FloydMayweather k02052014 68c96En tan sólo tres peleas la carrera de un genio del boxeo profesional podría ser historia. Éso, evidentemente, contando con que Floyd Mayweather Jr. (45-0-0, 26 KOs) siga al pie de la letra lo que ha venido pregonando desde que rubricó el lucrativo contrato con Showtime y CBS Corporation, por dos años y medio, con el que garantizará por seis combates una cifra estimada de (seguimos hablando de boxeo) 250 millones de dólares.

Independientemente del resultado del anticipado duelo que el estadounidense sostendrá con el argentino Marcos Maidana (35-3-0, 31 KOs) este 3 de mayo, en el MGM Grand de Las Vegas, Nevada, el oriundo de Grand Rapids, Michigan, ya tiene su lugar garantizado en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo, como la primera opción en las boletas en cuanto se convierta en candidato elegible.

El debate, una vez que “Money” Mayweather decida colgar los guantes, no se centrará en si su nombre debe engrosar o no la lista de Canastota, Nueva York, sino en qué escalafón le corresponde en esa selecta relación de los más grandes púgiles de la historia.

Una victoria ante Maidana no cambiará significativamente los argumentos a su favor en la eterna polémica de las oraciones condicionales (si hubiera peleado con Sugar Ray Robinson, puede que…; de haber rivalizado con los pesos wélters de finales de los 70 y los 80, acaso…).

“El Chino” no es un púgil a quien se pueda comparar con los archirrivales de las principales luminarias del pugilismo de todos los tiempos en un intento por establecer paralelismos; Maidana no es ni será para Mayweather, lo que fue Jake LaMotta para Ray Robinson, Joe Frazier para Mohamed Ali, o Roberto Durán para Sugar Ray Leonard.

Sin embargo, una derrota a manos del argentino representaría un serio baluarte en la tesis de sus detractores, que consideran que Floyd se ha dedicado en los últimos años a elegir con lupa a cada uno de sus contrincantes cuidando de no dañar su etiqueta de imbatido.

Pero para ser realistas, ateniéndonos a la lógica (si ésta no se ausenta el sábado de Las Vegas), la posibilidad de que el nacido en Santa Fe culmine con su brazo en alto es más remota que una invitación de “Magic” Johnson a Donald Sterling para compartir la venidera tarde dominical jugando golf en compañía de sus esposas.

De cualquier manera, obviando el resultado del 3 de mayo, Mayweather se ha ganado por derecho propio su trono en el Olimpo del pugilismo rentado.

Desde que debutara como profesional, el 11 de octubre de 1996, en el Texas Station Casino de “Sin City”, con nocaut en dos rounds frente al mexicano Roberto Apodaca, el niño prodigio de Michigan no ha conocido la derrota en 45 salidas al ensogado.

La última vez que Floyd perdió en una pelea oficial fue en agosto de 1996, en los Juegos Olímpicos de Atlanta, en la que a la postre sería su despedida del boxeo aficionado. Pero aquel resultado fue uno de los grandes despojos de la cita estival del centenario: el búlgaro Serafin Todorov fue declarado vencedor (10-9) cortesía del ineficiente sistema de golpes de coincidencia; el representante norteño quedó en bronce, pero mereció disputar el oro.

Con 21 años, en su decimoctava pelea como profesional, Floyd se proclamó campeón mundial superpluma. Su dominio de la distancia en el golpeo y maestría en los desplazamientos en el ring hicieron exclamar a su entonces promotor, Bob Arum, en la conferencia de prensa posterior a la reyerta: “Creemos, en lo más profundo de nuestros corazones, que Floyd Mayweather Jr. es el sucesor en una lista que comienza con Ray Robinson, continúa con Mohamed Ali, y sigue con Sugar Ray Leonard… creemos que él personifica ese estilo de pelea”.

Obviamente, de preguntársele por estos días al octogenario fundador y líder de Top Rank Promotions, si “Money” se ha convertido en el extraclase que prometía ser, la respuesta es predecible.

En ese mismo año 1998, Floyd mereció el galardón de Boxeador del Año que otorga la Biblia del pugilismo rentado, The Ring Magazine (con solo 21 años, la misma edad que tenían Sugar Ray Robinson y Mohamed Ali cuando recibieron el premio por primera vez).

