boxeo

Chicago.-Con un boxeo exquisito, lleno de virtuosismo, el cubano Erislandy Lara venció por unanimidad al dominicano Delvin Rodríguez, el 12 de junio, en el UIC Pavilion, de Chicago, donde retuvo el título súper welter de la Asociación Mundial (AMB).

Gracias a su rapidez de manos y piernas, desde el principio “El Sueño Americano” Lara (21-2-2, 12 KOs) se convirtió en dueño absoluto de las acciones, en tanto Rodríguez (28-4-0, 16 KOs) era incapaz de impedir que le llegaran los efectivos impactos de su oponente.

A poco del campanazo inicial, el nacido en la oriental provincia de Guantánamo combinó una derecha en swing con recto de zurda al rostro de Rodríguez, inferior en recursos técnicos y desplazamientos. En esa fracción y a través de todo el pleito se puso de manifiesto la superioridad del cubano, quien lanzó constantemente el jab, seguido por la izquierda y estuvo todo el tiempo en control de la reyerta.

Así transcurrieron los asaltos hasta que en el sexto, un potente recto salido de la mano izquierda de Lara a la cara, hizo caer de espaldas a Rodríguez. De inmediato, el árbitro Celestino Ruíz hizo la cuenta protectora. El sonido del gong salvó al quisqueyano de la debacle, pues sus piernas no le respondían.

Para el siguiente, Rodríguez salió muy animado, buscando cortarle los pasos a Lara, quien lejos de intentar rematar, se mantuvo ajustado a su plan táctico de pelear en la riposta, conectando combinaciones precisas, básicamente a los planos superiores de su rival.

A mediados del noveno round, Rodríguez dio varios pasos en retroceso y cayó a la lona después de un golpe no muy claro de Lara, pero el tercer hombre del ring no consideró ni el impacto ni la caída.

Durante los últimos asaltos y ante silbidos de desaprobación del público, hubo un poco más de ataque por parte de Lara, aunque tampoco se empleó a fondo para acabar por la vía rápida, dando muestras de que todavía perdura en su psiquis la etapa amateur, en la que el objetivo primordial es obtener la votación de los jueces y por ende la victoria sin mayores riesgos.

Los tres oficiales se inclinaron claramente por Lara con idénticas puntuaciones de 120-107, como evidencia de que el cubano ganó los 12 asaltos.

Desde el punto de vista técnico y táctico, Lara fue un artífice del boxeo “picando como abeja, volando como mariposa”. Ante su maestría, poco pudo hacer Rodríguez, porque realmente el ganador dio una clase de boxeo.

Pero los silbidos del público ratifican que el pugilismo vive momentos en que los púgiles están obligados a ofrecer morbo, ese atractivo que despierta lo desagradable proveniente de las golpizas, los encontronazos, la sangre y las heridas.

El respetable paga y disfruta por asistir a las llamadas “peleas callejeras”, sin importarle la exquisitez de una buena defensa, de los movimientos danzarios de torso y piernas evitando los golpes, en resumen de la esencia misma del Arte de Fistiana (pegar y que no te peguen).

Lara como su compatriota Guillermo “El Guillermo” Rigondeaux son los más fieles exponentes en el profesionalismo de la “escuela cubana”, caracterizada por un boxeo elegante, técnico, táctico, de mucha velocidad… pero carente de instinto demoledor para acabar con el adversario, más aún cuando el oponente ha sido “tocado” y está a punto de caer por la vía del cloroformo.

Esa elegancia de movimientos, ese estilo elusivo, que no incluye “matar o morir” sirve de excusa a los promotores para no enfrentarlos a los mejores, utilizando el argumento de que “no ofrecen espectáculo”.

Tanto Lara como Rigondeaux tienen los atributos personales para romper con ese estigma, arriesgando un poco más sin ceder en lo fundamental a la esencia de su magnífico arte boxístico. Pero también son responsables los entrenadores, porque no los preparan para las exigencias actuales.

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