ErislandyLara k14072014 67737En el mundillo del boxeo se gana y se pierde. Es la esencia del pugilismo -y de la actividad deportiva- que coloca en los dos extremos de la balanza la alegría por el triunfo y el dolor que acompaña al fracaso. Pero hay reveses “anunciados”, que no necesitan una bola de cristal, porque existen todos los ingredientes adversos para que ocurran.

Algo similar caracterizó el entorno de la pelea entre el ex campeón mundial mexicano Saúl “Canelo” Álvarez y el zurdo cubano Erislandy “El Sueño Americano” Lara, el 12 de julio en la sala Garden, del hotel y casino MGM Grand de Las Vegas.

Lara, de 31 años, asistió a un circo montado exclusivamente para que el pelirrojo azteca, de 23 años, saliera con el brazo en alto. El éxito del cubano estaba limitado a que ganara por nocaut ante el hijo predilecto de la empresa Golden Boy Promotions.

Y dada las características boxísticas de cada competidor, era difícil, casi imposible, que Lara, virtuoso estilista, anestesiara a “Canelo” Álvarez, un púgil de complexión física muy fuerte, impetuoso y de sólida pegada.

Convertido en figura mediática de indiscutible impacto en las arcas de Golden Boy Promotions, Álvarez era el favorito para llevarse la victoria. Porque la gran mayoría era consciente hacia qué lado soplaría el viento en caso de que el combate llegara al final y los jueces tuvieran la misión de ¿impartir justicia? con sus boletas.

La reyerta ni más ni menos era la clásica “Crónica de una muerte anunciada”, la inmortal novela del recién fallecido escritor colombiano Gabriel García Márquez. Y el árbitro Levi Martínez con su desproporcionada votación de 117-111 favorable al azteca puso de manifiesto todos los intereses creados que existían alrededor del pleito.

Los otros dos oficiales mostraron su respetabilidad al ofrecer boletas cercanas a lo ocurrido. Dave Moretti dio 115-113 por Canelo y Jerry Roth idéntico resultado, dando ganador a Lara.

No fue casual lo de Levi Martínez. Tampoco cuando la jueza Cinthya Ross dio empate a 114 en la magistral clase de boxeo que le dio el estadounidense Floyd Mayweather Jr al “Canelo” Álvarez, el 14 de septiembre del pasado año. Resultó tan bochornosa la decisión de Ross que se vio obligada a renunciar a su labor como oficial de boxeo.

Ahora hubo sospechosos comentarios en el Canelo-Lara que indicaban quién sería el hombre con el brazo en alto al finalizar el choque. ¿Cómo explicar entonces que el propio De La Hoya y allegados a “Canelo” estuvieran mencionando el posible próximo rival del mexicano sin haber saltado el obstáculo que significaba Lara.

El combate transcurrió por los estilos de cada púgil. Lara con su rapidez de manos y piernas intentó evitar los encontronazos de Álvarez, al tiempo que colocaba sus puños de contragolpe. El mexicano hizo cuanto pudo y sin descanso para cortarle los espacios a su oponente y simultáneamente desembarcar sus desgastadores golpes.

Hubo momentos para cada uno a lo largo de los 12 asaltos. Lara se impuso en la mayoría. Y personalmente vi que ganó. Con una ventaja clara. Pero el cubano y sus asesores conocían de antemano que para recibir el veredicto era preciso un triunfo más contundente.

Después de conseguir con mucho esfuerzo que le dieran la oportunidad de enfrentar al mexicano, Lara debió arriesgar más. Ser más convincente para que no existieran dudas. No bastaba con que marcara con su jab y combinara con el recto de zurda. Tampoco que su virtuosismo provocara que Canelo tirara infinidad de golpes al vacío, consecuencia de su rapidez, que le evitaron se presa de los terríficos impactos del azteca.

Tenía que “matar o morir” porque era la única forma de evitar un fallo adverso de los jueces. Al no ir más a fondo, Lara permitió que De La Hoya y sus acólitos lograran su principal objetivo, amparados por un tinglado de influencias y poder.

También resulta otra enseñanza para los púgiles cubanos que deben cambiar su mentalidad, porque en el amateurismo se gana sobre la base de marcar más puntos que el contrario. Pero en la actual etapa del boxeo profesional, no basta con exhibir cualidades innatas de destreza, habilidad y desenvolvimiento elegante.

El público y las promotoras pagan por ver correr la sangre. Por los intercambios violentos en los que abunden los golpes, sin que exista una defensa magistral. No basta con “volar como mariposa y picar como abeja”. Eso es época pasada. El tiempo de los estilistas puros quedó atrás. Lara debe olvidar la excelencia boxística y aprender la lección.

Y que se olvide de la revancha. El propio De La Hoya aseguró que hay “10 boxeadores en línea y Lara debe ponerse en fila”. De La Hoya pasó un susto y no volverá a arriesgar a su emblemática figura. Al menos ante Lara.

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