DobermanLopez k11082015 3007bEn general, durante la trayectoria de un boxeador se desarrollan eventos que los marcan para siempre y por lo regular esto ocurre en más de una ocasión. Pero siempre existe un punto de inflexión en el que éstos no vuelven a ser los mismos y para bien o para mal el orden de sus carreras sufre una severa transición.

Esto probablemente pudo ocurrirle el pasado sábado en la Arena Coliseo de la Ciudad de México al peleador nuevoleonés Jairo “Doberman” López, quien se enfrentó al rival más complicado en su corta estancia dentro del pugilismo de paga, el ex contendiente al título mundial Dante “Crazy” Jardón.

El match entre Jairo López y Dante Jardón fue muy breve, apenas duró dos rounds, sucumbiendo el “Dóberman” por la vía del cloroformo.

López sorprendió a Jardón en el mismo segundo round de la reyerta, cuando lo derribó con una derecha corta al rostro, pero en el fragor de la batalla tuvo que pagar caro un error cuando entraba con su mano adelantada en forma de upper, ya que fue recibido con un gancho de izquierda justo en el mentón que lo dejó horizontal sobre la lona. El “Dóberman” se levantó, sin embargo, una vez que el réferi Laurentino Ramírez finalizó la cuenta de ocho, la cuenta de protección, se negó a seguir peleando.

Es posible que aun mostrando intenciones de permanecer en el combate, el árbitro no lo habría dejado continuar o que las acciones se hubieran reiniciado sólo para que el púgil de Nuevo León recibiera más castigo. Seguía tocado por el espeluznante impacto y en realidad son pocos los que logran recuperarse, así que tal vez su decisión no significó ninguna diferencia.

Atreverse a entrar en un ring para dar y recibir golpes es algo que sólo los valientes hacen, eso no está a discusión. Lo que es reprochable es su actitud ante la adversidad, el “Dóberman” López mostró poco corazón cuando las circunstancias estaban en su contra y es probable que ese acontecimiento lo haya marcado por el resto de su carrera en el pugilismo.

Aun es joven, sólo tiene 23 años de edad y cuatro años en este deporte. Y a pesar de ello viene ascendiendo en forma meteórica, acumulando victorias sobre gente de calibre en la escena nacional como Fermín de los Santos y el dos veces campeón del mundo Juan Carlos Salgado.

El 11 de mayo de 2013 en la Emirates Arena de Glasgow, Escocia, el Puertorriqueño José “Chelo” González se quedó sentado en el banquillo al inicio del décimo round de su batalla con el entonces campeón mundial ligero de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) el escocés Ricky Burns alegando una inexistente lesión en su muñeca izquierda.

González se encaminaba a una victoria, pues estaba arriba en las tarjetas de los tres jueces con calificaciones de 87-84 y virtualmente sólo necesitaba ganar un round para adjudicarse el fajín del mundo. Pero se negó a seguir combatiendo y convirtió su momento glorioso en uno de los más vergonzosos de su carrera.

Digo de los más vergonzosos porque la lesión que tuvo esa noche en el corazón no fue la única. Dos años después en Estados Unidos repitió la misma actitud derrotista, al permanecer en la lona argumentando no poder recuperarse de un supuesto golpe bajo que le propinó el mexicoamericano Diego Magdaleno, cuando en realidad fue en la boca del estómago.

Si la crítica se lo devoró con su primera acción de cobardía, lo destruyó en la segunda cuando fue declarado nuevamente perdedor por nocaut técnico. Y volvemos a ese punto de inflexión en donde la carrera de un púgil queda marcada para siempre. La transición de “Chelo” tuvo lugar en 2013 en Escocia y la del “Dóberman” pudo ocurrir el sábado pasado.

Hay quienes tienen el suficiente carácter como para revertir ese tipo de estados mentales, tal es el caso de Víctor “VIcious” Ortíz, quien el 27 de junio de 2009 dio la espalda en el sexto round de su pleito con el argentino Marcos Maidana y al ser cuestionado por su falta de agallas amenazó con dejar para siempre el boxeo.

Un par de años después Ortiz salió de esa maraña mental, se convirtió en campeón de mundo en una pelea memorable contra Andre Berto y posteriormente se enfrentó con el mejor boxeador de esta era, Floyd “Money” Mayweather Jr.

¿Podrá Jairo López cambiar su suerte y emular a Víctor Ortiz o se convertirá en un “Chelo” González más del boxeo profesional? Sólo el tiempo lo dirá.

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