La bautizada por muchos como la Pelea del Siglo ya es historia, aunque no pasará a los archivos del pugilismo profesional con tal calificativo a juzgar por la falta de intensidad con que se resolvió la contienda. Tal vez el etiquetarla como el combate de los millones o, simplemente, la reyerta más lucrativa y publicitada de todos los tiempos, sería una manera de presentarla en grado superlativo sin hacer alusión a lo puramente deportivo.

Porque vista desde todas las aristas vinculadas a los beneficios financieros, la reyerta entre Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao, dirimida el 2 de mayo en el MGM Grand de Las Vegas, llenará de indecible felicidad los bolsillos de ambos protagonistas y las cuentas bancarias de todos aquellos implicados en la organización y difusión del show. Pero hablando de boxeo, prioridad que muchas veces queda en un segundo y hasta tercer plano, el supuesto duelazo de superdotados quedó en promesa incumplida, si bien vale señalar que su desenvolvimiento y desenlace ya se barajaban como posibles opciones.

Lo cierto es que durante aproximadamente una hora, millones de televidentes y cibernautas, tanto fanáticos vehementes, como aficionados esporádicos, simpatizantes del ejercicio físico o totales desconocedores del deporte de los puños, detuvieron sus miradas en las pantallas de sus telerreceptores o monitores para ser testigos del virtuosismo de Money y Pacman dentro de un mismo ensogado. Una vez conocida la votación unánime en favor del estadounidense y ofrecidas las primeras declaraciones postcontienda, los medios de comunicación de todo el mundo comenzaron a hacerse eco de lo consabido, de los cuentos entre bambalinas y de las especulaciones sobre el pasado, presente y futuro de uno y otro púgil.

En Asia, donde el boxeo se vive con muy marcadas diferencias en cuanto a la intensidad, el espectáculo que escenificó Las Vegas ocupó la mañana dominical de decenas de millones de personas en Japón, Tailandia, Kazajistán, Uzbekistán, Indonesia, Mongolia, Corea del Sur y China, por sólo mencionar algunas de las naciones de este continente con resultados (plausibles o discretos) en encordados internacionales.

Pero, obviamente, fue en Filipinas donde la inmensa mayoría de sus más de 100 millones de habitantes no le perdió ni pie ni pisada a las incidencias de la refriega entre su ídolo y el considerado como número uno del escalafón universal, libra por libra.

El pleno de victorias de Floyd en las boletas de los jueces dejó insatisfechos y hasta ofendidos a muchos compatriotas de Manny, quienes alegan que el arte de pegar y evitar los golpes del oponente sobre el encerado, es algo completamente diferente al correr despavorido durante 36 minutos. Las estadísticas ofrecidas por el ultraeficiente sistema computarizado que contabiliza los golpes de ambos peleadores, Compubox (la moderna bola de cristal de los estadísticos del pugilismo), no terminaron de convencer ni a los fervientes seguidores del congresista por Sarangani ni a un significativo número de periodistas y medios de prensa.

El rotativo Philippine Daily Inquirer, uno de los de mayor circulación en el país, resalta en sus páginas digitales la opinión de muchos seguidores de Pacman: Mayweather ganó a fuerza de agarres y huidas, “abrazó (a Manny) 265 veces y corrió 15 millas”. Según la edición dominical de esta publicación, muchos filipinos se sintieron frustrados a los largo de los 12 asaltos y atribuyeron el resultado adverso para su ídolo a una combinación de la inteligencia del norteño para salirse con la suya y la incapacidad de los tres jueces para elegir al verdadero triunfador. La mayor parte de los que cuestionados asegura no haber visto más de dos asaltos del choque en los que su favorito cayese de manera inobjetable.

El mismo diario también reseña las dificultades que enfrentó el Mejor Boxeador de la primera década del siglo XXI a lo largo de la contienda por una lesión en su hombro derecho que no se había hecho pública. “Pacquiao no quiere inventarse excusas a pesar del dolor en su hombro” –se titulaba el artículo.

Y parafraseando su contenido, relata que la primera reacción de Pacman fue como si hubiese sido despojado del triunfo ante Mayweather, pero, una vez vestido con camisa blanca de mangas largas, el ídolo tagalo reconoció que debía ver el vídeo de la pelea para poder ofrecer una opinión concluyente. No obstante, el texto subraya lo que pudo haber ocurrido en caso de que el campeón en ocho divisiones del pugilismo rentado se encontrase al 100 %, pues “en la conferencia de prensa, Pacquiao se vio obligado a admitir que le dolía su hombro derecho cuando lanzaba golpes y combinaciones.”

Por su parte, The Manila Times asegura que “la pelea no será recordada por muchos años”. “El combate fue ganado por Mayweather sobre la base del sistema de golpes conectados, pero de lo que posiblemente se hable en el futuro es de cuán por debajo de las expectativas quedó la reyerta, principalmente porque uno de los pugilistas parecía estar únicamente interesado en llevarse el triunfo y embolsarse un extraordinario salario. Sin duda, ese no fue Pacquiao”, enfatiza el artículo.

Más adelante añade: “Pacquiao intentó presionar en muchas ocasiones atacando, pero Mayweather, algunas –o muchas- veces, encontraba conveniente huir corriendo”.

“Cuando se quiere que una pelea genere polémica décadas después de efectuarse, los dos guerreros deben entrar al ring dispuestos a intercambiar puñetazos como si no hubiese un mañana, incluso si ambos ya han visto pasar sus mejores años. Sin discusión, (Marvelous Marvin) Hagler y (Sugar Ray) Leonard mostraron cómo hacerlo hace más de 25 años. Pero tal parece que Mayweather nunca pensó o quiso que el combate del domingo (hora de Asia) fuese un tema de debate en los años venideros. Eso no es bueno para el boxeo.” –concluye el trabajo en las cuartillas digitales de The Manila Times (la publicación en idioma inglés más antigua de Filipinas, fundada en 1898).

Entretanto, Manila Bulletin enfatizaba que “Mayweather iba solo por el dinero en su pelea con Pacquiao” y argumentaba que el único interés del boxeador estadounidense era conseguir su primer cheque con un número de 9 dígitos, además de conservar su invicto a toda costa.

Por último, The Daily Tribune comenzaba uno de sus trabajos con la confesión de Pacman al concluir el pleito: “Pensé que había ganado la pelea”, un criterio que tal vez ninguno de sus coterráneos rebatiría públicamente.

En general, los medios de comunicación (en inglés) de Filipinas coinciden en afirmar que el combate no ofreció el esperado espectáculo por culpa –única y exclusivamente- de Money y su deseo de salir airoso por la vía del menor riesgo.

Igualmente se continúan divulgando las felicitaciones que llegan desde todos los rincones de la nación a pesar del revés. Muchos miembros del gobierno, instituciones y personalidades del arte, la cultura y el deporte del país han enviado a Pacman mensajes de apoyo, incluido el vicepresidente, Jejomar Binay, quien resumió el sentir de un pueblo que idolatra a su boxeador: “la vida de Pacquiao es un motivo de inspiración para todo filipino que se enfrente a la adversidad”.