PacquiaoMayweather 31012014 f29f1Pocos desearían tanto como yo comenzar este artículo con el clásico inicio de una nota informativa, algo al estilo de: ya es un hecho, el día y mes tal, de 2014, en Las Vegas, Nueva York, Manila -o donde sea que prefieran-, Floyd Mayweather Jr. (45-0, 26 KOs) y Manny Pacquiao (55-5-2, 38 KOs) rivalizarán por primera vez en un cuadrilátero. Sin embargo, esta oración se mantiene como una de las grandes utopías del boxeo moderno. Todo gracias a Mayweather, Pacquiao… y compañía.

Asumir la posición de sus vehementes fanáticos sería engañarnos, subestimando el más mínimo sentido común. Los parciales del púgil estadounidense esgrimirán que las exigencias de “Money” fueron legítimas, en 2010, cuando demandó como condición para efectuar el pleito que ambos se sometieran al sistema olímpico de pruebas antidopaje aleatorias. Argumentarán que sus sospechas –y las de otros boxeadores- tenían algún fundamento, y que Pacquiao “andaba en algo” que propiciaba su continuo ascenso en la báscula conservando el poder de su pegada. Dirán que en 2012, previo a la debacle de Pac-Man ante Juan Manuel Márquez en diciembre, Mayweather le garantizó 40 millones por pelear con él, y que el congresista filipino rechazó la oferta, aunque después se embolsó mucho menos (unos 30 millones) por su combate con el mexicano. Ahora, ni pensar en una división de los ingresos que no sea 70-30 o 75-25% a favor del indiscutible rey “libra por libra”. Igualmente se abordará el tema “Bob Arum” como agravante, por su conflictivo pasado con Floyd, y hasta se sugerirá que no hay trato con Pacquiao a través de Top Rank Promotions. Además, los problemas de “Pac-Man” con el fisco en su país… en fin, la lista sería interminable, mil razones podrán dar, y no terminarán de convencernos.

Lo mismo del lado de Pacquiao: que si ya superó su miedo a las agujas y está dispuesto a someter su sangre a rigurosos controles de dopaje; que en 2010, 2011 e inicios de 2012, merecía una división del 50-50 de las ganancias por la pelea, aunque aceptó un 40-60 en su contra; y que ahora, acceder a que el estadounidense corra con la mejor parte del botín es una cosa, pero sólo el 25 o 30% rozaría la humillación, pues sigue siendo Pacquiao la segunda mayor atracción en las marquesinas boxísticas. Por supuesto, no se pasará por alto en los argumentos pro-Manny, que Mayweather elige a sus rivales con suma cautela, temeroso de afectar su incólume récord, y que no ha querido arriesgar su estatus de “Pretty Boy” con una golpiza como las que recibieron Oscar de la Hoya, Ricky Hatton, Miguel Cotto o Antonio Margarito. Por último, saldrá a relucir la reciente oferta del ídolo tagalo, de convertir la refriega en evento caritativo, todo un alarde que no creo se haya pensado dos veces, mucho menos que consiga la aprobación de Arum y, sobre todo, el consentimiento de su esposa, “Jinkee” Pacquiao (madre de sus cuatro hijos).

Los argumentos en favor de uno u otro bando no maquillan la realidad: la primera prioridad de Mayweather y Pacquiao no es el deseo de la afición.

A inicios de 2010 y tras el regreso de Floyd en septiembre de 2009, el Mayweather-Pacquiao (o Pacquiao-Mayweather, porque éste también fue un obstáculo en las negociaciones) estaba llamado a convertirse en la pelea de la década y unas de las más importantes en la historia del pugilismo, el choque donde se determinaría al indiscutible número uno universal “libra por libra”, y tal vez una suerte de evento mesiánico que regresaría al boxeo, como deporte, a planos más estelares (en medio del auge de las artes marciales mixtas, y especialmente la expansión internacional de su principal promotora, UFC). En 2010, 2011 y 2012, era el combate llamado a destrozar todos los récords de teleaudiencia y recaudación vía pago por evento (pay-per-view), cuando ambos se mantenían invictos (Pacquiao no perdía desde marzo de 2005), en el Olimpo de sus carreras, y vencían convincentemente a contendientes de primera línea, Manny destruyéndolos con sus combinaciones demoledoras, y Floyd ridiculizándolos con su depurada defensa.

