GuillermoRigondeaux k15072014 b4278El 19 de julio en la Arena Cotai, del bello hotel Macao Venetian Resort, será una fecha importante en la carrera del boxeador cubano Guillermo Rigondeaux. Ese día finaliza su vínculo contractual con la promotora Top Rank y podrá tomar un nuevo rumbo más beneficioso para sus intereses.
En esa memorable jornada, “El Chacal” Rigondeaux, expondrá ante el veterano zurdo tailandés Sod Kokietgym, los cetros supergallo de la Asociación Mundial (AMB) y de la Organización Mundial (OMB).

Para el zurdo Rigondeaux, de 33 años, será la última pelea de su contrato con Top Rank, la compañía que en lugar de apoyarlo, ha hecho muy poco para respaldar su carrera profesional.
Reiteradas declaraciones del veterano promotor Bob Arum, principal ejecutivo de Top Rank, evidencian las pocas simpatías que sienten él y los demás directivos de la empresa por el oriundo en la oriental provincia de Santiago de Cuba.

“Cada vez que lo menciono (el nombre de Rigondeaux), ellos vomitan”, dijo Arum a ESPNDeportes, en julio de 2013. “Solo espero que tenga combates más atractivos para los fanáticos”.

Quizás la explicación más cercana a la realidad es que Rigondeaux fue la clásica piedra en el zapato para los encopetados directivos de Top Rank y de su presidente Bob Arum.
Con su arte y exquisita técnica, Rigondeaux echó por tierra la imagen de imbatibilidad que tenía el filipino Nonito Donaire, quien antes de aquel memorable revés del 13 de abril de 2013 en Nueva York sumaba 30 peleas y 12 años sin conocer la derrota y era una de las figuras más emblemáticas de la compañía.

Y como no había mucho que objetar sobre la contundente victoria del cubano, apelaron al aspecto comercial. “Su forma de pelear no vende”. “El público prefiere más intercambios”. Fueron algunos de los comentarios. Que también llegaron al extremo del irrespeto con su referencia al acto de devolver los alimentos por la forma de combatir del monarca supergallo.

De ahí que en lo adelante, el exquisito peleador caribeño tendrá el camino expedito para firmar con otra promotora – o con términos más beneficiosos si Top Rank decide mantenerlo en nómina-, lo que desde el punto de vista práctico significaría ascensos al cuadrilátero con más regularidad.

Faltándole casi dos meses para cumplir 34 años –nació el 30 de septiembre de 1980- Rigondeaux necesita pelear en forma sistemática, ya que habrán transcurridos siete largos meses desde su triunfo unánime ante el ghanés Joseph Agbeko, el 7 de diciembre pasado, en Atlantic City, Nueva Jersey.

Vale señalar que Rigondeaux, reconocido como “supercampeón” por la AMB, obtuvo votación de 120-108 por los tres jueces, prueba inequívoca de que ganó los 12 asaltos ante Agbeko.
Pero Rigondeaux no intentó finalizar el duelo por la vía de los puños, cuando era dueño absoluto del cuadrilátero, su adversario rehuía el combate y le había propinado suficiente castigo como para buscar el triunfo por la vía del cloroformo.

Es por ello que llegó la hora de “Rigo” Rigondeaux. De demostrar que su estilo mágico, casi inexpugnable para los adversarios, puede ser también “vendible” para el más exigente público.
Con el poder de sus puños, rapidez, buena defensa e inteligencia, Rigondeaux posee todos los atributos para arriesgar frente a cualquier oponente de su división y salir con el brazo en alto por la vía del cloroformo.

Solo basta que ahora en el profesionalismo Rigondeaux cambie la mentalidad y haga pequeños ajustes a la filosofía de la escuela cubana en el campo amateur, que se limita a marcar puntos y obtener la victoria sin exponer demasiado la anatomía.

Y para ese cambio del plan táctico, “El Chacal” debe recibir el decisivo consejo de su entrenador Jorge Rubio, el hombre que estuvo junto a él durante un buen tiempo, y ahora nuevamente lo prepara para el pleito ante Sod Kokietgym.

En Macao, Rigondeaux cerrará su contrato con Top Rank. Pero por encima de ello tiene la oportunidad de ratificar sin que exista la más mínima duda que sus cualidades son tan extraordinarias como las del propio Floyd Mayweather Jr., con un aspecto a su favor: la pegada.
Ojalá no desperdicie ese momento. Por su propio bien y del buen boxeo.

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