DinamitaMarquez k18052014 0f56eLa inobjetable victoria de Juan Manuel Márquez ante Mike Alvarado el 17 de mayo en El Fórum, en la californiana ciudad de Inglewood, despejó las dudas relativas al nivel actual de ambos boxeadores, pero acentuó la relevancia de una interrogante que, especialmente en los últimos meses, ha generado debate en los medios de comunicación y entre los aficionados: ¿aceptará el astro mexicano un quinto combate frente a Manny Pacquiao?

Varias son las razones a favor de una reedición de la rivalidad más trascendental del boxeo profesional en la última década. Si bien es cierto que tras el espectacular desenlace de la cuarta pelea el astro mexicano podría alegar que tiene poco o nada que demostrar ante Pacman, rechazar la oferta (de un quinto pleito) sería darle la espalda a dos incentivos demasiado tentadores para él: rivalizar por el título de campeón universal wélter (147 lb.) de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), en poder del filipino; y la posibilidad de facturar otro jugoso cheque, tal vez de 8 dígitos, por primera vez en su carrera.

De concretar ambos premios, el bien apodado Dinamita se convertiría en el mexicano con más coronas del orbe en diferentes divisiones y en el pugilista mejor pagado (por una velada) entre sus coterráneos.

Con 40 años y una trayectoria ilustre en los ensogados del deporte profesional que se ha extendido por más de dos décadas (debutó en mayo de 1993), en la que se ha consagrado como mandamás del planeta de las 126 (pluma), 130 (superpluma), 135 (ligero) y 140 libras (superligero), Márquez tiene su legado asegurado y un sitial irremplazable en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo, en Canastota, Nueva York.

Pero el nacido en Ciudad de México siempre ha sido un gladiador obsesionado con las comparaciones, tras años labrando sus éxitos a la sombra de sus compatriotas Marco Antonio Barrera y Erik Morales; y antes de colgar definitivamente los guantes, no importa la presión de su familia para que se aleje de los cuadriláteros sin más dilaciones, o si los consejos de su preparador y aliado incondicional, don Nacho Beristaín, van en sentido opuesto: Márquez quiere cementar su historial con una estela de récords. Con tan firme propósito y sin tiempo para demasiadas lucubraciones, la mejor opción a la vista es volver a cruzar guantes con su archirrival.

Gracias a su impresionante victoria de diciembre de 2012 ante el tagalo, ahora Dinamita puede exigir y merece recibir una mayor bolsa por la consumación del duelo. Será él quien conceda la posibilidad de la revancha, la oportunidad que el filipino y todos sus parciales han aguardado para conciliar el sueño tras la pesadilla en que se convirtió aquella noche en el MGM Gran de Las Vegas.

Para persuadir al azteca, Pacquiao deberá sacrificar generosamente parte de su botín. Márquez aceptó en aquella ocasión unos 6 millones de dólares (más un ínfimo por ciento de las ventas del pago-por-evento), por lo que esta vez su remuneración bien pudiera estar rondando los 10 millones de billetes verdes.

De concretar esta cifra en las negociaciones, sin importar el resultado de la contienda, Juan Manuel sobrepasaría el tope salarial de un mexicano (nacido en México) por escalar al cuadrilátero en una pelea, en poder del legendario Julio César Chávez Sr., quien se embolsó la espléndida suma de 9 millones de dólares en 1996, cuando se midió a Oscar de la Hoya en el Caesars Palace de Las Vegas.

Ningún otro contrincante en las 147 libras puede garantizarle a Márquez una paga semejante (por la reyerta ante Alvarado recibió 1,4 millones), y a las puertas del retiro, el factor monetario adquiere una dimensión extra en la elección de oponentes hasta para el más feliz de los anacoretas.

El rey del contragolpe tiene otra página inédita que escribir, aunque para esto sí deba terminar con su mano en alto. De usurparle su trono wélter –legitimado por la OMB– a Manny Pacquiao, se convertiría en el único boxeador oriundo de México campeón del orbe en cinco divisiones diferentes (de al menos una de las cuatro organizaciones reconocidas universalmente).

