KazutoIoka k25092015 5af48El pugilismo profesional de Japón atraviesa por un buen momento, con 9 campeones mundiales entre la división de peso mínimo (105 libras) y la superpluma (130 libras). A los Takashi, Uchiyama y Miura, que reinan en una organización per cápita de las 130 libras, se suma el invicto Shinsuke Yamanaka, reconocido como el soberano absoluto de las 118; Kohei Kono y el talentoso Naoya “Monster” Inoue, que comparten una fracción de la gloria que se reparte en las 115; Kazuto Ioka, en las 112; Ryoichi Tagushi, en las 108; y, en las 105, el explosivo Katsunari Takayama, además del niño prodigio Kosei Tanaka (otro que al igual que Naoya y su hermano, Takuma Inoue, anda apresurado saltándose etapas en su carrera).

Esa lista se podría ampliar, de un momento a otro, con los nombres de algunos jóvenes que llegan con opciones reales de ceñirse un cinturón de relevancia y aquellos ya establecidos, como el trío de Kamedas (Koki, Daiki y Tomoki, por ese orden), que actualmente no figuran entre la multitud de monarcas avalados por el Consejo, la Organización y la Asociación Mundial de Boxeo (CMB, OMB y AMB), además de la Federación Internacional (FIB), en las 17 divisiones existentes en la versión rentada del deporte de los puños.

Kazuto Ioka, miembro del “Club de los 9”, es actualmente uno de los principales baluartes de la escuela nipona dentro de los ensogados. Con solo 26 años, cumplidos el pasado 24 de marzo, el vigente campeón mundial regular de la AMB en la candente división mosca (112 libras), ostenta –desde su debut en 2009 hasta la fecha– un palmarés difícil de amasar en únicamente 18 contiendas profesionales.

Kazuto es, después de Koki Kameda, el segundo boxeador de la historia, nacido en la Tierra del Sol Naciente, que ha conseguido reinar en tres divisiones; una hazaña que se convirtió en el sueño frustrado de su ilustre tío Hiroki Ioka, en la década del 90 del pasado siglo; y también inalcanzable para el legendario Masahiko “Fighting” Harada, cuando se asomaba al retiro, a finales de los 60 (Koki aspira a convertirse, el próximo 16 de octubre, en el primer tetracampeón japonés).

Pero, seguramente, quienes siguen con regularidad el Arte de Fistiana en tiempos modernos podrán aseverar que aún los guantes de Fighting Harada y los del tío Hiroki le quedan muy grandes a Kazuto, considerando que su actual cetro se apellida “regular”, que el verdadero (súper) campeón de la AMB (y de la OMB) es el mexicano Juan Francisco “Gallo” Estrada y que el hombre a derrotar en la división –sin discusión– no es otro que el número uno del escalafón libra por libra, el nicaragüense Román “Chocolatito” González (dueño del título mosca por el CMB).

En defensa de Kazuto Ioka, vale decir que él no inventó las reglas que imperan en el pugilismo en los albores del siglo XXI, ni la decena de organizaciones que cohabitan el globo terráqueo ni el montón de títulos que adornan la cintura de otros tantos campeones súper, regulares, interinos, honoríficos, de plata y bronce, continentales, virtuales y de juguete. Ioka –eso sí– ha sabido aprovechar las oportunidades que le han puesto en la mesa casi al 100% y de eso, más allá de merecerlas o no, a nadie se puede culpar.

En febrero de 2011, tan solo en su séptima reyerta en las filas rentadas, conquistó el primero de sus tronos del planeta, en el peso mínimo y con el respaldo del CMB. Cinco rounds y su devastadora mano zurda fueron suficientes para que Ioka desbancara al tailandés Oleydong Sithsamerchai, en poder del fajín por casi un cuatrienio. Su victoria por nocaut técnico en el World Memorial Hall de la ciudad de Kobe, lo convirtió en el boxeador japonés que alcanzaba un título del orbe en el menor número (7) de salidas al ring, un récord que Monster Inoue batiría (6) en abril de 2014 y Kosei Tanaka (5), en mayo de este almanaque.

La demolición a expensas de Sithsamerchai lo lanzó al estrellato deportivo en el territorio nacional y, tras dos defensas exitosas, Kazuto solidificó su estatus, en junio de 2012, con la unificación de su primado mosca del CMB con el de la AMB, que poseía su compatriota Akira Yaegashi.

