Pacquiao Bradley zonadeboxeo10042014 47aa7El ínclito Emanuel Steward, uno de los mejores entrenadores en la historia del boxeo profesional, gustaba de tomar en consideración, al analizar la calidad de un púgil, cuántos de los oponentes que éste había derrotado escalaron al cuadrilátero invictos.

Steward, obviamente, otorgaba algún valor a esta estadística ante la imposibilidad de contar con otras variables para evaluar al boxeador en cuestión, pues los récords son engañosos, a menudo fabricados, e innumerables son los casos de supuestos fenómenos del ring que perdieron su etiqueta de imbatidos en el justo instante en que aumentó el rigor de la competencia.

Timothy Bradley, sin discusión un púgil de la élite, eslabonó una cadena de 28 victorias desde que debutara como rentado en 2004, las últimas nueve de ellas ante contrincantes de cierto nivel (a excepción del cubano Joel Casamayor, a años luz de sus días de gloria). En su trigésimo combate (sumaba 29 porque el pleito contra Nate Campbell quedó como sin-decisión), en 2012, el estadounidense se enfrentó a un súper extra clase –de los que nacen una vez por generación– como Manny “Pac-man” Pacquiao, y fue superado en toda la línea. Inexplicablemente, el cero continuó inamovible en su casilla de derrotas.

La “Tormenta del Desierto” Bradley perdió –siendo generosos– al menos 10 de los doce rounds de aquella refriega. Aunque lanzó más golpes en 8 de los 12 asaltos, estos fueron inefectivos en un alto porcentaje (Pacquiao, 34% de efectividad; Bradley, 19%), y consecuentemente, conectó casi 100 menos que el filipino (Pacquiao aterrizó 253; Bradley, 159). En el cómputo de impactos sólidos (ganchos, uppercuts y rectos; exceptuando los jabs), los que realmente dejan huellas en la anatomía del rival, el de California también llevó la peor parte por amplio margen (Pacquiao sumó 190; Bradley, 108). Paradójicamente, el resultado oficial fue un bochornoso fallo dividido en favor del incuestionable vencido.

El próximo 12 de abril, en el MGM Grand de Las Vegas, Timothy Bradley volverá a arriesgar su incólume (cortesía de Duane Ford y la ineptísima Cynthia J. Ross) record de éxitos y reveses, frente a Manny Pacquiao, y una vez más, en esta ocasión de manera definitiva, perderá el invicto. El congresista filipino por la provincia de Sarangani, sumará a Bradley –en este caso, por partida doble– a su lista de contrincantes que lo han tenido como el primer verdugo (6 en total, 8 con Bradley).

Los dos boxeadores se encuentran en un punto de sus carreras, en el que determinadas circunstancias hacen presagiar un formidable esfuerzo por parte de ambos y una gran pelea para los aficionados.

Desde el punto de vista motivacional, Bradley arriba decidido a saldar cuentas con Pacquiao y los parciales de éste. Después de un 2013 de consagración, con victorias sobre Ruslan Provodnikov y Juan Manuel Márquez, la afición todavía reconoce más al norteño como el beneficiario de aquella escandalosa decisión que como el buen púgil que es. Un triunfo convincente de su parte acallaría a la mayoría de sus detractores, y el debate quedaría sepultado.

Manny no podía llegar con mayores incentivos a esta –llamémosle, por puro convencionalismo– revancha. Tras el “desliz” ante Bradley, vino el devastador derechazo de Juan Manuel Márquez que sacudió su carrera y puso en entredicho su futuro en el deporte de los puños. Frente a Brandon Ríos retornó a la senda del triunfo, pero a sus 35 años, y con casi dos décadas dedicadas a la exigente profesión, no se ve en el horizonte del tagalo alguna pelea que no lleve el apelativo de “ahora o nunca”, y ésta, más que ninguna.

Por descontado está el hecho de que tanto el estadounidense, quien defenderá su cinturón welter de la Organización Mundial (OMB), como el tagalo, que buscará recuperar ese cetro que injustamente cedió en 2012, llegarán a “Sin City” (la ciudad del pecado) tras realizar la mejor preparación de sus carreras.

Sumamente motivados, bien preparados, y asumiendo que ninguno arrastra lesiones –enfermedades virales o de cualquier índole­– y se encuentran en forma física óptima; no importa si Bradley decide esta vez usar calcetines (y deja a un lado lo de imitar la moda “Mike Tyson”): Pacquiao terminará con su brazo en alto.