Márquez se consagró en diciembre de 2012 (cuando pulverizó al filipino) como el tercero entre sus compatriotas en proclamarse monarca absoluto (sin contar fajines interinos) en cuatro categorías de peso, después del tijuanense Erik “El Terrible” Morales (supergallo, pluma, superpluma y superligero), el primero en completar la proeza en septiembre de 2011, y el sinaloense Jorge “El Travieso” Arce (minimosca, supermosca, supergallo y gallo), quien lo logró en noviembre del mismo año (2011).

Dinamita sería el primero en el ranking mexicano de boxeadores con más títulos en diferentes divisiones, y al menos en ese apartado sepultaría de una vez y para siempre la polémica sobre “quién ha sido el más macho” entre las 16 cuerdas.

Para dejar la decisión final entre Juan Manuel y su almohada, y hacer aún más viable el Pacquiao-Márquez V, la OMB ha tenido la deferencia de saltarse algunos pasitos, o al menos, no pronunciarse en contra –que es casi lo mismo– de quienes promocionaron la pelea en California como el choque que determinaría el retador obligatorio de las 147 libras por esta organización.

En el escalafón (147 lb) de mayo de la OMB el mexicano no aparecía enlistado, mientras Mike Alvarado ocupaba un modesto quinto puesto, a pesar de que el estadounidense no rebasaba las 140 libras (superligero) en la báscula desde su triunfo por nocaut técnico en 2010 a expensas de su coterráneo Joshua Burns (sin contar que Alvarado sufrió par de derrotas antes del tiempo límite en dos de sus tres duelos previos, cortesía del estadounidense Brandon Ríos y el ruso Ruslan Provodnikov).

Pero muy pocos en el gremio boxístico abogarán porque el legítimo primer aspirante al cetro de la OMB, el namibio Bethuel “El Indetenible” Ushona (quien a propósito venció en una pelea en sus predios, coincidentemente el viernes, al desconocido ghanés Ebenezer Lamptey), sea quien se adueñe de la esquina opuesta de Manny Pacquiao el próximo septiembre. Para desgracia de Ushona, la afición y los medios en su gran mayoría se sumarán a un silencio cómplice, con tal de que el filipino no cumpla con sus deberes.

El tema tiene otras muchas aristas que explorar, argumentos que exponer en favor y en contra de un quinto desafío entre ambos jerarcas del Arte de Fistiana. Pero como ya resultará evidente, el motivo –ex profeso– del presente artículo no era otro que reafirmar algunos de los porqués que acuden a Bob Arum para asumir nuevamente la producción de la serie que han coprotagonizado el tagalo y el azteca.

He aquí, por si no sobraran, una última razón. En la historia del pugilismo rentado no sería la primera vez que dos extraclases miden fuerzas en cinco ocasiones. Entre 1942 y 1945, Sugar Ray Robinson y Jake LaMotta protagonizaron una memorable serie de combates, con dominio para el primero de 4 victorias y un revés, aunque la última decisión a su favor no estuvo exenta de polémica.

De la primera a la quinta (52 asaltos), las peleas Robinson-LaMotta fueron todas encarnizadas batallas sin tregua entre un virtuoso como Sugar, considerado el mejor del mundo, libra por libra, de todos los tiempos (de hecho, el púgil que inspiró tal denominación) y un guerrero frontal al estilo del “Toro Salvaje”, que no conocía el paso atrás ni la rendición como respuesta al castigo.

La rivalidad entre Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez quedará archivada como la más relevante de la actual generación de boxeadores profesionales, al igual que en su era lo fue la de Robinson y LaMotta.

Aunque tras su triunfo unánime frente a Alvarado, en El Foro de Inglewood, el mexicano dejó entrever cierto escepticismo ante la posibilidad de un Pacquiao-Márquez V a escenificarse en septiembre (casi con certeza en Macao), los aficionados y entendidos ya pueden comenzar a lanzar sus pronósticos y apuestas: como veterano conocedor del negocio, Juan Manuel sabe mejor que nadie que la diferencia entre responder primero “no” y dejar levitando un “sí”, para después, supondrá un incremento de varios millones en su cuenta bancaria.

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