La noticia de que el grupo MGM Resorts Internacional habría ofrecido $ 12 millones de dólares como cuota de asignación para que la pelea que el puertorriqueño Miguel “Junito” Cotto y el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez sostendrán el 21 de noviembre tuviera lugar en Centro de Eventos del Hotel y Casino Mandalay Bay de Las Vegas, Nevada, causó un gran impacto en la comunidad boxística por el alto precio que se está dispuesto a pagar por una cartelera de boxeo.

No debería de sorprender el costo excesivo que algunos grupos empresariales desembolsan por llevar grandes espectáculos a sus propiedades, ya que los mismos están respaldados por planes de negocios en los que se proyectan ganancias muy superiores a los montos pagados.

En el boxeo, un choque competitivo entre dos súper estrellas genera dinero a raudales por el fenómeno del Pague-Por-Ver (PPV) y otros conceptos como derechos de transmisión internacional, patrocinios, circuito cerrado, mercancías, taquilla y por qué no decir, la cantidad de dinero que dejan en hoteles y casinos los aficionados y apostadores que hacen el viaje a las sedes.

Luce muy complicado que una ciudad donde no existan casinos pueda competir con una plaza como Las Vegas, donde corporaciones y cadenas hoteleras se pueden dar el lujo de comprar programas boxísticos a costos muy elevados porque la derrama económica que fluctúa la semana de los eventos justifica cualquier precio. Y porque las políticas económicas del Estado de Nevada contemplan algunas exenciones de impuestos.

En febrero de 1988, cuando Atlantic City, Nueva Jersey, contendía palmo a palmo con plazas del Estado de Nevada, se realizó una importante transacción previo al cotejo entre “Iron” Mike Tyson y Michael Spinks. El magnate hotelero y hoy candidato a la presidencia de Estados Unidos Donald Trump pagó la cifra record de $ 11 millones de dólares para que se efectuara en el histórico Boardwalk Hall.

Trump, quien había llevado a Atlantic City el combate que Mike Tyson sostuvo el 22 de enero en contra de Larry Holmes, reveló que durante la semana de ese pleito sólo con las ganancias de las máquinas tragamonedas generaron en sus propiedades $ 8.5 millones de dólares.

Para el Tyson vs. Spinks, que se celebró el 27 de junio de ese mismo año, lo que se embolsó por concepto de taquilla superó por $ 1 millón el coste de los derechos de la pelea. Ahora piense usted en todo el dinero que la gente pudo haber gastado la semana del enfrentamiento. Seguro la cifra fue escandalosa.

Pero la imbatibilidad de Tyson que obligó a su promotor a pagar una suma millonaria a Larry Holmes para que descolgara los guantes y a cerrarle las salidas a Michael Spinks, el único pugilista que se creía podía vencerlo, sufrió un serio menoscabo cuando el “Niño Dinamita” noqueó a éste último en 91 segundos.

Al despachar tan fácil a su adversario de mayor nivel, acabó automáticamente con la competitividad en la división de peso completo. Fue como si en un abrir y cerrar de ojos Mike Tyson hubiera ascendido a otra liga y el resto de los pesados descendido a una tercera división.

¿Usted pagaría por ver un combate del que de antemano sabe el resultado y que presumiblemente durará escasos segundos? Yo no.

El éxito que se augura para el Cotto vs. Canelo obedece en gran medida a que el “match” luce muy competitivo y aunque existe un favorito, las posibilidades de uno y otro son muy cercanas.

Al noquear a Michael Spinks en 91 segundos, Mike Tyson eliminó cualquier sensación de competitividad en los heavyweights.

En sus siguientes apariciones en el ring ante Frank Bruno y Carl Williams, el Hilton Center de Las Vegas y la Trump Plaza de Nueva Jersey presentaron números rojos. Los altos costos de asignación de los combates de Tyson dejaron de ser justificables.

¿Cómo fue que el pugilista más excitante del momento dejó de ser atractivo? La respuesta está en la competitividad. ¿Si eliminas eso de la ecuación qué te queda?

