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Yoan Pablo “Iron Man” Hernández no ha sido justamente el hombre de hierro de la división de los cruceros en lo que va de 2014 –ni en 2013–, al menos no en combates oficiales dentro de los encordados. El cubano, monarca del mundo de las 200 libras por la Federación Internacional de Boxeo, no escala a un cuadrilátero para defender su corona desde el 23 de noviembre de 2013, cuando anestesió en el décimo asalto al ruso Alexander Alekseev.

No han sido disputas contractuales, al estilo de otros campeones marginados al ocio, como Andre Ward (supermediano) o Mikey García (superpluma), la razón que ha mantenido al oriundo de Pinar del Río imposibilitado de exponer su cetro por cuarta ocasión, sino los problemas de salud.

Primero, una recurrente fractura en la mano izquierda lo acompañó desde su segunda batalla campal con el estadounidense Steve Cunningham, en febrero 2012, y no le permitió boxear más que una vez el año pasado (nocaut a Alekseev); después, un virus estomacal que tampoco le dio tregua a Hernández por largo tiempo, lo obligó a posponer su debut en este calendario, del 8 al 29 de marzo, para luego, sin más opción, cancelarlo y dejar al pobre polaco Pawel Koldziej vestido y sin ir al baile.

Todo apunta a que, finalmente, tras un prolongado impasse, este 16 de agosto será un día excepcional para el púgil antillano: regresará al ring en su adoptiva Alemania ante un oponente de su elección (primera ocasión en que la FIB le concede el privilegio) y sumará su decimoquinto triunfo consecutivo desde que cayera sorpresivamente ante el excampeón del orbe guyanés Wayne Braithwaite, en abril de 2008, su único descalabro en el boxeo profesional.

Hernández (28-1-0, 14 KOs) rivalizará con el veterano alemán Firat Arslan (34-7-2, 21 KOs) ante los miles de aficionados que seguramente se darán cita en la arena techada del Messehalle, en Érfurt, capital del Estado de Turingia.

Arslan, de 43 años, ha perdido dos de sus últimos cuatro combates, ambos ante su compatriota y vigente rey de los cruceros por la Organización Mundial (OMB), Marco “Capitán” Huck, y ha archivado su más reciente par de victorias frente a dos rivales sin ningún palmarés. Sin embargo, el experimentado pugilista teutón ya sabe lo que es ceñirse a la cintura una faja que lo acredite como mandamás de la división.

En junio de 2007, Arslan se agenció el cetro interino (crucero) de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) con triunfo (fallo dividido) ante el ruso Valery Brudow, en Budapest, Hungría; cinco meses después, en noviembre, elevó su distinción al rango de monarca absoluto de la AMB imponiéndose (unánime) al estadounidense Virgil Hill, en Dresden, Alemania; y defendió con éxito (unánime) su sitial, en mayo de 2008, en la ciudad alemana de Stuttgart, frente a la oposición de otro representante de la enseña de las barras y las estrellas, Darnell Wilson.

En el párrafo anterior se resumen los días de gloria de Firat Arslan en la versión rentada del deporte de los puños. En septiembre de 2008, el panameño Guillermo Jones lo visitó en Hamburgo, lo derrotó por nocaut técnico y le arrebató su pedazo de reinado por la AMB en la categoría crucero.

El exmonarca mundial, originario de Bayern, se plantea como el rival perfecto para un Hernández que viene necesitado de sacudirse del óxido de la inactividad, pero que, por su jerarquía en la división, no puede darse el lujo de elegir a uno de los camareros del coliseo Messehalle para sumar otra rayita a su casillero de triunfos.

En un duelo de boxeadores zurdos, el nacido en la provincia más occidental de Cuba supera a su rival en juventud (29 años vs 43), estatura (1,93m vs 1,82) y, sobre todo, en actualidad boxística, por los resultados de ambos en los últimos tres años y porque, indiscutiblemente, el retador no ha sido nunca un peleador de grandes atributos técnicos.

Por si fueran pocos estos argumentos a la hora de señalar al campeón como amplio favorito para revalidar su trono, vale apuntar que Marco Huck, doble victimario de Arslan, es también discípulo del adiestrador alemán Ulli Wegner. Con Wegner en su esquina, Hernández tendrá otro punto a su favor antes de que suene la campana de apertura.

La fórmula de la victoria para el caribeño no es un secreto: aprovechar sus mejores desplazamientos por el encerado, explotar su mayor efectividad en el golpeo sin convertir la reyerta en una bronca de bar y, con carácter vital, administrar el combustible adecuadamente para, en caso de no fulminar a su contrario antes del tiempo límite, llegar al duodécimo asalto con suficientes fuerzas como para no colapsar por el agotamiento físico.

El fantasma de la pobre resistencia física ha perseguido al Iron Man a lo largo de su carrera en el pugilismo de paga, y contra un oponente que parte como virtual perdedor, pero que experiencia y motivación no le faltan, emplear todas las energías en el inicio, buscando una victoria por la vía del cloroformo, puede ser la combinación fatal. Si el golpe demoledor no llega y hay que boxear todo el trayecto, estaremos en presencia de otro Hernández peligrosamente extenuado y vulnerable.

No es momento para lamentarse por lo que no se ha podido hacer, por la prolongada inactividad, por el hecho de que, para estas alturas del almanaque, los aficionados y expertos del gremio boxístico vislumbraban alguna refriega de unificación en las 200 libras, con Yoan Pablo Hernández entre los protagonistas.

Los infortunios del pasado son un mal irremediable, pero el presente y el futuro sí son susceptibles de modificación dentro del cuadrilátero, y el guion lo puede dictar el cubano con sus puños. El Iron Man necesita un triunfo contundente para cementar su reputación en la división de los cruceros y buscar un oponente de más renombre en la siguiente refriega. La pelea sabatina fue concebida con ese fin, pero nadie podrá ayudarlo a completar el “Happy End” del trámite una vez que él, Firat Arslan y el referí sean los únicos tres hombres dentro del ensogado.

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