Daiki Kameda 26032014 ec050En 2013, los boxeadores japoneses Koki, Daiki y Tomoki Kameda, incluyeron sus nombres en el Libro Guinness de records, como los primeros tres hermanos que han ostentado títulos mundiales simultáneamente, en la historia del pugilismo profesional.

Aunque con innegables logros en sus trayectorias en el boxeo rentado, los miembros del clan Kameda, particularmente Koki y Daiki, y el padre del trío, Shiro, no han sido precisamente un modelo de buena conducta. Todo lo contrario, su historial de extravagancias y falta de camaradería les ha ganado en Japón, el sobrenombre de “bad boys”.

Shiro Kameda, el “formador” y artífice de los primeros pasos de sus hijos en el Arte de Fistiana, recibió por parte de la Comisión Japonesa de Boxeo (JBC por sus siglas en inglés) una suspensión de por vida de toda participación en eventos pugilísticos en la tierra del sol naciente. El irreverente papá Kameda mereció tal castigo por agredir al referí Guadalupe García, en 2010, concluida una refriega en la que Koki perdió inobjetablemente su cinturón mosca (105 lb.) del Consejo Mundial (CMB), frente al tailandés Pongsaklek Wonjongkam.

La severa sanción venía precedida de varias amonestaciones de la JBC por reiteradas indisciplinas de Shiro. Una de las más graves tuvo lugar en 2007, en una pelea de Daiki ante su coterráneo Daisuke Naito, por el cetro de las 105 libras del CMB. Sabiendo perdedor a su hijo en las boletas de los tres jueces, Shiro lo incitó a que boxeara sucio en el último round, y Daiki, como buen discípulo, empleó contra Naito toda clase de técnicas de artes marciales mixtas (codazos, intentos de derribo, etc.).

El mayor de los hermanos, Koki (27 años), y el del medio, Daiki (25), han protagonizado varios incidentes lamentables siguiendo el ejemplo de su padre. Pero jóvenes al fin, la percepción generalizada era que, una vez más creciditos, ambos comenzarían a asumir el boxeo y sus carreras con más seriedad, y las excentricidades serían un asunto secundario, o cosa del pasado.

Pues al parecer, ha llegado la hora de la sensatez para Daiki Kameda, quien la semana pasada, en el Aeropuerto Internacional de Narita, justo antes de embarcarse con rumbo a Estados Unidos, expresó: “Quiero dejar vacante el cinturón FIB (Federación Internacional de Boxeo). Son muchos los boxeadores de calidad en Miami (la elección de Daiki como base de entrenamientos por dos meses). Quiero dedicarme al boxeo una vez más, desde cero.”

Obviamente, la declaración que transcendió fue el hecho de que Daiki “Benkei de Osaka” Kameda (29-4-0, 18 KOs) decidiera finalmente renunciar a su condición de campeón supermosca (115 lb.) de la FIB. Fue el clásico: ¿tanto nadar para morir en la orilla?; ¿después de todo lo que conllevó que conservara esa faja?

El asunto se remonta al pasado 7 de febrero, cuando la JBC decidió no renovarle la licencia al Kameda Boxing Gym (al que pertenecen los tres hermanos), argumentando, como razón principal, que existió una pobre organización e irregularidades en la cartelera donde, en la pelea estelar, Daiki y el venezolano Liborio Solís, se enfrentaron con la intención –inicial– de unificar los cetros del orbe de las 115 libras, versión FIB y Asociación Mundial (AMB).

Solís llegó a la báscula con tres libras de más y, consecuentemente, la AMB lo despojó de su fajín, que aún se mantenía en juego, en caso de una victoria del asiático. La polémica comenzó cuando, después del pesaje, un funcionario de la FIB aseveró que ambos títulos quedarían vacantes si el triunfo correspondía al púgil de Maracay.

Y así ocurrió, el “gordito” Solís se anotó un veredicto dividido a su favor, aquel 3 de diciembre en Osaka; y entonces, llegó la confusión, pues la FIB anuló su decisión previa y reafirmó a Daiki Kameda como su vigente monarca supermosca, a pesar de la derrota; después que se había reiterado durante la transmisión televisiva que el japonés, una vez vencido, ya no sería dueño del cinturón.