El fulminante nocaut de “Pac-Man” ante “Dinamita” Márquez complicó aún más la posible pelea, y a pesar de que el filipino regresó a la senda del triunfo en noviembre de 2013, frente a Brandon Ríos, sería prematuro asegurar que la mejor versión de Pacquiao está de vuelta. La polémica sobre quién es el número uno de esta generación de pugilistas va perdiendo relevancia. “Money” Mayweather es hoy el indiscutible líder del ranking “libra por libra”, recién elegido como “Boxeador del Año 2013”. Pero en su legado, aunque consiga retirarse invicto, siempre quedará un gigante signo de interrogación por no haber hecho más por cruzar guantes con Pac-Man -si definitivamente esto no termina ocurriendo.

En 2014, el “Mayweather-Pacquiao”, aunque no es ni la sombra de lo que pudo ser en los años previos, todavía encabeza la lista de las peleas más demandadas por los aficionados. Ya ambos tienen cita para la primera parte del calendario. Pacquiao (35 años) se verá las caras con Timothy Bradley (31-0, 12 KOs) en una revancha atractiva, pero que nunca debió ocurrir. En la primera pelea entre ambos, en junio de 2012, sólo dos seres humanos –jueces-, dentro y fuera del encordado, vieron vencer al norteamericano. El propio Bradley, en entrevista concedida en el ring tras el anuncio del veredicto, en medio de los abucheos, mostró su escepticismo por el resultado y reconoció contrariado que necesitaba ver el vídeo del combate para poder dar su propio fallo. Fue un despojo absurdo y la principal justificación del “Pacquiao-Bradley 2”.

Pero si el próximo oponente del filipino tiene algún sentido, el que parece será el de Mayweather carece de toda lógica. ¡Amir Khan!: tiene que ser una broma de mal gusto. Con todo el respeto que merece cada uno de los mortales que escala a un cuadrilátero de boxeo, y en este caso, quien decide hacerlo para enfrentar al número uno “libra por libra”, Khan (28-3, 20 KOs) no tiene ninguna opción de victoria frente a “Money”, ni en el supuesto caso que se alineasen todos los astros, dejaría de ser éste un enfrentamiento más que predecible. Son dos las buenas noticias para el británico a las puertas de una nueva humillación. La primera, que se embolsará la mejor paga en una carrera boxística que ha coqueteado con el retiro. La segunda, que Mayweather (36 años) lo tiene todo menos una gran pegada, un alivio para el frágil mentón de Khan, quien ya cayó por la vía del cloroformo ante Breidis Prescott (26-5, 20 KOs) y Danny García (27-0, 16 KOs), y fue puesto en malas condiciones por Marcos Maidana (35-3, 31 KOs). “Money” lo hará lucir terriblemente mal, como el púgil clase-B que es, pero no lo llevará a la lona, al menos no en los primeros rounds.

En un mundo ideal, Manny Pacquiao y Floyd Mayweather serían dos boxeadores, los mejores de su generación, que para los tiempos que corren (2014) estarían enfrascados en una trilogía épica. En el nuestro, son, además de dos púgiles excepcionales, un par de multimillonarios que escalan al ring por sueldos astronómicos de no menos de 8 dígitos la noche, y que basan sus decisiones en las proyecciones de teleaudiencia, marketing, y todo lo relevante desde el punto de vista financiero, y después, en el deseo de la afición que miraría con indiferencia esos salarios ridículos y pagaría por el evento -en HBO o Showtime- con tal de verlos pelear.

Todavía creo que (in)felizmente Mayweather y Pacquiao medirán fuerzas en un mismo ring, pero venidos a menos, mermadas sus habilidades, tal vez a finales de 2015, o en 2016, protagonizando un espectáculo que resultará familiar. Después de todo, ya estamos acostumbrados a las largas esperas. “Sugar” Ray Leonard y Roberto “Manos de Piedra” Durán, nos hicieron aguardar más de 9 años (al punto que casi exclamamos, “No más”), antes de ser testigos del desempate en su duelo personal. Ni hablar de Roy Jones Jr. y Bernard Hopkins, 17 años a la espera de lo que fue una deslucida revancha entre dos cuarentones que exhibieron muy poco –o nada- de su otrora jerarquía.

La posibilidad de que “Pac-Man” ponga punto final a sus vínculos contractuales con Top Rank, ahora que el acuerdo está a punto de expirar, abre una puerta en el lejano horizonte a la materialización del Mayweather-Pacquiao. Por el momento, son más las probabilidades de ver cruzar guantes en 2014, a cualquiera de los dos –ya sea “Money” o “Pac-Man”- con Wladimir Klitschko.

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