hermanos kameda2182013 ff9cbKoki, Daiki y Tomoki Kameda hicieron historia en 2013, cuando se convirtieron en los primeros –y únicos– tres hermanos, en la historia del pugilismo moderno, que han ostentado cinturones mundiales simultáneamente, una hazaña que les mereció incluirse en el Libro Guinness de records. El año pudo ser perfecto, con un inmaculado balance de 10 victorias para el trío Kameda, si no fuera porque el pasado 3 de diciembre, en Osaka, el venezolano Liborio Solís le amargó la celebración a la familia con un triunfo por votación dividida ante Daiki.

Para suerte del hermano del medio, el de Maracay llegó con tres libritas de arepas de más a la báscula (¿Convidado de Miguelito Cabrera y su gula de pretemporada? Probablemente), y aunque lo intentó, Solís no consiguió marcar las 115 establecidas, con lo cual fue despojado de su título de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) antes de entrar al ring, mientras Daiki retuvo, a pesar de la derrota, su cetro supermosca versión Federación Internacional (FIB).

Pero aquella noche adversa, que apuntaba a convertirse en solo un revés más a la cuenta de Daiki “Benkei de Osaka” Kameda (29-4, 18 KOs), ha tenido implicaciones mayores. El pasado 7 de febrero, la Comisión Japonesa de Boxeo (JBC por sus siglas en inglés) determinó anularle la licencia al Kameda Gym, decisión que coloca a los tres hermanos ante dos únicas alternativas: boxear en el extranjero, o ponerse en manos de otro gimnasio –y promotor– con sede en el país, para poder continuar rivalizando en el territorio insular.

En Japón, los boxeadores rentados deben estar bajo contrato de un manager registrado por la JBC, y además, pertenecer a un gimnasio que posee los derechos exclusivos sobre el púgil como miembro de la Asociación Japonesa de Boxeo Profesional.

Las autoridades boxísticas japonesas argumentaron que la pobre organización de la pelea de unificación entre Daiki y Solís, sumada a otras irregularidades en aquella cartelera de Osaka y en la de septiembre, en Kagawa (cuando Daiki venció a Rodrigo Guerrero por el vacante fajín supermosca de la FIB), condujeron a la suspensión del Kameda Gym, hasta tanto la JBC confirme que la administración del recinto ha mejorado, y ambas partes recuperen la confianza mutua perdida. Shinji Yoshii, propietario del gimnasio, y Satoshi Shima, su mánager, quedaron de esta forma fuera del negocio del pugilismo hasta nuevo aviso. Y entre razones un tanto vagas, de “desconfianza” e “irregularidades”, lo que sí quedó claro fue lo siguiente: sin cuartel general en Japón, los Kameda dicen por ahora “sayonara” a los encordados de la tierra del sol naciente.

La medida no supondría un gran golpe para los oriundos de Osaka si no fuera por el hecho de que los púgiles japoneses pocas veces arriesgan sus títulos fuera de casa. De los tres Kameda, solo el menor es la excepción, una suerte de “rara avis” no sólo en la familia, sino también en la nación. Tomoki (29-0, 18 KOs) ha efectuado 17 de sus 29 peleas profesionales en ultramar, 16 de ellas en México: no en balde le apodan “El Mexicanito”. El benjamín de la familia, de 22 años, se convirtió el pasado 1 de agosto de 2013, en la ciudad Filipina de Cebu, en el décimo boxeador rentado japonés que se corona monarca del orbe fuera del archipiélago en la historia del deporte en el país (de un total de 76 que se han ceñido fajas mundiales).

Sus hermanos son más fieles a la tradición de no jugársela en corral ajeno: Koki (32-1, 17 KOs), de 27 años, solo ha pisado cuadriláteros extranjeros como profesional en 3 de sus 33 pleitos; Daiki (25 años), quien al parecer es el más nostálgico –o cauteloso– del trío, en una solitaria ocasión, de 33, hizo las maletas, cuando fue al estado mexicano de Quintana Roo.

