor”, afirmó. “No tuve buen asesoramiento. También pasé por un divorcio, problemas humanos…cosas que pasan, uno comete errores porque es joven”.

De inmediato Castillo volvió a la carga para retar a Solís.

“A los managers de Solis les digo que me den un chance de pelear contra él, para que sepan lo que es un guerrero”, añadió. “En el boxeo profesional estoy 100 mil pasos por encima de Solís. Él no ha peleado con nadie y se lo digo en su cara”.

Aunque no peleaba desde octubre de 2009, cuando cayó por fallo unánime ante el zurdo estadounidense Charles Davis, en Orlando, Florida, Castillo se impuso por unanimidad en cuatro asaltos al también norteño Marlon Reyes, el 22 de noviembre en Ocala, Florida.

El triunfo no tiene nada de relevante, pues Reyes es un boxeador de la división pesada que acumula nueve reveses sucesivos.

“Todo el mundo me conoce. Yo vine en balsa, remando 13 días. No vine como Solís en un avióncito, que le pusieron el dinerito en la mano y la comida en la boca”, añadió en furibundas palabras contra “La Sombra”. “Yo me fajé con los tiburones y me batí en Guantánamo. Soy un hombre inteligente, no soy un hombre bruto”.

Reconocido como un buen peleador en la división semipesada, Barrera no combate desde hace casi dos años. En su último ascenso al ring se impuso por unanimidad al entonces invicto estadounidense Damar Singleton, el 21 de enero de 2012, en Filadelfia.

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