Pacquiao es simplemente el más talentoso entre los dos púgiles, entendiendo como tal, velocidad, poder en la pegada, versatilidad y recursos en su ataque; incluso tributa a su favor, con el perdón de Joel Díaz, el privilegio de contar en su esquina con un estratega de la clase de Freddie Roach, con quien ha entablado una relación que quedará para la historia como las de Goldman-Marciano, Ali-Dundee, Leonard-Dundee o Lewis-Steward.

Manny debe dictar el ritmo de pelea desde los primeros compases; necesita convertir la reyerta en una batalla campal, con un ritmo trepidante, y forzar al californiano a cometer un descuido fatal en sus intentos por rehuir los constantes intercambios. Si Pac-man concentra sus vertiginosos ataques al cuerpo en los primeros rounds con efectividad, conseguirá restarle velocidad a su contrario; y para mediados de contienda, la escena estará lista para que el tagalo desenfunde su demoledor recto de izquierda con grandes opciones de poner fin al pleito.

Con el filipino ametrallando con golpes en racha, sin cometer un error infantil como el de diciembre de 2012, frente a “Dinamita” Márquez, la posibilidad de un nocaut estará siempre merodeando el show. Pero si Manny se muestra conservador y no se adueña de la iniciativa, Bradley estará en excelente posición para desplegar su boxeo y contraatacar con más facilidad.

Considerando el éxito que consiguió el pasado octubre ante Márquez, es de esperar que la estrategia de Bradley favorezca las combinaciones en movimiento (principalmente con su jab, muy efectivo frente al azteca), y los desplazamientos constantes hacia los laterales, con paso atrás; siempre fuera del alcance de la envenenada izquierda de Pac-man, y sin dejarse acorralar, para replicar la fórmula del triunfo contra el mexicano.

El estadounidense podría incluso acudir a las artimañas del oficio e iniciar frecuentes agarres para restarle ritmo al filipino; pero nunca –sería un suicidio–, permitirse el lujo de ceder a provocaciones, como le ocurrió contra Provodnikov. Si la mano enguantada del Rocky Siberiano le produjo una conmoción cerebral que le afectó durante nueve rounds, en caso de que la zurda del asiático tome el mentón de Timothy por yunque, el referí estadounidense Kenny Bayless podrá ahorrarse el conteo de protección acto seguido del martillazo.

La posibilidad de una victoria del norteño por la vía del cloroformo se antoja remota, pues en 7 años y 13 combates, sólo ha conseguido despachar por la vía del cloroformo a un venido a menos Joel Casamayor (que en aquella pelea de noviembre de 2011, del púgil que fue… solo el nombre). Únicamente desembarcando su derecha a la perfección (a lo “Iron” Mike con calcetines), la “Tormenta del Desierto” podría concretar el éxito antes del gong final.

Pero el golpe perfecto es un recurso con el que cuenta, en mayor o menor medida, todo púgil profesional que pisa un encerado, y sería demasiado conveniente para quien pronostica considerarlo siempre como un desenlace probable. Los púgiles con discreto poder en la pegada no son esencialmente noqueadores; Bradley no es un gran pegador; ergo, tal vaticinio (Bradley anestesiando a Pacquiao) queda descartado en esta predicción.

Como último detalle, cualquier resultado en las boletas, tras un combate cerrado, favorecerá esta vez al filipino. Podrán elegir a los jueces minuciosamente y con lupa, pero inevitablemente, los tres estarán bajo la extrema presión que generó el escándalo de la primera parte de esta secuela, y esto implicará que el más mínimo error humano en la apreciación de la pelea, beneficiará al tagalo.

De cualquier manera, este 12 de abril, en el MGM Grand de Las Vegas, Pacquiao (55-5-2, 38 KOs) tomará la justicia por sus manos y se impondrá rotundamente a Bradley (31-0-0, 12 KOs). Timothy tiene las horas contadas como púgil imbatido y poseedor del cinturón welter de la OMB.

Y como una predicción evadiendo riesgos es el mayor de los despropósitos, aquí va un adelanto del resultado del Pacquiao-Bradley II, acompañando al punto final: Pac-man triunfará por nocaut, antes de los rounds de campeonato (entre el 8vo-10mo).

Comenta sobre este articulo