El 25 de julio del presente año la peleadora de Artes Marciales Mixtas (AMM) Meisha “Cupcake” Tate ganó un pleito eliminatorio por el título gallo del circuito UFC que actualmente ostenta “Rowdy” Ronda Rousey. Una semana después la campeona acabó en apenas 34 segundos con su retadora en turno Bethe Correia.

El nocaut sobre Correia no es ni de broma la victoria más rápida de Rousey. En su registro aparecen otros cuatro triunfos, siendo el de menor tiempo uno de 14 segundos sobre la entonces contendiente número uno Cat Zingano.

Ronda Rousey destruye tan rápido a sus rivales que hoy en día es reconocida como la peleadora más dominante en cualquier disciplina o deporte de contacto y justamente se le compara con el Mike Tyson de finales de los 80’s.

Su sello característico es la llave de brazo, con la que ha logrado someter a nueve de sus doce víctimas. Y el aura de imbatibilidad que proyecta hacia el espectador obliga a su promotor Dana White a emprender constantemente campañas mediáticas para que el interés en ella persista. Pues su nivel es tan elevado que no hay retadora que pueda siquiera ponerla en apuros.

Ahora volvamos a la retadora mandatoria al título que es Meisha Tate. Después de la campeona, ella es la luchadora de mayor rango que en estos momentos milita en la división de peso gallo y si Rousey no existiera seguramente Tate tuviera el cinturón.

El problema es que “Cupcake” ya fue derrotada dos veces por Roda y un tercer enfrentamiento sería repetitivo.

En un principio se especuló que insertarían el Rousey vs. Tate III como evento semifinal de la cartelera UFC 194 que el 12 de diciembre estelarizarán en la MGM Grand Arena de Las Vegas, los campeones pluma José Aldo y Conor McGregor, pero la pelea se vino abajo cuando se dio a conocer que quienes ocuparían ese lugar serían el monarca de peso medio Chris Weidman y su retador Luke Rockhold.

Es obvio que en el “Business Plan” que los directivos del circuito elaboraron para el UFC 194 el tercer choque entre Rousey y Tate no encajaba y tuvieron que crear otro “storyline” que generara el interés en ver combatir nuevamente a la campeona de peso gallo.

Contra Correia la historia que se explotó fueron las palizas que ésta les propinó a las compañeras de gimnasio de Ronda Rousey y la venganza se materializó en un lugar en donde Bethe era un rostro familiar, en Brasil.

Al finalizar la lucha, más de una persona se sintió estafada porque era la estelar de una cartelera que se distribuyó en Estados Unidos a través del sistema PPV con un costo de $ 59.99 dólares y sólo duró 34 segundos.

Contra Meisha Tate no hay “storyline” que justifique $ 59.99 dólares, por eso pienso que determinaron no comercializar la pelea como cabeza de cartel.

Pero el viernes Ronda Rousey sorprendió al universo de las AMM al anunciar que su próxima oponente será la ex campeona de boxeo Holly “The Preacher's Daughter” Holm y que ambas cargarán en sus hombros con el evento UFC 195, a celebrarse el 2 de enero de 2016 en la MGM Grand Arena de Las Vegas.

En estos momentos se vive un ángulo entre Ronda Rousey y el boxeador Foyd Mayweather Jr. que cada vez se viraliza más y que incluso ha llevado a algunos incautos a creer que ella podría vencerlo en un enfrentamiento con reglas de cualquiera de los dos deportes. Y Holm convierte la mezcla en algo distinto, al plantear la posibilidad de poner frente a frente en el octágono a campeonas de los dos deportes.

La combinación fue muy mal recibida por la prensa especializada y por muchos fanáticos que a través de las redes sociales están reclamando al UFC el intento de hacer pasar un desajuste como pelea competitiva. Ya que la ex boxeadora aún no reúne los suficientes pergaminos como para merecer discutir el cinturón de peso gallo y obviamente la están utilizando para que funja como la víctima en turno.

La Imbatibilidad de un peleador siempre es difícil de vender, sobre todo cuando él mismo con sus presentaciones se encarga de volver poco creíbles a sus adversarios.