La primera década del siglo XXI fue escenario del definitivo ascenso y consagración en el firmamento pugilístico del boxeador más talentoso de su era. Mayweather Jr. no sólo estrenaría un nuevo sobrenombre, además del “Pretty Boy” con el que fue conocido desde sus años de amateur por no exhibir en el rostro las cicatrices propias del oficio, gracias a una inexpugnable defensa, ahora también le llamarían “Money” (huelgan los motivos); también pasaría de asumir el rol de actor de reparto en un universo que giraba en torno a Oscar De La Hoya, a ser centro del Sistema Solar boxístico.

Pero el cambio de estatus no trajo a Mayweather el reconocimiento que hubiera deseado. Muchas son las razones que podrían argüirse: su petulante actitud fuera de los escenarios competitivos, extravagante, avaro, superficial, rozando la vulgaridad; su ruptura con el padre, Mayweather Sr., en una serie de altercados que dañaron su imagen pública y le ganaron el sambenito de ingrato.

Además, no olvidemos sus celos por los ingresos y la fama que acompañaban a De La Hoya (de quien se convirtió en perfecta antítesis), que desde el punto de vista de Floyd eran resultado de una manipulación mediática más que de la calidad real del “Chico de Oro”; y sobre todo, la escisión “Money”-Top Rank, con la consecuente cruzada contra Bob Arum y el inicio de la llamada “Guerra Fría” (Top Rank-HBO vs. Golden Boy-Showtime), que le ha dejado varias victorias pírricas traducidas –para bien– en sus absurdos ingresos financieros, y –para mal– en el insano desprecio que le profesa un bien definido segmento de aficionados.

Como resultado, Floyd Joy Sinclair (nombre con el que vino a este mundo), ha debido adaptarse cada vez más a su rol de villano para, por un lado, ganarse la atención mediática que le ha sido negada como héroe; y por otro, maximizar ganancias mientras se apropia de un amplio mercado de seguidores del Arte de Fistiana que compra sus megaeventos (Pay Per View) con la esperanza de verlo tendido inconsciente en medio de los reflectores a manos del rival de turno.

Mayweather Jr. no ha sido tan generoso con sus detractores en eso de regalarles el placer esperado, la derrota humillante, el fulminante nocaut acompañado de la necesaria lección de humildad. Los ha hecho quedar mal a todos, a sus acérrimos enemigos, y especialmente, a cada uno de sus oponentes.

Y entonces ha desatado un nuevo motivo de crítica: el “Pretty Boy” elige a sus contrincantes con suma cautela, sin pasiones de por medio y hasta con un estudio de marketing previo, si la ocasión lo amerita. Pero si algo de cierto hay en este proceder, esa verdad se antoja tan cuestionable como afirmar que en la otra esquina siempre ha escalado un contendiente sin opciones de triunfo.

Es una realidad innegable: todos los rivales de Mayweather han lucido como púgiles de quinta categoría, una vez iniciada la contienda con el actual rey del boxeo, libra por libra. Él los hizo fallar a su antojo, abanicar el aire sin apenas rozar su sombra, y luego ser blanco de todo su arsenal en un relampagueante contraataque.

De esos 46 oponentes de poca monta, 21 lograron proclamarse campeones del orbe en algún momento de sus carreras y 13 eran considerados, en el instante infeliz en que cruzaron guantes con Floyd, como los indiscutibles monarcas de sus respectivas divisiones. Se escribe en una línea, pero compilar un historial incólume en combates de campeonato, de 22 victorias, 10 por la vía del cloroformo, en esta era del dopaje impune, es una estadística que no debe pasarse por alto.

Si Sugar Ray Leonard, Marvin Hagler, Roberto Durán y Thomas Hearns ya habían visto agotarse sus días de gloria o flirteaban con el retiro cuando llegó la hora de Mayweather Jr, ¿por qué culpar a Floyd? El oriundo de Grand Rapids se ha medido al más alto nivel de competencia que su tiempo le ha permitido.

Por supuesto, siempre habrá duelos que no se concretaron por la presunta negativa o falta de voluntad de –nadie más que– Mayweather: ¿Joel Casamayor?, de acuerdo, hubiera sido una reyerta interesante, pero el cubano cayó en 2004 ante Diego Corrales, a quien “Money” noqueó y arrebató el invito en 2001, e igualmente sucumbió (Casamayor) frente a José Luis Castillo, dos veces derrotado por Floyd en 2002; ¿Acelino Freitas?, también un oponente con agallas para amenazar a un “Pretty Boy” imbatido, hasta que el brasileño sacó bandera blanca contra Corrales; o tal vez, el ruso nacionalizado australiano Kostya Tszyu, miembro del Salón Internacional de la Fama del Boxeo (2011), soberano de los ligerowelters hasta que Ricky Hatton lo envió al retiro en 2005… y ya sabemos qué le ocurrió al británico en 2007, en el MGM Garden de Las Vegas, contra Mayweather Jr.

