Algieri 24112014 e01e1MACAO, China — Si alguien salió mal parado de la cartelera efectuada el fin de semana en esta deslumbrante urbe fue el estadounidense Chris Algieri (20-0-1, 8 KOs).

El hecho de su derrota ante el favorito filipino Manny Pacquiao (57-5-2, 38 KOs) es intrascendente. Como también lo es que la decisión haya sido unánime (120-112, 119-113 y 119-113).

Lo que coloca al italo-americano con el techo de vidrio es la actitud pasiva y pusilánime que asumió ante el asiático. Se limitó a correr para terminar en pie la pelea y apenas preocupó al diputado tagalo que se dio un banquete derribándolo en seis ocasiones.

Pero más allá de la apreciación de este redactor y los reclamos de las más de 13 mil personas que colmaron la hermosa Cotai Arena, ubicada en el Venetian Resort en Macao, Algieri debe preocuparse por las declaraciones de Bob Arum, mandamás de la promotora Top Rank.

“Es desilusionante lo que vimos hoy (domingo)”, dijo en medio de un enjambre de reporteros el septuagenario empresario, que ha detenido la progresión de más de uno de sus peleadores cuando éstos no cumplen con su patrón de gusto.

El cubano Guillermo Rigondeaux, doble titular olímpico (2000-04) y campeón unificado de peso supergallo en las versiones de la Organización y la Asociación Mundial de Boxeo (OMB y AMB), es el ejemplo más claro y cercano del porqué Algieri seguramente tendrá problemas para conciliar el sueño.

Y es que desaprovechó la oportunidad de oro. Luchar contra una leyenda, en un escenario al más fiel estilo de Hollywood, no se da todos los días. De hecho, por algunas similitudes, se le comparó con Rocky Balboa; hasta el mismísimo Sylvester Stallone, actor que sacó del ostracismo la historia y encarnó el personaje de Rocky, se dio un salto hasta Macao junto al no menos famoso histrión Arnold Schwarzenegger.

Todo fue un fiasco, debieron decir los veteranos actores.

Ante tanta expectativa, Algieri no tenía derecho al ridículo… pero eso hizo. Se justificó diciendo que la calidad de su rival había incidido en su manera de afrontar el combate.

Puede argüir lo que le plazca, pero subió al ring sabiéndose derrotado. Temió a Pacquiao y lo pagó. Tanto hablar en la previa para nada.

“No sentí que me bajara el poder o la fuerza”, explicó en uno de los momentos que los medios se le acercaron en busca de una razón lógica a su gris desempeño. “Hoy el peso no fue problema ni justificación. Veremos con mi equipo cuál es la mejor ruta a seguir en mi carrera”.

A propósito de caminos y destinos, Algieri tendrá que colocar un vela para ver si esa ruta conduce a buen puerto o simplemente va a un rincón sombrío. Las contundentes palabras de Arum lo alejan de los grandes combates, colocándole otra vez en busca de una oportunidad como la que desperdició ante el filipino Pacquiao. Repito, no por calidad boxística sino por actitud.

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