Pensando que ya nada tenía que probar en la categoría mínima, saltó en la báscula hasta las 108 libras y recibió el privilegio de batirse con el mexicano José Alfredo “Torito” Rodríguez por el vacante cinturón mosca júnior de la AMB. El ídolo de Sakai puso al sinaloense por tercera y definitiva vez en la lona en el sexto asalto y se adueñó de un título que revalidaría en un trío de ocasiones en 2013.

Su estreno en 2014 supuso también el debut en una división que, en lo concerniente a la calidad de los boxeadores que en ella contienden (la crème de la crème), es directamente proporcional al desinterés que provoca entre los medios de comunicación y –como consecuencia– entre los aficionados esporádicos.

La categoría de las 112 libras del pugilismo rentado vive por estos días un momento de innegable esplendor y solo queda suspirar de alivio, porque, al menos, Chocolatito González ya ha conseguido algo de atención mediática (a gran escala) cortesía de HBO.

Ioka llegó al peso mosca sin muchos preámbulos, desafiando al propietario del fajín de la FIB, el tailandés Amnat Ruenroeng, en un intento por hacerse del añorado tricampeonato. Pero en su Osaka natal, el ídolo local se dejó enredar en el estilo de pelea poco ortodoxo del visitante y el resultado fue una cerrada –pero merecida– decisión dividida para el de Tailandia.

Tras el primer descalabro en su hoja de servicios, a manos de Ruenroeng, Kazuto eslabonó par de éxitos ante dos latinoamericanos poco renombrados (el colombiano Pablo Carrillo y el venezolano Jean Piero Pérez) y, otra vez afortunado, gracias a las influencias de su apoderado, se sacó un nuevo premio gordo: el 22 de abril de este calendario, retó al argentino Juan Carlos “Cotón” Reveco por la faja (regular) de las 112 libras de la AMB.

El choque concluyó con un clásico fallo mayoritario (115-113, 116-113, 114-114), de los que dejan al derrotado reclamando a más no poder el triunfo del que fue –presuntamente– despojado y al vencido festejando aliviado, porque sabe que la mano que tocaba alzar podía ser la de cualquiera (ver aquí, en Zona de Boxeo: Ioka hace historia en su patio y Reveco se marcha inconforme).

Sin haber probado todavía que pertenece a la élite de esta categoría, Kazuto (17-1, 10 KO) defenderá por primera ocasión este domingo, 27 de septiembre, en su entrañable Osaka, el cetro (regular, valga la redundancia) que arrebatara a Reveco y que el mendocino espera recuperar más temprano que tarde.

Otro representante de la bandera albiceleste, Roberto Domingo Sosa (26-2-1, 14 KO), escalará a la esquina opuesta del nipón. Pero muy pocos le otorgan opciones de victoria a este cordobés, porque se trata de una defensa opcional del japonés; en otras palabras, una elección de rival para hacer la cruz en el casillero de nocauts e ir por un compromiso que sí es obligatorio, la revancha con Reveco.

Sosa, de 30 años, exhibe como carta de presentación sus 24 victorias en línea desde que debutó como profesional, incluido un veredicto unánime, en septiembre de 2012, a expensas del sudafricano Zolani Tete, en un pleito eliminatorio para aspirar al fajín de la FIB. Para su desgracia, de entonces a la fecha ha archivado un récord mediocre (2-2-1) en los cuadriláteros, marcado por las derrotas ante el mexicano Juan Carlos Sánches Jr., por el vacante trono supermosca de la FIB, y frente al desconocido dominicano Diego Luis Pichardo, en noviembre de 2014.

Con certeza, Ioka y su séquito sopesaron meticulosamente todas las variables en juego, antes de inclinarse por el oriundo de la provincia de Córdoba. El pasado más reciente de Roberto les dio suficientes motivos para elegirlo: un éxito ante el también argentino Carlos Rubén Darío Ruiz, el pasado mes de abril; un magro empate con otro compatriota, Javier Nicolás Chacón, en julio.

Conclusión: Domingo Sosa viene pintado para un domingo de gloria.

Pero como de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, el japonés deberá afrontar esta victoria de puro trámite con la mayor seriedad posible. Un desliz de novillero supondrá la cornada fatal que dé la razón a los que creen que Ioka no ha sido más que un boxeador suertudo. Puede que el nipón tenga muy claro, en su rol de matador, el guion a seguir en la corrida; pero quién le asegura que Sosa accedió a interpretar, antes de salir de Argentina, el papel de toro dócil, listo para entregarse al estoque de muerte.

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