Mayweather k10092014 d48e9Floyd Mayweather Jr. será actualmente el número uno del planeta, libra por libra; campeón del orbe en cinco divisiones, vigente monarca welter (147) y superwelter (154) por el Consejo y la Asociación Mundial de Boxeo (CMB y AMB); el atleta mejor pagado del universo (2012, 2013 y 2014) y, para muchos, el indiscutible máximo exponente del Arte de Fistiana de esta generación de pugilistas.

Floyd Jr. podrá usar a la semana tantos coches de lujo como zapatos calza el común de los mortales en un mes, llevar una vida extravagante y comportarse como un moderno maharajá, soberano de Las Vegas. Pero con todo su talento, victorias en los cuadriláteros, fama y opulencia, Money Mayweather no sería quien hoy es –y presume de ser– de no haber tenido tras de sí a un par de boxeadores retirados que llevan su misma sangre.

Floyd Mayweather Sr. nunca disputó un cinturón mundial (una aspiración que sí materializaron con éxito sus hermanos Roger y Jeff) y guarda, tal vez, como uno de los principales trofeos de guerra en su carrera, el haber caído batallando hasta el final ante el estelar Sugar Ray Leonard. Pero como entrenador, la vida le ha deparado mejores recuerdos y victorias en las esquinas de nombres relevantes dentro de los encordados como Oscar de la Hoya, Ricky Hatton, Lalai Alí, Eric Morales, Fernando Vargas, Joan Guzmán, Chad Dawson y… su hijo.

A Floyd Jr. asegura haberle revelado los secretos del arte de la esquiva que tomó de su adiestrador en Detroit, Dale Williams. Una máxima resume tal acercamiento al deporte de los puños: todo golpe, no importa desde el ángulo que provenga o la fuerza que se le imprima, es susceptible de ser evadido.

La asociación entre los Mayweather, padre e hijo, quedó trunca por los cinco años y medio que Floyd Sr. pasó en prisión. Para cuando volvió, en 1998, ya el futuro multicampeón en cinco divisiones era una promesa en acelerado ascenso en el pugilismo rentado y marchaba con paso seguro de la mano de su tío Roger. El reencuentro sería efímero, y dos años después, Money, convertido en monarca de las 130 libras (ligero Jr.), se encaminaría a poner el universo del pugilismo rentado a sus pies con su tío como timonel… sin Mayweather Sr. en su esquina.

Como número uno al mando, Roger asumió el rol de pulir al entonces apodado “Pretty Boy” durante unos trece años. El regreso de Floyd Sr. al equipo de su hijo no se produjo hasta mayo de 2013, para la pelea contra Robert Guerrero (después de un año de inactividad de Money), y desde entonces, él ha sido la principal voz de mando en la esquina del número uno del planeta, libra por libra (acompañado en estos menesteres por el hombre multipropósito, Leonard Ellerbe, y el octogenario Rafael García a cargo de las heridas de guerra).

Roger no ha quedado del todo relegado y conserva algo de protagonismo en la preparación en el gimnasio, pero en las últimas tres apariciones de su sobrino (vs Guerrero, Canelo Álvarez y Maidana) ha quedado de manifiesto que la última palabra la tiene Floyd Sr., y en esta segunda versión del Mayweather-Maidana debe mantenerse la misma tónica.

Varios son los motivos que sustentan el cambio de Roger por Floyd Sr. acompañando a Money a la arena de competencia. Algunos se inclinan por las deficiencias defensivas (para sus estándares) que mostró el aventajado pupilo ante Miguel Cotto en mayo de 2012, como la principal razón que obligó a efectuar un cambio radical; otros achacan la decisión a las complicaciones legales de Roger, además de sus evidentes problemas de salud (falta de visión como resultado de la diabetes que padece); y no falta quien asegure que Floyd Jr. prefirió los servicios de su padre de vuelta antes de que, como se especulaba, su examigo convertido en enemigo acérrimo, 50 Cent, contratase a Mayweather Sr. como entrenador de los boxeadores que el rapero promueve.

La teoría de Floyd Sr. es más romántica: mientras Mayweather Jr. vacacionaba en el Centro de Detención del Condado de Clark, donde se hospedó durante dos meses (debieron ser 87 días, pero salió por buena conducta) por el delito de abuso doméstico, tuvo tiempo de reflexionar sobre todo lo ocurrido en su vida y decidió regresar con su querido padre.