Aunque la fórmula: si A derrota a B, y B se impone a C; ergo A es superior a C, ha probado ser engañosa cuando se habla de boxeo; sería de ilusos pensar que Casamayor, Freitas o Tszyu tenían el extra necesaro para doblegar a Floyd a inicios y mediados de la pasada década.

Una mancha sí resalta en el expediente del mejor boxeador de esta era: Manny Pacquiao. Pero hablar de las mil y una razones que se han interpuesto en este choque de ases sería extendernos en un tema que ya resulta reiterativo. La mencionada Guerra Fría ha sido un factor, Arum otro; el tagalo igualmente ha tenido sus vacilaciones, el resto… carguémoslo a la cuenta del orgullo de Michigan.

Por esos que Mayweather no ha enfrentado, están todos aquellos que sí, y es en esa lista en la que le cuesta a algunos detenerse para reconocer su grandeza.

Con 37 años, todavía no se divisa un mortal capaz de amenazar su invicto, pero todos se apilan desesperados cuando el Midas del boxeo moderno anuncia que está valorando quién será su nueva presa.

Sugar Ray Robinson es por convenio casi absoluto el más grande de todos los tiempos, el hombre que obligó a los analistas a plantearse un nuevo término para ubicar a los mejores boxeadores de cada generación; y a falta de una mejor idea surgió el mítico ranking libra por libra (pound for pound).

Robinson tuvo deslices, fue vulnerable; salió airoso en 173 ocasiones, con una increíble forja de 103 anestesiados, pero sufrió 19 derrotas y no pasó del empate en 6 refriegas.

Era otra época: ¿quién se atreve a cuestionar la trayectoria del número uno, libra por libra, de todos los tiempos? Los ingresos del “Sugar” por antonomasia ascendieron, concluida su extensa carrera, a poco más de 4 millones de dólares. Había que boxear mucho y con frecuencia a mediados del siglo XX para intentar ganarse el sustento dentro de un ring. Debieron transcurrir algunos años para que hiciera su entrada su majestad “los cheques de siete y ocho dígitos” por una noche de sudor y golpes.

Mayweather ha sabido beneficiarse, como ninguno en su tiempo, de los millonarios contratos que ofrecen las cadenas de televisión y esos estratosféricos salarios de hoy en día que, más de una vez, habrán provocado que Robinson se retorciera en su tumba muerto de envidia. No es culpa de “Money” el hacer suyo todo lo que esté a su alcance, como tampoco puede pedírsele que viaje en el tiempo, derrote a Durán, Hagler, Hearns; vengue la derrota de Mayweather Sr. ante Leonard y se mida a “Sugar” en el duelo de duelos, la super pelea de ensueño.

Aceptémoslo con la humildad que a él le falta, Floyd Mayweather Jr. hace lo que puede de la mejor y más elegante manera en que se puede hacer dentro de un cuadrilátero, un par de veces en cada calendario. Fuera del encordado, nunca será un baluarte del movimiento por los derechos civiles, ni un auténtico líder de masas o una figura admirada y querida en todo el mundo, como lo fue Mohamed Ali.

A Mayweather Jr. le va mejor lo de fantoche, fanfarrón, antihéroe, derrochador…pero le valen todos sus triunfos y cinturones mundiales para ser incluido entre los más grandes de todos los tiempos del pugilismo rentado; ¿el más grande?… éso es harina de otro costal.

Comenta sobre este articulo

El Dude Dijo:

Cinco de Mayo se a convertido en un canto de “Cinco-de-Mayweather”. Se puede decir que la afficon Latina es la base del Boxeo Internacional. Economicamente son grandes las peleas que se producen en tiempos de fiestas que reflejan el espiritu guerrero del combate Mexicano. Las peleas estelares de Floyd siempre resultan mas de lo esperado al ver la cantidad de dinero que se acumula. Grande es Floyd y todas sus peleas mas su carrera que jamas sera duplicada.
El Dude.