Posteriormente, se expuso que las reglas del organismo boxístico estipulaban que en caso de incumplimiento del peso por parte del retador (Solís), el titular conservaba su condición. Además, el presidente del comité de campeonatos de la FIB y supervisor de la pelea, el estadounidense Lindsey Tucker, salió en defensa de Kameda con un, “de acuerdo con nuestras reglas, él no hizo nada incorrecto”; y la FIB envió una carta al presidente de la JBC, Hiroshi Akiyama, disculpándose y responsabilizándose con todo el malentendido.

Pero, como no es de extrañarse, la JBC ya tenía al clan Kameda en la mirilla por otros desaciertos organizativos en el evento previo, en septiembre, en Kagawa (donde Daiki venció a Rodrigo Guerrero por el vacante fajín supermosca de la FIB); y porque se tenía conocimiento de que Shiro (el padre) todavía actuaba como el verdadero dueño del gimnasio, y su sucesor, Shinji Yoshii, no estaba en el cargo más que de nombre. Como buen francotirador, al primer resquicio, Hiroshi Akiyama vio en los sucesos de Osaka el pretexto perfecto, y apretó el gatillo.

Por la negligencia de no informar que su púgil (Daiki) podía retener el título independientemente del resultado (triunfo, revés o empate), la JBC revocó la licencia para operar al Kameda Boxing Gym, y dejó fuera del negocio del pugilismo profesional en Japón, hasta nuevo aviso, a su propietario, Shinji Yoshii, y manager, Satoshi Shima. Sin un cuartel general en suelo nipón, y según las normas que rigen el deporte de los puños en el país asiático, Koki, Daiki y Tomoki, quedaron ante la opción de boxear en el extranjero, o asociarse con otro gimnasio y promotor para continuar peleando en el terruño (alternativa costosa y complicada esta última).

Pasado más de un mes, el exilio impuesto a los tres hermanos se mantiene vigente. A inicios de marzo, el presidente de la FIB, el estadounidense Daryl Peoples, visitó Tokio con motivo de una pelea de campeonato, y aunque durante su estancia buscó interceder en favor de los Kameda ante la JBC, sus esfuerzos fueron estériles.

Todo apunta a que, en un intento por limar asperezas con Hiroshi Akiyama, Daiki decidió deshacerse del fajín de la discordia, aunque el argumento que esgrimió fueron sus problemas para cumplir con el peso (115 lb.).

El supuestamente arrepentido “bad boy” comentó ante los medios de prensa, antes de su partida con destino a Miami que, “No está bien (que conserve la faja), pues yo la perdí. Lo admito”. En un final ideal para invitar a la JBC a la reconciliación, en el que sólo faltó un tema musical que suscitase la emoción del momento (¿”Please Forgive Me”, de Bryan Adams?), se despidió diciendo: “Quiero convertirme en un mejor boxeador. Debo disculparme con todos mis fans y el público por haber causado un gran escándalo. Me disculpo por los problemas que he causado.”

La plaza que Daiki deja desocupada corresponderá, siguiendo el escalafón de la FIB, al ganador del pleito entre el sudafricano Zolani Tete (18-3-0, 16 KOs) y el también nipón Teiru Kinoshita (19-0-1, 3 KOs). Según Lindsey Tucker, en caso de que alguno de estos contendientes no esté listo para la ocasión, el próximo beneficiario en la lista será el filipino Arthur Villanueva (25-0-0, 14 KOs).

Ahora, de los tres Kameda que simultáneamente ostentaron títulos mundiales a finales de 2013, sólo uno, el benjamín –y niño bueno– de la familia, se mantiene como campeón. Tomoki (22 años), invicto en 29 peleas con 18 nocauts, es el actual monarca gallo (118 lb.) de la Organización Mundial (OMB). Koki (32-1-0, 17) anunció meses atrás sus intenciones de dejar vacante su cetro AMB de las 118 libras, y descender a las 115 en busca de otro galardón. El mayor de los Kameda aspira a convertirse en el primer japonés que se proclama rey del orbe en cuatro divisiones del boxeo profesional, una hazaña que, de intentar por estos días, no tendría como escenario a la tierra del sol naciente.

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