Por estas cosas de la vida, o ironías del boxeo, quienes pagan los platos rotos son precisamente los dos que han convertido a los Kameda, con sus reiteradas extravagancias dentro y fuera de las 16 cuerdas, en sinónimo de “bad boys” (chicos malos) en Japón: Koki y Daiki.

El historial de incidentes lamentables de este dúo se remonta a los inicios de sus carreras. En 2005, en su pelea contra el tailandés Wanmeechok Singwancha, por el título mosca (112 lb.) de la Federación Oriental y del Pacífico de Boxeo, Koki (que saltó al profesionalismo en 2003) ofreció una de sus primeras disertaciones de excentricismo y mala conducta. Después de llevar par de veces a la lona al campeón defensor, Singwancha, el japonés comenzó a insultarlo con vulgaridades que sonrojarían al mismo Ricardo Mayorga.

En 2007, fue el turno de Daiki para mostrar sus aptitudes de “bad boy”, en combate ante su coterráneo, Daisuke Naito, quien exponía su cetro universal mosca, versión Consejo Mundial (CMB). En el último round y sabiéndose virtualmente derrotado en las tarjetas de los jueces, Daiki comenzó a emplear dentro del encordado toda suerte de ilegalidades, incluyendo técnicas de artes marciales mixtas (codazos, intentos de derribo, etc), que obligaron al referí a penalizarlo con 3 puntos. Tras el incidente, la JBC suspendió un año a Daiki e indefinidamente al entrenador y padre de los hermanos, Shiro Kameda, cuando se comprobó que fue él, desde la esquina, quien dio las instrucciones para que su hijo comenzara a boxear sucio. Aunque también incitó a su hermano a valerse de tácticas antirreglamentarias, Koki salió ileso, con un benigno regaño de la JBC.

La lista de extravagancias de ambos da para más, incluyendo la promesa de Koki, antes de medirse a Naito en 2007, de recurrir al seppuku si caía derrotado. Pero para hacer honor a la brevedad y no alargar este recuento (expuesto lo que se perseguía), digamos como atenuante que la falta de madurez de los dos Kameda dentro y fuera de los encerados tiene una explicación lógica.

En pocos casos se pone de manifiesto tan claro como en éste, el viejo refrán: “de tal palo, tal astilla”. Papá Kameda habrá sido muy estricto en la enseñanza a sus hijos del arte del pugilismo, pero desestimó una lección fundamental, la camaradería y el respeto al contrincante. Shiro ha protagonizado numerosos eventos bochornosos, el más –tristemente– célebre fue el de 2010, finalizado el combate en que Koki puso en juego su primacía mosca del CMB frente al tailandés Pongsaklek Wonjongkam. Una vez que su hijo fue declarado justo perdedor, Sochi la emprendió contra el tercer hombre en el ring, Guadalupe García, a quien amenazó y le gritó su completo repertorio de profanidades. Tras el incidente, la JBC le suspendió de por vida su derecho a intervenir en cualquier evento boxístico en Japón.

Pues ahora, que ya no “habemus” Kameda Gym, y Kameda Promotios queda en el aire, Koki y Daiki se verán forzados a calzar los guantes más allá del territorio insular, a no ser que estén dispuestos a esperar pacientemente por el proceso legal que iniciará su abogado, o decidan –poco probable– registrarse en otro gimnasio y encomendarse a un nuevo manager. Por su parte, la cadena de televisión comercial japonesa TBS (Tokyo Broadcasting System), asociada al clan Kameda, tampoco estará muy de plácemes por estos días con la sentencia de la JBC, en caso de que afecte sus derechos sobre las transmisiones de las peleas del trío. Los combates de los Kameda han registrado altos niveles de teleaudiencia en TBS, pues millones de japoneses los sintonizan, muchos con la esperanza de verlos perder.

Todavía queda por verse en qué parará este capítulo de los Kameda, pero desde ya podemos ir anotando cuántos tropiezos han sumado, quién sabe si al final de sus carreras, habrán acumulado otra plusmarca para el Libro Guinness de records.

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