Lo cierto es que al tío Roger, incondicional a lo largo de los años, y a su padre Floyd, con sus intermitencias, corresponde buena parte de la gloria alcanzada por el genio de los ensogados nacido en Gran Rapids, Michigan. Y con 46 victorias sin la mancha de un descalabro en su expediente, y 37 años cumplidos, 18 de ellos dedicados al boxeo profesional, Money no puede llevar su actitud caprichosa al ring y prestarle a los consejos de su esquina el mismo interés que le merecen los constantes halagos de su séquito de adulones.

De lo contrario, el 13 de septiembre podrían repetirse escenas de la película del 3 de mayo, cuando por pasar por alto el plan de pelea diseñado por su padre, primero, y después, desoír sus consejos durante el desarrollo del pleito, el argentino Marcos “El Chino” Maidana (35-4-0, 31 KOs) convirtió el encerado del MGM Grand de Las Vegas en escenario de una cruenta trifulca de bar, o, parafraseando a Floyd Jr, en un enfrentamiento de artes marciales mixtas (MMA).

“Siempre que te enfrentas a un peleador que viene hacia ti y suelta sus manos con frecuencia, tienes que hacerlo fallar. Mientras más él falle, más vacilará a la hora de tirar más golpes. Comenzará a pensar, pero no estará en condiciones de apretar el gatillo porque dudará de sus habilidades para conectar con los golpes que lanza. Es ahí cuando mi hijo capitalizará y conectará con sus propios golpes”, así de sencillo visualizaba Floyd Sr. el duelo del pasado 3 de mayo contra el fajador sudamericano, antes de que tuviera lugar.

El guion a seguir no era un secreto para nadie, pero lo que no se esperaba Mayweather Sr. era lo que aconteció aquella noche sabatina en la Ciudad del Pecado: su hijo haciendo caso omiso a sus indicaciones y abusando de la vieja técnica del “rope-a-dope”, recostado a las cuerdas, como si se tratase de Alí en Kinshasa, esperando por las brechas defensivas de su rival para contratacar, mientras Maidana, a placer, embestía con todo su arsenal.

El visible cambio de estrategia en la segunda mitad de la contienda confirmó que Money aún tenía piernas para hacer su boxeo y ocupar el centro del cuadrilátero sin dejarse acorralar ni esperar, en una apuesta arriesgada, por que su contrario se agotase para poner fin a las acciones (con el clásico final de “The Rumble in the Jungle”).

“No pude manejar la situación (en la primera pelea con Maidana) porque Floyd no me estaba escuchando aquella noche. Floyd estaba haciendo lo que Floyd quería hacer. No escuchaba a (los consejos) de su padre. Me sentía frustrado. Cuando él (Maidana) le dio un cabezazo a Floyd y le provocó la cortada sobre el ojo, yo me sentí aún más frustrado. Cuando (Floyd) me dijo lo que planeaba hacer, lo único que pude hacer fue intentar manejar la situación de la mejor manera posible sin parar la pelea. Fue una lesión innecesaria”, relataba Mayweather Sr. en entrevista ofrecida al sitio digital boxingscene.com .

Para esta reedición de la batalla promovida en mayo como “The Moment” y ahora rebautizada como “Mayhem” (caos total), Mayweather Sr. espera que su hijo actúe de acuerdo a la estrategia diseñada, o lo que es lo mismo, que haga lo que mejor sabe hacer dentro de un espacio de unos 20 pies cuadrados: golpear sin ser golpeado.

“Aquella (en la primera pelea) nunca habría sido mi estrategia con Floyd, jamás. La estrategia fue la incorrecta, fue una estrategia con la que yo no tuve nada que ver. Él lo decidió por sí sólo, yo nunca le hubiera pedido a mi hijo que pelease de esa manera”, apuntaba Mayweather Sr. en charla con fighthype.com . “Tienes (Floyd) la habilidad de hacer un montón de cosas diferentes. Puedes desplazarte en el ring, puedes danzar en el ring, puedes caminar y provocar al rival, pegarle… son muchas las cosas que puedes hacer; mover el cuerpo, la cabeza, rotar el hombro…”

A pesar de la insubordinación y los apuros de los primeros rounds, Floyd Sr. insiste en que no había necesidad de esta revancha pues la victoria fue claramente unánime para su hijo, quien además, merece una alta calificación por doblegar a su oponente siguiendo el estilo “sucio” del argentino. Y para corroborar que la diferencia entre uno y otro peleador es abismal, Mayweather Sr. asevera que este sábado en el MGM, “Maidana recibirá otra pateadura, sólo que esta vez, de una manera más glamurosa”.

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